Las caras serias de los consejeros socialistas y las chanzas de algunos parlamentarios populares, minutos antes de empezar el pleno, evidenciaban que el de ayer no era un día fácil para el lehendakari. Tras largos meses de complejas negociaciones, la transferencia de políticas activas de empleo se consumó la víspera de su primer pleno de política general al frente del Gobierno Vasco y de la mano de su principal adversario, el PNV.
Pese al comprometido debut que le esperaba, Patxi López llegó bastante más tranquilo al hemiciclo que sus compañeros de gabinete tras tener que corregir a última hora de ayer su discurso. Durmió «bien» y tomó, como todos los días, un café y un pincho de tortilla en uno de sus bares favoritos de Vitoria, según fuentes de su entorno. Luego, ya en la tribuna de oradores, optó por la prudencia. Valoró como «una buena noticia» el traspaso, trató de arrimar el ascua a su sardina al recordar que los 472 millones los gestionará su equipo, y 'vendió' gestión económica en los 16 meses que lleva en el poder. Y para marcar el terreno al PNV se felicitó por lo que considera el retorno del PNV a la «senda estatutaria».
Lo cierto es que la polémica transferencia de las políticas activas de empleo marcó un pleno anodino, con discursos en los que apenas hubo lugar para la sorpresa, en el que la crisis económica logró hacerse un hueco en la agenda, mientras que el debate sobre el final de ETA quedó en un segundo plano. El cielo gris de Vitoria amenazaba con un chaparrón, tanto fuera como dentro del Parlamento, pero al final Patxi López salió indemne del debate. Y fue en buena medida porque el portavoz del PNV, Joseba Egibar, optó por no echar más sal de la debida en la herida que su partido y Zapatero le habían abierto de víspera. Ello no evitó que PP y la oposición se unieran para achacarle falta de liderazgo contra la crisis y en materia de autogobierno y pacificación.
El lehendakari pronunció un discurso en el que no incluyó novedades significativas, más orientado a ofrecer una rendición de cuentas de la gestión que ha desarrollado desde que llegó a Ajuria Enea que a detallar su propósito de desplegar el cambio en lo que resta de legislatura. Encaró de entrada la transferencia de las políticas activas, y se esforzó en subrayar que ha sido su Gobierno el que volvió a poner el tema en la agenda negociadora. Pero intentó que su intervención girara en torno a los buenos datos económicos del país para salir de la crisis y su política para debilitar el terrorismo.
El mayor peligro para los socialistas podía venir si el portavoz del PNV aprovechaba la tribuna de oradores para restregarle en la cara al lehendakari el acuerdo alcanzado por los nacionalistas y que no logró su Gobierno. Pero Egibar, pese a su acreditada capacidad oratoria, optó por un discurso muy económico trufado de cifras, por momentos farragoso. Sólo al final se refirió a las políticas activas para denunciar que Zapatero sólo las cede «por su angustia» para salvar los Presupuestos con el voto jeltzale y evitar el adelanto electoral. De hecho, estuvo más duro en la pequeña comparecencia ante la prensa de la mañana, cuando habló de un Gobierno Vasco que «no juega en la Champions». Egibar, al igual que Aralar, también le reprochó que haya aplazado a mayo el debate con las diputaciones sobre fiscalidad, un anuncio del lehendakari que sorprendió negativamente, por el amplio retraso y porque antes hay elecciones forales. En todo caso, el portavoz peneuvista le tendió la mano para seguir desarrollando el autogobierno, y volvió a esgrimir la necesidad de abordar el nuevo marco político, algo que López rechazó.
Cambio de papeles
La modulación del mensaje jeltzale de ayer -con su presidente, Iñigo Urkullu, ausente del pleno-, podría responder a un pacto implícito entre el PNV y Zapatero, por el que se evitaría desgastar en exceso la imagen del lehendakari en el pleno de ayer. O tal vez, como ironizó el lehendakari, porque «a Egibar le gusta menos» este pacto que al presidente peneuvista, Iñigo Urkullu.
El más incisivo fue curiosamente el socio de López, el PP vasco. Antonio Basagoiti no se anduvo con rodeos a la hora de reprocharle falta de liderazgo ante el Gobierno central y le exigió que explique «la letra pequeña» del acuerdo alcanzado por el PSOE, ante el temor de que el traspaso pueda romper la caja única de la Seguridad Social. Basagoiti seguía así la estela abierta por su partido en Madrid, aunque consciente de que esta batalla la seguirán PSOE y PP fuera de Euskadi, donde, a pesar del encontronazo de ayer, el pacto dio muestras de seguir engrasado.
Además, López, en la réplica, le aseguró que está garantizado el encaje constitucional de la nueva competencia, aunque el Gobierno Vasco está a la espera de poder analizar en profundidad el pacto alcanzado ayer por PSOE y PNV, en especial los aspectos más técnicos, para evaluar su aplicación y los posibles ajustes contables a realizar.
Los portavoces de PP y PNV sí se aliaron para reclamar al lehendakari más medidas y eficacia en la lucha contra la crisis, con mayor énfasis y crítica en el caso de Egibar. Donde los tres grandes partidos no mostraron fisuras fue en la lucha antiterrorista, que, en esta ocasión, no fue el centro de sus discursos. El lehendakari se mostró algo más optimista al señalar que «estamos tocando con los dedos la paz», y dejó entrever en su discurso que empieza a diferenciar el papel de la izquierda abertzale del de ETA. Basagoiti, por su parte, emplazó al dirigente socialista a liderar un escenario de final de la violencia mediante la firmeza y evitando que Batasuna vaya a las elecciones. Egibar pasó de puntillas por este asunto aunque dejó un mensaje, algo críptico, al señalar que «la pacificación y la normalización» estarán también en la mesa de negociación presupuestaria.
Los que más hincapié hicieron en el final de ETA fueron Aralar y EA, que apretaron al lehendakari instándole a moverse, mientras éste devolvió la pelota al tejado de ETA y la izquierda abertzale. Aintzane Ezenarro le pidió que lidere un proceso, mientras el debutante Juanjo Agirrezabala le emplazó a «hablar con ETA». Una apelación que tocó la fibra sensible de López, quien le respondió que la organización terrorista ha difundido un vídeo de etarras disparando «que acojona».
Entre estos y otros temas se consumieron más de siete horas de un debate que acabó pasadas las siete de la tarde, antes que en otras ocasiones, porque esta vez el lehendakari no tenía segundo turno de réplicas. Y nadie lo echó de menos.