Emocionados y contentos vivieron ayer los bedaioarras el día de la Virgen. Un día que guardarán en el recuerdo casi todos, por la especial inauguración que se vivió dentro del programa festivo. A más de uno incluso se le escapó alguna lágrima en la apertura de Abaetxe, el nuevo restaurante-taberna del barrio tolosarra.
Un establecimiento que no sólo ofrecerá un servicio hostelero, sino que ha permitido ver hecho realidad el sueño a los habitantes de Bedaio. Así lo expresó Nekane Eizagirre en la presentación que realizó ante sus vecinos, acompañada por el alcalde Jokin Bildarratz y la concejal Olatz Peón. Nekane no quiso desaprovechar la ocasión para destacar la importancia de la rehabilitación que se ha llevado a cabo en la casa señorial de Bedaio, que fue residencia estival de marqueses. «Bedaio y los bedaioarras se merecían Abaetxe», dijo Eizagirre.
Izaskun Jauregi, responsable del establecimiento, y Jokin Bildarratz, fueron los encargados de abrir la puerta de la hermosa casa, situada en un lugar privilegiado en el centro del pueblo. Entre los asistentes al acto se encontraban Pakita y Fermina. Ambas comentaban sus vivencias de niñas en aquella casa, que les despertaba tantos recuerdos más de siete décadas después. Fermina, que vivía a escasos metros de la casa, recordaba cómo a diario su madre la enviaba a 'Nagusietxe' en aquella época, «para ayudar a las sirvientas, Rufina y Anttoni. Ellas se encargaban de cuidar la casa que pertenecía a una adinerada familia de Tolosa».
La bedaioarra «recogía los huevos, traía leña para la cocina y después, Rufina y Anttoni nos enseñaban a coser, a hacer ganchillo y algo de doctrina. Para nosotras venir a esta casa era como ir a la escuela. Aprendimos aquí lo que se pudo».
Fermina no olvida su hermosa colcha, que realizó con tan sólo nueve años, ni tampoco lo espectacular que resultaba para una niña que vivía en un caserío, tanto lujo. «Recuerdo cómo tenían un baño, o los muebles, que decían eran de la época de Luis XIII. Preciosos, eran muy elegantes. Todavía tengo ante mis ojos unas butacas forradas con una tela de terciopelo, preciosos», indica.
Los muebles o el depósito de agua eran únicos en la casa de Bedaio. «En la planta superior tenían un depósito de agua, que la llevaba hasta el baño y la cocina. Eso hace ochenta años no se veía en ninguna otra casa. El agua salía fría, pero nosotras teníamos que ir a la fuente para nuestras casas y ellos abrían el grifo, y listo».
Las mujeres repasaban entre nostalgia y fascinación unos tiempos en los que los hombres no tenían acceso a la casa, aunque más de uno recordaba sus aventuras para robar unas manzanas del jardín. Un jardín que Fermina asegura que «estaba muy bien cuidado. Había árboles frutales y fresas, muchas fresas. Estaba muy bien decorado y cuidado. Es una pena ver cómo está ahora». La inauguración llegó tras la celebración de la misa en la que participaron los bertsolaris Mañukorta y Zeberio. Después, no faltó la música de los trikitilaris Laja y Landakanda, encargados de animar la comida de los jubilados. Por la tarde siguió la fiesta y hasta la madrugada tras la cena popular.
Hoy sigue la fiesta
Los bedaioarras continúan hoy con su programa festivo, en el que disfrutarán con el zahagi-ardoa y la romería con los hermanos Elustondo. El fin de semana sigue la fiesta y no faltará el baile del popular Ingurutxo, de Bedaio.