Los animales tienen derecho a no ser abandonados, a recibir cuidados y a vivir dignamente. Es el mensaje que los integrantes de la oenegé catalana 'Galgos 21' trasladaron ayer a los internos de la prisión de Martutene, en una de las actividades que suelen romper la rutina de la cárcel guipuzcoana y que ayer posibilitó imágenes no tan habituales, como la de los presos jugando con unos galgos en el patio.
Los canes fueron en su día abandonados pero, gracias a la asociación, que les brindó los primeros cuidados, encontraron familias de acogida. Así lo contaban Lydia Díaz y Esther Callol, las encargadas de explicar a los presos el trabajo que realizan en 'Galgos 21' en una conferencia interactiva. «Los galgos y podencos son los perros más abandonados en España, ya que los exprimen mucho para la caza», pero cuando dejan de servir para tal fin -se calcula que en dos temporadas-, «deciden matarlos de manera cruel, ya que pierden su valor, según los cazadores. Su gran velocidad es su sentencia de muerte», explicó Esther. También destacaron, desmintiendo el mito, que «son perros adecuados para una casa, ya que son tranquilos y educados».
La encargada de la singular y simpática visita de los canes a la cárcel es Merche Marina, la médico del centro penitenciario y una gran defensora de esta causa. Dice que se enteró «por pura casualidad de la tragedia que viven los galgos, y sentí que tenía que hacer algo, así que adopté uno. Me enamoré de este animal, y pensé que era una buena idea compartir lo que yo estaba viviendo con los reclusos, así que contacté con 'Galgos 21' y aceptaron la invitación».
Lo cierto es que la cárcel de Martutene acostumbra a realizar actividades de esta índole que animan la rutina de la prisión y que suelen tener buena acogida entre los internos.
«Te animan»
Los presos que voluntariamente se apuntaron a la charla interactiva, estaban encantados con la visita. 'Metxi' aseguraba: «Siempre he querido ser veterinario, me encantan los perros». Y de la visita de los animales, destacaba que este tipo de iniciativas «te animan y te suben la autoestima. Llevo 20 meses aquí y ya ni me acordaba de lo que era un perro... ojalá nos los pudiéramos quedar como compañía».
La oenegé ha conseguido dar en adopción 400 ejemplares, y seguro que a partir de ahora las cifras crecerán, ya que no fueron pocos los presos que se mostraron realmente interesados en adoptar uno al salir de prisión. Como Antxon Úbeda, que sale pronto de la prisión guipuzcoana y quiere adoptar dos para llevárselos a una casa que ha heredado en Salamanca.