Mikel Uriarte, el joven de 22 años que en la medianoche del martes perdió la vida cuando su coche se precipitó desde la barquilla del Puente Colgante a la ría, no venía de ninguna fiesta. En realidad, había pasado el día buscando piso en Madrid para continuar allí sus estudios de Empresariales en compañía de dos amigos a los que acababa de dejar en sus domicilios. Ninguno de ellos se explicaba ayer cómo Mikel, vecino de Las Arenas apasionado de los coches y que pasaba por ser el más prudente de su cuadrilla, pudo tener un final tan trágico
Su fatídico martes comenzó, ironías del destino, junto al pilar del transbordador en Portugalete que, apenas 17 horas después, habría de verle cayendo a la ría. Allí se encontraba a las 5.30 de la mañana con su 'Honda Civic' negro de cristales tintados al que acababa de cambiarle las ruedas por unas más anchas. Esperaba a Joseba, uno de los amigos con los que tenía pensado vivir en su nueva etapa en Madrid. Desde la villa jarrillera se dirigieron a Bilbao para recoger a otra colega, Patricia, con destino a la capital.
Pasaron el día mirando pisos en la zona de Diego de León y Saiz de Baranda. Tras pedir varios teléfonos y comprometerse a pagar una señal acordaron que a la vuelta decidirían dónde pasar su año universitario. A las siete y media de la tarde, cansados y tras tomar una Coca Cola con un conocido, pusieron rumbo a Bilbao. Mikel se puso otra vez a los mandos de su coche.
En una estación de servicio de Segovia le dijo a Joseba que estaba «cansado». Pararon un momento, intercambian los puestos y Mikel se reclinó en el asiento trasero para dormir. Desde allí hasta Bilbao, Joseba condujo sin problemas el vehículo, siempre «perfecto».
Patricia fue la primera que se bajó del 'Honda Civic' en la capital vizcaína. Eran las doce menos veinte de la noche. Entonces Mikel tomó otra vez el volante y enfiló la A-8 hacia Portugalete para dejar a Joseba en su domicilio. Al llegar a casa, la chica se percató de que se había olvidado un libro en el coche y le envió un mensaje. «Mañana hablamos», escribió. A esa hora Mikel ya dejaba a su amigo en la villa jarrillera, en plena avenida Carlos VII.
Tras despedirse de su compañero, el joven cogió el móvil y llamó a su madre. «Ya he dejado a estos en casa, voy para allá», le dijo mientras arrancaba su 'Honda' hacia el Puente Colgante. Lo que pasó en el kilómetro escaso que separa la rotonda y el transbordador es un misterio.
Antes de que el joven hiciera su último trayecto, la barquilla del Puente reposaba ya en Portugalete, en una noche tranquila. Las seis cámaras del lado jarrillero muestran la llegada del último pasaje desde Getxo: una bicicleta, un coche y tres transeúntes que se apean del transbordador. En la grabación transcurren siete minutos sin que suceda nada y, de repente, aparece un coche, apenas un fogonazo. «Se le ve un poco la punta y luego pasa como un suspiro», describe uno de los responsables de la estructura centenaria. Es el coche de Mikel. Los agentes que vieron el vídeo de madrugada ordenan al técnico que pase la cinta a la velocidad más lenta posible, «y aun así aparece y desaparece de la pantalla», recuerdan. Al final se logra detener la imagen en un fotograma válido y en él observan a una sola persona a los mandos de un coche deportivo oscuro con los cristales traseros tintados.
Flores para el fallecido
Lo que ha sucedido es el horror. Dos minutos después de la medianoche el empleado del Puente que está en su puesto en la sala de control de Portugalete no puede creer lo que ha visto: un vehículo se ha precipitado a la ría desde la barquilla. A las 12.03 el servicio de emergencias 112 recibe la primera llamada de socorro. «Un coche se ha caído a la ría desde el Puente Colgante», son sus palabras. De inmediato se activa el dispositivo de emergencia. Diez minutos después, Ertzaintza, Policía local, Bomberos, Salvamento Marítimo y un barco de los prácticos del Puerto de Bilbao trabajan en el lugar del suceso.
La primera tarea de los buzos es localizar el coche siniestrado. A esa hora la marea está subiendo. Finalmente, encuentran el vehículo desplazado cinco metros a la derecha de la barquilla con su dueño aún dentro, pero sin vida. Nada puede hacerse por él. Tras el rescate del cadáver, las autoridades hacen traer una grúa de brazo extensible para sacar el coche. Tras izarlo, el Puente Colgante recupera la normalidad a las cinco de la mañana.
¿Qué pasó con Mikel? Las autoridades, a la espera de la investigación y la autopsia, se agarraban ayer al vídeo para concluir que entró en la barquilla a una velocidad excesiva. Sus conocidos, que ayer improvisaron un sencillo homenaje al joven arrojando flores al agua en su memoria, apuntaban que, tras un día lluvioso, el vehículo pudo patinar sobre el firme metálico del Puente al frenar y precipitarse al vacío.