Desde que en 1979 se identificaran por primera vez los asuntos cruciales que deberían resolverse en un acuerdo final -Jerusalén, las fronteras palestinas, el retorno de los refugiados y la seguridad-, éste es el noveno intento de alcanzar la paz entre Israel y los palestinos. La voluntad de Barack Obama para presionar a las partes es la pieza clave de este proceso, que se abre con un horizonte de doce meses, pero que atravesará su primer momento crítico en poco más de tres semanas. El día 26 termina la moratoria a la construcción en las colonias judías. La inminencia de la fecha y el peso de los asentamientos como principal -que no única- forma de la ocupación ha eclipsado un laberinto de escollos, brechas internas, olvidos fatales, y puede que agendas ocultas, que, juntas o por separado, podrían hacer saltar las conversaciones por los aires.
Palestinos
El escollo de Gaza
Un acuerdo final con Israel sin Gaza, prácticamente desaparecida en los debates de arrancada de las negociaciones, es inconcebible y quedaría abocado al fracaso. Hamás se opondría a aplicar cualquier medida dentro, y a la vez pondrían en jaque la seguridad fuera de sus confines.
Hoja de Ruta
Congelación de colonias
El freno al avance de las colonias, previsto en la Hoja de Ruta, es la máxima prioridad palestina: cuanto mayor es la ocupación, menores son las posibilidades de conseguir un Estado propio viable. Abbas puso la congelación de los asentamientos como condición indispensable para entablar conversaciones directas o indirectas. Aunque tuvo que tragarse tal exigencia presionado por EE UU, la mantiene sobre la mesa bajo amenaza de que podría abandonar el proceso. Reclama extender indefinidamente la moratoria a la construcción judía en Cisjordania y hacerla extensiva a Jerusalén Este.
Mahmud Abbas
Liderazgo cuestionado
El presidente palestino no cuenta con la confianza de su pueblo -fracturado entre Cisjordania y Gaza-, ajeno a su liderazgo. Si falla en esta negociación, la frustración puede desembocar en el estallido de otra Intifada. Si consiguiera alcanzar un acuerdo, tampoco existe ninguna garantía de que los palestinos vayan a aceptarlo.
Israel
El enemigo iraní
Para Israel, y particularmente para Netanyahu, Irán es el gran enemigo a batir, mucho más preocupante que los palestinos. El primer ministro judío no cesa de reiterar su voluntad de lograr un acuerdo, si bien abundan los analistas que señalan que su verdadera agenda oculta es Teherán y su negociación con Abbas sólo una forma de contentar a EE UU para poner a Barack Obama de su lado en la confrontación crucial -y en un futuro posiblemente armada- contra el régimen de los ayatolás.
Nuevos asentamientos
Gobierno dividido
Doce ministros de Netanyahu están involucrados en campañas activas contra la paralización del crecimiento de colonias. Si el 26 de septiembre el primer ministro anunciara una prórroga en la prohibición de construir en los asentamientos, la presión de los colonos y las divisiones internas podrían hacer tambalear la coalición gubernamental.
Línea roja
Garantizar la seguridad
Netanyahu ha situado como primera línea roja de esta negociación que cualquier acuerdo debe inexcusablemente garantizar la seguridad de Israel y su reconocimiento como estado-nación de los judíos. La premisa implicaría la renuncia de los palestinos al derecho de retorno de los refugiados, a su vez una 'línea roja' de la agenda de Abbas. Es poco probable que el israelí ceda en esta demanda, con lo que solo cabría que su interlocutor se conformara con la vieja propuesta de las compensaciones económicas. De lo contrario, el choque está servido.