Escepticismo. Esta palabra define el sentir general de las víctimas de ETA ante el último comunicado emitido por la organización terrorista. No es la primera vez que los etarras declaran un alto el fuego y las esperanzas de antaño se han convertido en recelos e ilusiones comedidas. «¿Y ahora qué?», es la pregunta más socorrida. «¿Van a dejar las armas de una vez por todas?».
Montserrat Lezaun, madre del guardia civil Diego Salvá, última víctima de ETA, junto a su compañero Carlos Sáenz de Tejada, -en marzo acabó con la vida del policía galo Jean-Serge Nérin en un tiroteo en Francia-, sorprendió a todos en el homenaje del Gobierno Vasco a las víctimas celebrado el pasado noviembre. Su intervención no estaba prevista, pero aún así tomó la palabra. «Buenos días, soy la madre de Diego Salvá. Desde el 30 de julio (de 2009) ostento un título que me gustaría mantener mucho, mucho tiempo. Soy la madre de la última persona asesinada por ETA», expresó. Su hija Leticia -eran siete hermanos, contando a Diego- se levantó ayer «muy contenta». El comunicado de ETA le dio «esperanzas». «Rezamos todos los días a mi hermano para que esto acabe cuanto antes», asegura. Ha pasado más de un año desde que los terroristas arrebataran la vida a Diego en Mallorca y si algo tienen claro los Salva Lezaun, que ayer no cesaron de mandarse mensajes por el móvil, es que no quieren que otras familias pasen por lo que a ellos les ha tocado sufrir. «Igual Diego fue la última víctima y ahora trabaja desde arriba por lograr la paz», expresa Leticia. Pese a su halo de optimismo, la hermana del guardia civil, natural de Pamplona, prefiere «no lanzar las campanas al vuelo». «Todavía es pronto, muy pronto», matiza.
El mismo día en el que ETA asesinaba a Salvá y a Sáenz de Tejada a Montserrat Lezaun se le quedó grabada una frase para siempre. Josu Puelles, hermano del policía nacional Eduardo Puelles, asesinado un mes antes en la localidad vizcaína de Arrigorriaga, llamó por teléfono a la familia para darles el pésame y mostrarles todo su apoyo. «Diego no es una víctima, es un héroe», le dijo. Desde entonces, la madre del agente no ha dejado de repetir esas mismas palabras. Josu se quedó ayer frío. El comunicado «no es lo que esperaba». Ni tampoco, a su entender, lo que necesitan las familias de los damnificados. «Lo que queremos es una disolución definitiva e incondicional, no un alto el fuego», manifestó. Puelles es muy consciente de que «este tipo de estrategias lo mismo que se dan se quitan». Por ello, no esconde su desconfianza. «Hemos sido testigos de treguas de este estilo en más de una ocasión y siempre con el mismo resultado», recuerda. El hermano del policía nacional va incluso más allá y advierte de que «un alto el fuego puede valer para que algunas personas dejen de mirar atrás durante un tiempo; pero veremos a ver lo que dura». «Es una treta más», añade la viuda de Eduardo, Paqui Hernández, para quien el anuncio de tregua por parte de ETA tiene un objetivo concreto: «lavar la imagen de los terroristas mientras se reorganizan».
Puelles prefiere «no entrar en la parafernalia semántica». Lo único que espera que es que el Gobierno no sea «condescendiente» con los terroristas. «No estamos por la labor de que las condiciones que seguro que pondrá ETA supongan vejación alguna para el Estado de Derecho como, por ejemplo, la legalización de una Batasuna que permanece latente. Un alto el fuego sería bueno para los vivos, pero no para los muertos. Hay que hacer justicia, que cumplan sus condenas y que los asesinatos no queden impunes», apostilla.
A la familia del concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco, asesinado en 1997, el anuncio de ETA no les cogió «por sorpresa». Su hermana, Mari Mar, y su madre leyeron ayer el documento que los terroristas difundieron a través de la cadena de televisión inglesa BBC sin que éste despertara en ellas «ni una pizca de optimismo». «Cada vez que ETA atraviesa un momento de debilidad nos tiene acostumbrados a este tipo de cosas. Es más de lo mismo, nada nuevo», considera la parlamentaria popular. Con una diferencia. «Esta vez ni siquiera le han puesto un apellido como 'indefinido' o 'temporal', lo que nos hace plantearnos hasta cuándo va a durar», remarca.
«Sin bajar la guardia»
Mari Mar Blanco asegura no creerse «nada» y se muestra especialmente contundente. Tras vivir más de una tregua fallida, «la triste experiencia nos dice para qué han servido casos anteriores. Es decir, para volver a sembrar otra vez el terror a base de nuevos atentados», subraya. Con unos antecedentes «que no despiertan ninguna confianza» y, ante una organización que «tiene que demostrar credibilidad», las víctimas necesitan un paso más. «Lo único que queremos es que la banda anuncie su disolución y pida perdón por todo el sufrimiento causado a miles de personas inocentes, dos cosas que todavía no han hecho», señala. La hermana del concejal de Ermua secuestrado y asesinado por ETA espera que, hasta que este deseo no se convierta en una realidad, «no haya segundas partes», en alusión a una futura negociación entre el Gobierno y ETA. «La lucha antiterrorista debe continuar como hasta ahora y sin bajar la guardia. No podemos permitir que los terroristas consigan sin matar lo que no consiguieron con el tiro en la nuca», defiende.
Natividad Rodríguez, viuda del ex vicelehendakari socialista Fernando Buesa, asesinado por ETA hace diez años en Vitoria, junto a su escolta Jorge Díez, sentía ayer un cruce de emociones. Por un lado aseguraba que el comunicado de la banda terrorista había despertado en ella «cierta esperanza». «Esperanza de que puede haber algo más» después del anuncio del alto el fuego. Rodríguez no descarta que el acuerdo rubricado por la izquierda abertzale y Eusko Alkartasuna, en el que se apuesta por las vías exclusivamente democráticas, pueda llegar a dar sus frutos.
En la misma línea se manifestaron ayer fuentes cercanas a la familia del empresario Inaxio Uria, al que los terroristas arrebataron la vida hace algo menos de dos años en su localidad natal, Azpeitia. Para ellos, la declaración de ETA sería la prueba de que «algo ha empezado a moverse» en ese mundo. «Un paso adelante al que podría traer consigo otros» que lleven al deseado final de la violencia.
La viuda de Buesa, que preside la fundación que lleva el nombre de su marido, reconoce, no obstante, sentirse también «escéptica» ante una situación que, por desgracia, le resulta conocida. «No es la primera vez. Les hemos dado muchas oportunidades, además con fundamento, y siempre nos han engañado», lamenta. ETA hizo saltar por los aires la última tregua con la colocación de una bomba en la T-4 de Barajas, que acabó con la vida en diciembre de 2006 de los ciudadanos ecuatorianos Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate. Natividad espera que la trágica historia no se repita. Por ello, advierte a los terroristas de que «lo mismo de siempre no vale». «Lo que tienen que hacer es dejar definitivamente las armas. Lo demás, ya lo hemos vivido». Una petición en la que coinciden todas las víctimas. Hasta que dicho anuncio se produzca, la viuda de Buesa emplaza a la sociedad a «conservar los valores» que se han ido afianzando con el tiempo. «No se puede dar un paso atrás», concluye.