A la vista del destartalado caserón frío e inhóspito de Muskiz donde se rueda estos días 'Camera Obscura', el primer largometraje de Maru Solores (Donostia, 1968), parece que, en lugar de una historia de superación personal y frustración familiar en torno a una niña que ha perdido la vista, sea más bien que lo que se cuece allí es una inquietante historia de terror y fantasmas de atmósfera desasosegante. Los intimidantes ladridos en tono disuasorio del pedazo de perro que custodia la verja de acceso parecen corroborar esa primera y equívoca impresión.
Nada más lejos de la realidad. La donostiarra trabaja en su ópera prima con un reducido equipo con el que se ha sumergido en las vivencias y el despertar a la adolescencia y a la experiencia de la vida de una niña que se ha quedado ciega tras un accidente.
Pero Solores no lo hace con un enfoque al uso: la cámara adopta el punto de vista de la niña invidente buscando transmitir sus sensaciones y experiencias sensoriales respecto a lo que está ocurriendo en torno al triángulo de adultos que forman sus padres (Leyre Berrocal y Josean Bengoetxea), marcados por la desgraciada pérdida de la vista de su hija de la que se culpan, y la presencia inesperada en la casa veraniega que comparten del hermano de su padre (Víctor Clavijo), tío de la pequeña y un fotógrafo que busca refugio en los recuerdos de su pasado y con quien la niña descubrirá el mundo de la fotografía y será su primer amor platónico.
El filme transcurre principalmente en esta casa solariega familiar a la que el matrimonio no había vuelto desde hacía años y donde deciden instalarse de nuevo un verano junto a su hija, Jacqueline Duarte. «Quería contar la historia desde la niña ciega, con la paradoja que esa perspectiva da al filme porque me permite jugar con el lenguaje visual, abrirnos y percibir el mundo a través de su imaginación, de su mirada poética, de sus imágenes interiores y recuerdos», explica la cineasta donostiarra.
Solores juega en la película con una interpretación en varias direcciones: «Por un lado, está el despertar al mundo adolescente de la niña, a otras vivencias, las mentiras adultas y por otro, el descubrimiento del mundo que le rodea asumiendo su falta de visión. Está sobreprotegida por sus padres pero ella trata de hacer vida normal».
Gracias a la cámara de fotos y a las enseñanzas de su tío, la niña «va saliendo de ese mundo cerrado en el que le mantienen sus padres, cuya relación no pasa por su mejor momento, y va descubriendo cosas desde su nueva situación y muestra a los demás cosas que no son capaces de ver o percibir».
Sus padres están empeñados en operarla una y otra vez para intentar devolverle la vista y como si ésa fuera la solución a todos los problemas. Asimismo, marginada por los otros adolescentes, Ane va captando con su cámara cosas que nadie quiere ver y que arrojarán una nueva luz sobre la vida familiar. «Decepcionada por los adultos, Ane tendrá que encontrar su propio camino como adolescente y como ciega».
Solores explica que la casa «es un protagonista más de la película». 'Camera Obscura' transcurre durante un verano y en ese sentido la trama transcurre con ese periodo como punto de inflexión de la vida de la niña, que recupera entre sus paredes recuerdos agradables de cuando veía y pasaba allí sus vacaciones. «Elegí a Ane y su ceguera para aprender a ver las cosas de otra manera. Para poder imaginar lo que se ve de verdad cuando no se ve. Para empezar a ver de nuevo. He elegido esta historia para ver qué ocurre cuando los demás tratan de ver por nosotros, cuando crecemos y tratamos de romper las barreras que nos protegen pero también nos limitan, para encontrar nuestra propia mirada, nuestro propio camino».
Hay una última reflexión que trata de trasladar Solores con su película. «Ane se ha quedado ciega y sus imágenes se desvanecen. Tiene que borrar, y nosotros con ella, todas las imágenes del mundo, toda esa avalancha de imágenes a las que estamos sometidos para poder encontrar imágenes propias, como hace ella».
El proyecto se ha gestado a lo largo de cinco años, tras el regreso de la donostiarra de una prolongada estancia en Berlín donde estudió cinematografía. El rodaje dio comienzo a finales de agosto y está previsto que concluya a comienzos de octubre. La película se ha rodado entre parajes exteriores de Urdaibai y la playa de Sopelana y en Muskiz en la parte de interiores y su estreno se prevé para el próximo año.