Es un irundarra de toda la vida que sabe disfrutar de la idem. Nació hace 67 años en Mendibil. Empezó a trabajar con 14 porque tocaba, que había muchos hermanos en casa y él era el mayor. Ángel Borobia Laca está casado con Mariángeles Alonso y es el aita de Igor y Ángel. Éste último le ha dado su única nieta en la persona de Jone, que es catalana de pro. Ángel estudió Bachiller en la Salle-San Marcial y se dedicó a una serie de trabajos hasta que fichó por la agencia aduanera Tradesa. Tras la 'crisis de la muga', cerró su actividad laboral en Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), donde se jubiló tras trabajar para Servicios de Txingudi en el departamento de recogida de residuos. Como deportista, destacó en baloncesto y como organizador de torneos futboleros (El Pinar). Sabe ocupar muy bien su ocio, aunque nunca debe dejar de andar (prescripción facultativa) una hora al día. La lectura y el cine le privan. Sigue con su gimnasia de mantenimiento y también pinta en el Hogar del Jubilado de Luis Mariano. Es una persona seria y discreta, pero en el 'cuerpo a cuerpo' resulta se muestra superagradable.
-¿Ángel de toda la vida, no?
-Así es. Nunca nadie me ha puesto un mote, que yo sepa.
-¿Y de Irun de siempre?
-Y de Mendibil. Nací y me crié en la casa que está frente a la actual residencia de ancianos. Coincidimos en la casa de los Campo Hiriart, los Altuna y los García Arenzana. Por el otro lado de la calle, con los Ponte, Telletxea y los Vallet. Tengo unos recuerdos maravillosos de aquella niñez. ¡Qué hogueras de San Juan solíamos montar...!
-(...)
-Es que era un Irun tan diferente. No había coches, la calle era nuestra, todo estaba tranquilo, jugábamos a lo que queríamos porque todo estaba a mano.
-Harías buenos amiguetes, ¿no?
-Sí, unos cuantos pero mi mejor amigo fue Patxi Campo, que se casó con Contxi Agirre. ¡Qué pareja tan maja y qué pena que Patxi se nos fuera tan pronto!
-Y luego, al 'cole'...
-Allí también hice buenos colegas. Entre otros, Carlos Urraca o Pepito Amantegi.
-Te tocó empezar a currar como bastante pronto.
-Pues sí, con catorce años y con el protésico dental que era Agustín Anduaga, en Cipriano Larrañaga. Yo era el mayor de siete hermanos y mi padre, Constancio, me dijo que había que echar una mano en casa. Luego llegó la 'mili'.
-En Irun, ¿no?
-Sí, fuí de voluntario y estuve 20 meses en Ventas, donde también me lo pasé muy bien. Y después, a la agencia.
-¿A Tradesa?
-Estuve allí treinta años, en la calle Aduana. Primero en una pequeña oficina encima del 'Amaia'; y después, en el edificio de los Iturria.
-Buenos tiempos y buenos contrabandos...
-De contrabando, nada, que nosotros siempre trabajábamos dentro de la legalidad. Exportábamos las lentejas que importábamos. También, trigo y quesos. Vamos, de todo. Me acuerdo de las largas esperas que hacíamos a la hora de cerrar los despachos. Vamos, que te ibas a almorzar, volvías y seguías haciendo cola. Eso sirvió para hacer muchas amistades, esas que te hacían la vez y que se guardan para siempre. También, con mis compañeros Jaime Lizaso y Juan León Gaztañazpi, además del apoderado y jefe Miguel Alzaga, el padre de Antxon.
-Pasemos al deporte, que yo te conocí como baloncestista de pro.
-Me 'bauticé' con 18 años, a una edad igual tardía, pero es que entonces no había baloncesto en Irun. Mi amigo José Manuel Salas Mendia me dijo que me apuntara y así fue. Me ayudaron mis 183 centímetros de altura. En La Salle-San Marcial éramos como el equipo del pueblo. Allí estábamos Tito Eceizabarrena, Ignacio Querejeta (el padre de Aitor, alcalde hondarribiarra), Javier Fábregas, Floro Diéguez o Elisardo Ramos y Carlos Bandrés. Luego hubo una segunda época, con Martín y Juan Mari Sánchez, Felipe Lopetegi, Pedro Palomo, Juanmi Iraeta, Lino Zapiain, José Mari Irizar o el difunto Gabriel Lekuona. En tiempos coincidí con el ex-alcalde Xabier Txapartegi y también jugué en el equipo del Batallón CCC, que creó el entonces capitán Zabala (Gerardo), con Miguel Casas. Tuve como entrenadores a Alberto Martínez, Luisito García y Miguel Ángel Cía.
-¡Qué tiempos, qué viajes...!
-Mira, éramos ocho de equipo, entrenador y delegado. Cuando íbamos a Bilbao, viajábamos en dos coches. En el que iba yo, cinco elementos de tamaño, que nos movíamos en un 'Simca 1.000'. Vamos, que el coche no subía el Alto de Itziar. Y para ir a Santander, empleábamos un día. Tardábamos siete horas desde que salíamos de 'La Canasta'. O sea, un día entero, para un viaje y partido que ahora te los ventilas en seis horas.
-¿Tiene futuro el baloncesto en Irun?
-Poquito. Al margen de las chicas del Hondarribia-Irun, hay pocos equipos. Además, Lagun Aro atrae mucho y a muchos irundarras.
-Luego, terminas en el fútbol.
-Sí, con el campeonato de alevines e infantiles en El Pinar. El Ayuntamiento tenía previsto hacer algo en la zona 'verde' y nosotros montamos el campeonato con un campo de 40x30. Desde el 73 hasta el 92. Nos hicimos con el uso de la zona y con el deporte para los chavales. Al principio me ayudó mucho Álex Álvarez, como árbitro. Yo también arbitré, pero me di cuenta de lo malo que era cuando pité una mano como falta indirecta. También estuve en la Guipuzcoana de Fútbol, que me impuso la medalla de oro al Mérito Deportivo.
-Te suelo ver poteando por San Miguel.
-Sí, pero no soy poteador nato. Sólo de fin de semana y de dos vinos. A mí lo que me gusta es alternar y estar con los amigos, charlar y discutir. Eso sí, pienso que el poteo está más que de capa caída. ¿No crees?
-También te gusta viajar...
-Me encanta. Guardo gran recuerdo de cuando el Papa ordenó a mi hermano Jon. He visto medio mundo pero me gustaría ver el otro medio, pero Mariángeles se está acomodando. A ver si le engaño y nos vamos para Turquía...