Segi Hiru es el nombre de una empresa que nació en San Sebastián por medio de dos padres de familia en cuyos hogares se presentaron sendos casos de hijos a los que les afectaba una enfermedad mental.
Ramón Beltza, padre de uno de ellos, acudía a Agifes con su hijo y los hijos de otras familias y sus padres para recibir información para aprender a vivir con la enfermedad.
Sin embargo, estos dos padres creían que los chavales necesitaban un poco más de actividad ya que sus jornadas se limitaban a pasar las horas tumbados en el sofá y sin ningún tipo de motivación por nada. «Le dábamos vueltas al asunto y creíamos que había que buscarles una actividad laboral para que se cansasen, porque entre otros motivos su estado físico iba a suponer mejorar la convivencia familiar en el hogar», explica Ramón Beltza.
Un día en una sociedad gastronómica escuchan a los de la mesa de al lado una conversación en torno al problema que generaban las baterías ya agotadas de los vehículos. Y esa conversación fue la chispa que dio origen a la empresa Segi Hiru. Los dos activos padres crean una sociedad. Primero tienen que registrar el nombre y solicitan el de Segi bat. «Lo de 'segi' es por la búsqueda de lo que queremos», puntualiza Ramón Beltza. Pero los nombres de Segi bat, y Segi bi, ya están registrados y les queda la opción de Segi Hiru, que es la que cogen.
Seguidamente presentan la documentación para poder realizar la gestión de residuos peligros en los polígonos industriales y al poco tiempo reciben el permiso del Gobierno Vasco. Y sin perder tiempo ponen a sus hijos y al hijo de un conocido a trabajar y a cobrar un sueldo por su labor. Los tres chavales afectados por enfermedad mental iniciaban por primera vez una actividad laboral y a la vez remunerada. Su cometido era acudir junto a un monitor de taller en taller de vehículos a retirar las baterías viejas para su posterior precintado en el taller de Segi Hiru. Al principio el salario se lo pagaban los padres de su bolsillo porque el trabajo debía implicar una remuneración económica y en ese momento la empresa todavía no tenía capital.
«Este paso supuso una mejoría tanto para los chavales como para los padres. Ellos se cansaban y un cuerpo cansado alivia mucho la mente. De esta forma se convive mejor con ellos, a la vez que les desaparecen las alucinaciones. Hasta entonces los chavales no querían salir de casa porque tenían presente los largos periodos de internamiento en centros especializados, pero ahora era distinto para ellos», indica Beltza.
Con el paso del tiempo consiguen tener en cartera a la mayoría de los talleres de Gipuzkoa y Alava, y tienen como clientes a las fábricas de Michelin en España y Portugal para el tema de las baterías viejas. La empresa empieza a ir bien con esta actividad y a partir de entonces los salarios que cobran son sueldos reales y no del bolsillo de sus padres. A la par, la empresa consiguen del Gobierno Vasco la gestión autorizada para la destrucción de documentos.
Nueva actividad
Se muere el suegro de Ramón Beltza y las cenizas se entregan a la familia en una urna «horrible y fea». Y este episodio es motivo para que Ramón Beltza comience a investigar en torno a los materiales y diseños de urnas, con la idea de encontrar un material biodegradable y más estético visualmente. Pide asesoramiento al director de Polloe, Juan José Martínez, que les orienta en cuento a las necesidades, medidas y sobre la legislación al respecto.
Tras muchas averiguaciones dan con un modelo biodegradable y con un diseño copiado de las antiguas urnas empleadas con los romanos y así comienzan en Segi Hiru la fabricación de urnas, lo que implica que entren a trabajar más chavales afectados por algún tipo de enfermedad mental. En la actualidad fabrican 80 urnas al día y todas ellas tienen salida comercial. Incluso Beltza presume de que se llevaron a Hong Kong urnas de Segi Hiru con la intención de recibir pedidos.
Limpieza de tumbas
Y tras esta relación establecida con Polloe con motivo de las urnas surge otra actividad. Segi Hiru propone al cementerio la realización de un servicio de limpieza de tumbas que llevarían a cabo los chavales. A la dirección de Polloe le parece correcta la propuesta y tras la correspondiente campaña publicitaria comienzan los dueños de los panteones a solicitar el servicio de Segi Hiru para tener las tumbas en perfecto estado de limpieza que se realiza con chorros de agua a presión para dejar las lápidas adecentadas. Este cometido da trabajo a otro grupo de jóvenes. Y con este servicio de limpieza de tumbas consiguen por medio del Ayuntamiento un contrato para limpiar el monumento a Zubieta, ubicado en la plaza de Irún, en Amara, y darke un nuevo aspecto ya que se encontraba en un mal estado debido a las humedades. También recibieron encargos para limpiar la plaza de Zubi Musu, en el Antiguo, donde hicieron un gran trabajo y en los monumentos de la plaza Gipuzkoa.
La actividad laboral no se queda ahí. En Igeldo se contacta con un hotel canino, donde entran a trabajar otro grupo de chicos, los principiantes, ya que el entorno es muy apropiado para ellos y entre el animal y la persona se crea un vínculo afectivo, que es muy beneficioso para los chavales.
En esta diversidad de trabajos que van surgiendo se accede a un programa del INEM para eliminar la 'cortaderia selloana', más conocida como hierba de la Pampa, que es una especie botánica que se ha propagado desde hace unos años por múltiples zonas de Donostialdea llegando a convertirse esta planta que llegó a nuestro ámbito como ornamental en una plaga que ha invadido numerosos terrenos y jardines. Así, otro grupo de personas se encarga de este trabajo.
Por medio del boca a boca se presentan en Segi Hiru más personas que reclaman una plaza para que su hijo, enfermo mental, entre a trabajar.
La nueva actividad de Segi Hiru está enfocada al vivero de plantas donde van a poder trabajar otras diez personas en unos terrenos adaptados para ello en Hernani.
«No solo se persigue encontrarles un trabajo digno y remunerado, sino que además se trata de lograr su integración y que cumplan una serie de normas elementales. Ellos mismos tienen que ser conscientes de su cumplimiento, como la puntualidad y su aseo personal», indica Ramón Beltza.
Fabricar ladrillos
La última idea que pasa por la cabeza de Ramón Beltza es la de fabricar ladrillos hechos a mano. Pero les falta el horno, que cuesta del orden de 70.000 euros por lo que en este momento no pueden acometer su compra. «Pero ya llegarán y se hará tarde o temprano, porque ésta va a ser una muy buena actividad para que desarrollen», asegura Beltza.
Segi Hiru, que se creó en 2001, es una sociedad sin ánimo de lucro y todo el dinero que se gana con los servicios rentables se reinvierte en crear nuevas iniciativas. Actualmente acoge a 34 personas.
Ramón Beltza tiene claros los objetivos que persigue. En primer lugar que el enfermo reconozca que está enfermo, que la familia sepa lo que es una enfermedad mental y tercero que el enfermo tenga una actividad digna y un trabajo digno con un sueldo que está por encima del salario mínimo.