- Lujo, ¿no?
- ¿Estar en Donosti? Total.
-Hospedados en la calle San Martín, frente al Molly Malone, tercera línea de playa.
- Eso ha sido brutal. Desde la ventana veíamos un piso en venta.
- Ah, sí. El de encima de la farmacia y el Dylan.
- ¡240 metros cuadrados y en esa zona! Nos preguntábamos cuánto podría costar.
- Si lo supierais sentiríais vértigo, fijo. Más os vale quedaros con la sensación de estar en casa... pero sin pagar hipoteca.
- Esa sensación de la que hablas es muy curiosa y muy real. Al poco tiempo de estar en San Sebastián te crees como en tu casa, en tu lugar. A veces incluso llegas a buscar la llave del portal en el bolsillo porque lo sientes muy de verdad. Y te juramos que eso no pasa en todos los lugares. Otras ciudades son absolutamente refractarias.
- 'Ciudades refractarias'... suena a título de ciencia ficción.
- Pero la sensación no es de ficción sino muy de piel. Puede que sean sitios bellísimos, monumentales, pero también ásperos. No te acogen, no te protegen. Y Donostia sí lo hace. Además está ese río que entra hasta el mismo centro. Y el mar.
- No os paséis, vosotros también tenéis mar en Barcelona.
- Cierto, y a partir del 92 hemos recuperado nuestra relación con él porque antes vivíamos de espaldas. Sin embargo aún seguimos teniendo que &lsquoir al mat&rsquo para verlo. Vosotros lo tenéis ahí mismo. Chocáis con él. Si andáis ajetreados levantáis la cabeza de lo que estéis haciendo y lo respiráis. Tremendo.
- Dejemos los piropos, ¿hablamos de cine? ¿Os machacaron mucho en el Principal?
- No demasiado. Y mira que teníamos miedo. Nos habían advertido de lo que pasaba en el teatro pero hasta que no lo vimos en vivo y en directo durante la proyección del largometraje 'Secuestrados' no supimos lo que era realmente. Se trata de un festival interactivo en el que el público interviene en la película y elabora sus propias perfomances. Seguro que da más miedo soltar una gracieta en voz alta y que nadie te la ría que se carguen tu película. Aparte de que nos dio la impresión que los espectadores son más amables (entre comillas) con los cortometrajistas que con quien presenta un largometraje. A por ese van a degüello.
- ¿ Y eso de que cada festival tiene su código? ¿De qué? ¿De conducta?
- Más o menos. De conducta o de divertimiento. En el de animación de Annecy les da por lanzar avioncitos de papel en el patio de butacas. Existen verdaderos desafíos para lograr alcanzar el escenario con uno de ellos. En el antiguo Sitges, cuando las sesiones se hacían en el cine El Retito, era tradicional el siseo cada vez que alguien se le caía el aparato de traducción simultánea. Pero repetimos: lo de Donosti es total. No estábamos preparados para ello. Tenemos oído, eso sí, que en Estados Unidos, en estrenos potentísimos como 'Terminator' el público se comporta tal como en el Principal donde, seguimos repitiendo, hay más artistas en las butacas que muchas veces en la pantalla.
- El placer máximo de un cineasta que acude a la Semana sería....
- Que el público reaccione como tú quieres que reaccione en el momento en que tú lo habías preparado así.
- ¿Sucedió con 'Gear School'?
- Casi, pero hemos hecho un producto muy blanco y enseguida nos dimos cuenta de que nos podrían haber masacrado. Cierto que podríamos haber comentado que aunque parezca una historia a lo 'Mazinger Z' habla de chavales que se preparan para la guerra, para morir...
- No sé si el respetable se dio cuenta de eso. Lo que más os chillaron es que se sentían como en el cole de Harry Potter.
- Y lo decían con toda razón. Tú entregas a la gente un producto terminado, no puedes decirle lo que te hubiese gustado hacer con más tiempo o más dinero.
- ¿O más efectos digitales?
- Nos agrada tener el ordenador como herramienta. Estamos en proceso de aprendizaje. Pero nos interesa hacer crecer los planos con él. Los planos y la música.

