Olvidada durante casi tres décadas, la vieja draga Jaizkibel es objeto desde hace unos días de una inusitada actividad. En su cubierta se erigen andamios que rodean la torre y parecen querer alcanzar en altura a su chimenea, mientras en torno a su casco, varios operarios se afanan por devolver a su estado original las piezas que, presas del oxido, un día formaron parte de tan preciso engranaje.
Con el mismo silencio en el que ha permanecido sumida, esta misma semana se ha dado inicio a los trabajos de restauración de la embarcación que, construida en los Astilleros Euskalduna de Bilbao, prestó servicio durante medio siglo en el puerto pasaitarra, hasta su retirada en 1984. Desde entonces, la infraestructura ha estado prácticamente abandonada en la entrada a la bahía, en el antiguo astillero Ondartxo de San Pedro, otro símbolo del pasado recientemente recuperado para albergar el Centro de Conservación de Patrimonio Naval.
También para ella ha llegado el momento de despertar de un largo sueño, en cuyo final se invertirán más de 400.000 euros. Esa es la cantidad en la que se han presupuestado los trabajos de recuperación que financiarán en un 50% la Autoridad Portuaria de Pasaia y en el 50% restante el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Gipuzkoa a partes iguales. Representantes de las tres instituciones daban a conocer el pasado mes de febrero el acuerdo al que habían llegado y su intención de comenzar cuanto antes con el proyecto.
La intervención, que se ha hecho esperar, contempla, por un lado, la recuperación de los distintos elementos metálicos, con saneamiento de la pintura y reparación de la chapa; y por otro, la colocación del denominado rosario de cangilones, incluyendo el traslado de dos ruedas dentadas de 22 toneladas de peso cada una que se hallan en un solar de La Herrera.
De chatarra a monumento
Nada se podrá hacer ya, sin embargo, por la grúa, desparecida hace tiempo, ni por que vuelvan a funcionar sus motores, con los que la draga Jaizkibel fue botada un 3 de noviembre de 1933 para acometer los trabajos de dragado en el Puerto de Pasaia. Cuando dejó de prestar este servicio, a punto estuvo de ser convertida en chatarra.
Por fortuna, en 1991 se decidió incoar el expediente, a propuesta del Museo Naval de San Sebastián y con el apoyo de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública, para su declaración como bien de interés cultural. Dicha declaración se materializó, un año después, con la categoría de monumento.
El barco pasó a ser el primero en merecer tal consideración y en la actualidad es uno de los de mayor interés con que cuenta el patrimonio vasco. Se evitó de este modo su subasta y posterior desguace, pero comenzó un largo contencioso entre la Junta del Puerto, entidad antecesora de la actual Autoridad Portuaria, y el Gobierno Vasco.
El desencuentro ha concluido con un final feliz para esta nave modelo rosario, de 60 metros de eslora; uno de los pocos testimonios de patrimonio marítimo portuario que han llegado hasta nuestros días.
Los trabajos de restauración la devolverán a su estado original, aunque por desgracia ya no volverá a navegar como antaño. Habrá de conformarse con recuperar la imagen que el paso del tiempo le arrebató y permanecer expuesta al público, como cualquier otro barco amarrado en el puerto, en su actual ubicación, en el Paseo de Puntas de San Pedro, donde podrá ser visitada al igual que ocurre desde el pasado verano con las instalaciones de Ondartxo.