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PNV-Batasuna: dos reuniones desde marzo

POLÍTICA

PNV-Batasuna: dos reuniones desde marzo

Los peneuvistas se aferran a su terreno entre el polo soberanista y el pacto PSE-PP

12.09.10 - 03:27 -
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«No somos cascos azules de la ONU, somos parte de este pueblo. El PNV no va a permanecer al borde del camino a ver qué sucede, pero tampoco vamos a estorbar. La izquierda aber-tzale tiene que desarrollar este proceso desde su propia reflexión». Este pronunciamiento bien podría sintetizar la posición del PNV, según distintas fuentes de la formación jeltzale consultadas por este periódico, ante un escenario político abierto y muy incierto, en el que el alto el fuego de ETA ha interferido en un horizonte marcado por la negociación de los Presupuestos del Estado, de los que depende la supervivencia del presidente Zapatero, y la preparación de las elecciones municipales y forales de primavera.
El partido de Urkullu -vendrían a coincidir las diferentes sensibilidades que conviven en su seno- no renunciará al papel que cree que le corresponde, por historia y por anclaje social, en la búsqueda de la paz y de un marco de mayor autogobierno para Euskadi. Pero tratando de reafirmar su propio músculo frente a la 'pinza' que representarían hoy el pacto PSE-PP y el incipiente polo soberanista.
«Ante los movimientos en ETA y la izquierda abertzale, debemos ser prudentes y esperar. Si el PNV puede echar una mano, será generoso, aunque los precedentes negativos nos dejaran tocados», sostiene un dirigente del EBB.
Regusto amargo
Esos precedentes son de distinto signo, y no todo el partido guarda las mismas sensaciones sobre ellos. En el de 1998, al calor de Lizarra, el PNV enlazó su destino a la entonces estrella emergente de Arnaldo Otegi. El fiasco de aquella tregua, saldado con una escalofriante cadencia de asesinatos y con los peneuvistas en un tris de perder el poder en las autonómicas de 2001, ha dejado un regusto amargo en Sabin Etxea.
No obstante, si para unos el escarmiento fue tal que conviene no menearlo, para otros el germen de lo que hoy trataría de ser la izquierda abertzale, con su defensa de las vías políticas, se situaría precisamente en el proceso de hace 12 años.
En 2006, cuando los contactos entre ETA y el Gobierno tendieron el 'colchón' para el alto el fuego de la organización terrorista, el PNV fue llamado a sentarse en unas conversaciones de Loiola sobre las que ya planeaba el fracaso. Medios conocedores de aquellas reuniones recuerdan la firmeza con que Iñigo Urkullu, interlocutor jeltzale junto a Imaz, se posicionó ante las cesiones que exigía la izquierda abertzale.
Urkullu de interlocutor
El presidente del EBB, cuya política de apaciguamiento interno se ha visto favorecida por la cohesión del partido ante la dolorosa pérdida de Ajuria Enea y por un orden de prioridades condicionado por la determinación de recuperarlo, ha encabezado en los últimos meses los exiguos contactos oficiales del PNV con la ilegalizada Batasuna. Exactamente, y según las fuentes citadas, dos desde el mes de marzo, al margen de las vías de diálogo informal que siempre han mantenido los peneuvistas con el MLNV.
Esas dos reuniones 'pata negra' se han desarrollado sin luz ni taquígrafos, a instancias de la izquierda abertzale, y en las que Rufi Etxeberria y Jone Goirizelaia han asumido la responsabilidad de trasladar información y sondear al adversario ante una delegación jeltzale en la que Urkullu se ha hecho acompañar por los tres líderes territoriales: Andoni Ortuzar, Joseba Egibar e Iñaki Gerenabarrena. Los mismos que le arroparon en su comparencia del lunes para fijar la postura ante el anuncio de ETA.
El comunicado del PNV, que reconoce el «alivio» que supone la tregua para los amenazados y el conjunto de la sociedad pero recalcando con contundencia la insuficiencia del alto el fuego, fue redactado a varias manos en el EBB. Ese consenso interno no ha impedido que afloren «matices», identificados con la interpretación más optimista realizada a posteriori por Joseba Egibar.
Pero si todas las fuentes consultadas conceden sinceridad a la apuesta política de la izquierda abertzale, también lo hacen al situar el comunicado de ETA en un punto 'pre Anoeta' -es decir, anterior incluso a la distensión de 2006- y al subrayar que el PNV seguirá su propio camino; especialmente cuando esos mismos medios se dicen conscientes, sin excepción, de que el objetivo estratégico de ETA y de la izquierda abertzale ha sido, es y será desplazar al PNV como referencia del nacionalismo. «Bien, llevan 50 años intentándolo», ironiza un burukide.
Si el discurso oficial de los jeltzales trata de zafarse de la posibilidad de una futura 'acumulación de fuerzas' abertzales, otro tanto ocurre cuando se les pregunta por el escoramiento que podría sufrir su política de alianzas en caso de que se consume el pacto presupuestario con el PSOE de Zapatero. Aunque los peneuvistas se están cuidando muy mucho de admitir públicamente que la necesidad que tiene de ellos el presidente del Gobierno erosiona la posición del lehendakari López, la oportunidad de esa negociación les ha llevado a aparcar su desconfianza hacia los socialistas y el convencimiento de que el acuerdo con quien «nos dio la patada» fuera de Ajuria Enea no es fácilmente comprensible por las bases jeltzales. El PNV siempre posibilista apuesta a estas horas por rescatar a Zapatero. Pero intentará hacerlo evitando que «el débil te contagie su debilidad».
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