Tensión marroquí

La transmisión de una noticia falsa por parte de la agencia oficial marroquí, dando cuenta de que la Guardia Civil habría matado a tiros a un adolescente musulmán en los disturbios acaecidos en Melilla, y la retención de un grupo de ocho activistas canarios en el barco que les había llevado hasta El Aaiún parecen formar parte de la tensión permanente con la que las autoridades de Rabat tratan de condicionar a España. La sistemática negación de la españolidad de Ceuta y Melilla se situaría así en paralelo al rechazo marroquí a cualquier manifestación de solidaridad con el pueblo saharaui protagonizada por españoles. Es cierto que la conflictividad que emerge en ambos asuntos, junto a la que se deriva de la permisividad migratoria hacia España, se sobrepone a menudo a la existencia de lazos económicos y compromisos estratégicos que están dando sus frutos. Pero estos no se resentirían en exceso si el Gobierno español optase por una actitud más exigente y de mutuo respeto hacia el régimen alauita. Aunque ello invitase a advertir sobre la obstinación de aquellos ciudadanos españoles que insisten en trasladarse con su legítima reivindicación de los derechos saharauis a un territorio sobre el que Marruecos extiende su soberanía.

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