Finiquito para Llongueras en su propia empresa

Esther, hija del primer matrimonio de Luis Llongueras, se ha levantado en armas y ha puesto de patitas en la calle a su padre mediante un burofax en el que le comunica su despido con efectos a partir de la próxima semana, con una indemización de 6.258,63 euros y un finiquito de 888,07 euros. Resulta que, a juicio de la criatura, la mano que le ha dado de comer desde 1987 -cuando el estilista puso las acciones de su imperio a nombre de varios familiares- ha dejado de realizar unas tareas «satisfactorias». De nada sirve que la marca Llongueras brille en letras de neón en París, Tokio, Ginebra, Buenos Aires o Milán. Ni tampoco que se haya consagrado como uno de los tres grandes peluqueros del mundo junto con Jean Louis David y Vidal Sasoon. No. «Las tareas que usted realiza no lo son a satisfacción de esta empresa, ni ostenta actualmente ningún poder notarial para ejercerlas». Y en consecuencia, añade la díscola hija en el sorprendente finiquito, «su actitud es sancionable con el despido que se le insta». Pues eso. A Llongueras le han sacado los ojos por, según sus propias palabras, «intentar ser un buen padre», se lamentaba el estilista que, además de conseguir que Dalí se pusiera rulos, logró que la Reina se apuntara al «brushing». «Al formar la sociedad PEYMA -explicó- se pusieron las acciones a nombre de varios familiares y lo que ha sucedido es que ahora, contando las acciones de mi ex mujer y de mis dos hijos mayores, suman más del cincuenta por ciento y pueden decidir sin mi consentimiento». Claro que al peluquero se le olvidaba decir que había revocado unos días antes de sus cargos de apoderados en ISUC, la sociedad cabecera, a su ex mujer, Dolores Poveda, y a su hija mayor, Esther.

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