Es un personaje muy conocido en Irun, aunque lleva unos cuantos años residiendo en Madrid, adonde se desplazó por motivos laborales, tras abrir la primera sucursal de Caja Laboral Popular en el foro. Aquí trabajaba en la misma empresa, a la par que alternaba esa ocupación con el periodismo, sobre todo en el vespertino 'Unidad', donde el firmante tuvo la fortuna de coincidir con él. José Mari Diez Bermejo está casado con María Jesús Muiño Erausquin, es el orgulloso aitatxo de Ricardo (casado con Itziar) y de Beatriz (Roberto); y el abuelísimo de Ignacio (9 años), Juncal (7), Lucía (5) y Laura (3), mientras se le espera al quinto, que está muy en camino. Nació en Madrid, pero al año ya estaba en Irun. Más bien, en Anaka, que es de donde se considera. Estudió Bachiller por letras y ha trabajado 27 años en la Laboral hasta que en 2001 se jubiló, el mismo día que cumplía los sesenta y quince antes de nacer su nieto Ignacio. Antes trabajó durante una docena de años como encargado de personal de Sancheski. Fue corresponsal de 'Unidad' y de 'La Voz de Gipuzkoa', es autor de numerosas biografías y de entrevistas con lo más granado del fútbol estatal. Se declara lector compulsivo, le encanta la música y tiene un memorión impresionante. Fue un gran compañero y es un gran amigo.
-José Mari, hijo de José Mari (Díez Gómez)...
-A mi padre le llamaban Pepe, pero a mí, José Mari o José María.
-Vamos a recordar viejos tiempos.
-El Irun de mi infancia era otro Irun, otro mundo en todos los sentidos, ni mejor ni peor, simplemente diferente. El mundo ha cambiado al 100% respecto a cuando éramos niños. Para bien y también para mal. Guardo un espléndido recuerdo de los tres años que jugué en el juvenil del Real Unión, a las órdenes de Miguel Bernedo, gran entrenador y mejor persona.
-¿Tus amigos de entonces?
-Pues unos cuantos, entre el fútbol y el colegio. Por ejemplo, Emilio Visiers, Javier Rojas o José Enrique Marcos. Ahora estamos los que estamos, los que vivimos. De todos modos y en la actualidad, mis mejores amigos son mis nietos, son mi única y gran ilusión. Sólo quiero que sean personas de bien.
-Empiezas a trabajar joven, ¿no?
-Dejo de estudiar a los 18 y entro en Sancheski, donde soy encargado de personal durante doce años. Luego cambio...
-¿Cómo fue eso?
-Me vino a buscar Pedro Mata, que era concejal y director de la Laboral en la oficina de Colón. Me llevó a la de Pío XII-Serapio Mugica.
-¡Qué banca aquélla y qué banca ésta!, digo yo.
-Dices bien, porque entonces se hacía todo a mano o con la máquina de escribir. Luego, el mundo de la informática lo ha cambiado todo, con sus ventajas y sus inconvenientes. En la vida todo tiene un precio.
-Para entonces ya habías hecho tus incursiones informativas.
-Llevaba diez años, desde 1964, con 'Unidad' y en la emisora 'La Voz de Gipuzkoa', donde tenía una crónica diaria y las crónicas deportivas del fin de semana. Luego, en Madrid, he escrito muchas biografías y he realizado entrevistas a futbolistas como Di Stéfano, Gento, Santamaría, Zoco o Puskas, que era una persona muy sencilla. También tuve una gran relación con Juanito Alonso. Sentí mucho su muerte.
-Seguiste los pasos de tu padre...
-A él le encantaba escribir y publicó unas cuarenta novelas de aventuras en la editorial Molina, de Barcelona. Fue el autor del primer libro sobre platillos volantes que se escribió en España. También firmó en la revista 'Chicas'. Sí, quizás la afición me llegó por él.
-Volviendo a 'Unidad', ¿cómo era aquel vespertino?
-En realidad, algo muy simpático. Me llevaba muy bien con todos. Sobre todo con su director, Enrique Cima, que tiene 84 años y con quien mantengo una gran relación.
-Tus recuerdos, ¿el mejor y el menos bueno?
-Lo mejor, lo que escribí al margen de las crónicas locales. Entrevisté a las mejores atracciones del momento: Enrique Diosdado, Antonio Machín, Orson Wells o Antonio Molina. También a Luis Mariano, quien me comentó que se iba a meter a un convento, desmintiéndolo después y añadiendo que se iba a casar ¿Lo peor? Los cortes que me daban en las crónicas de Irun y Hondarribia. Era una censura, no de contenidos sino de espacios. Ahora, afortunadamente, no hay censura oficial; pero, desgraciadamente, existen los censores.
-Bueno, sigues en la Laboral, pero acabas en Madrid.
-Desde 1982 hasta 2001, en la primera sucursal que se abre y que estaba muy cerca del 'Meliá Castilla. Fuimos tres compañeros veteranos, partimos de cero y con mucho personal de allí. La clientela fue entrando poco a poco y todo acabó formidable. No había otro secreto que hacer buenas ofertas y tratar bien al cliente, sin engañarle nunca.
-Y ya te quedas en la capital.
-Sí, me instaló allí y trabajo mucho, no solo en la Laboral sino que hago muchos reportajes. Sobre todo en 'As', donde tú también fuiste muchos años corresponsal. Me he encontrado siempre muy a gusto.
-En cualquier caso, nunca has renunciado a tus orígenes, ¿no?
-La verdad es que en cuanto puedo vengo a Irun, porque aquí tengo cosas muy importantes: la familia, con mi hijo Ricardo y me nuera Itziar, que es genial y que trabaja como médico en una Fundación; además de mis tres queridos nietos. Luego están mis amigos de siempre.
-Además, eres un fijo de la playa de Hendaia, que yo te veo muchos días.
-Siempre que haga bueno, me verás en Ondarraitz; y cuando el tiempo no acompañe, voy al monte, como las cabras. Además...
-Cuéntame.
-El monte me viene muy bien para la última 'amiga' que me he echado, que es la diabetes. Ahí estamos, todo el día juntos. Quería hacerme notar por algo interesante y mira...
-Dime algo del Real Unión, que fuera y es tu equipo.
-Es un club que tengo grabado desde niño, desde que con seis años empecé a ir a Gal y hasta que me fui a Madrid. El mejor equipo, el de la temporada 57-58 cuando subió a Segunda. Era un grupo con más técnica y parecida fuerza al que subió en la 63-64.
-Que nos ha tocado el Sevilla...
-¡Qué difícil...!, pero ya cayeron el Madrid y el Athletic. Puede pasar de todo. Lo último que hay que hacer cuando sales al campo es ir de vencedor o de vencido.