Cuando ya se pone cierre a esta 71 edición de nuestro festival de música clásica, el más antiguo de las Españas, es bueno y saludable dar luz a la memoria respecto a aquella primera Quincena Musical, la de 1940, para recordar cuanto en la misma se hizo y de ella se escribió en este periódico.
«El extraordinario éxito conseguido como organizador de la Quincena Musical que hoy termina, de la que ha sido alma y nervio, poniendo a contribución la profesionalidad y entusiasmo por el buen nombre artístico de San Sebastián, por lo que, por ello, merece generales felicitaciones de técnicos y profanos». Así se escribía en la página tercera (tenía entonces tan solo cuatro) de EL DIARIO VASCO, de su edición del 22 de septiembre de 1940, sobre la figura de don Juan Gorostidi Garmendia, creador de la Quincena Musical, a petición del Ayuntamiento de San Sebastián, y, por dedicación, trabajo y éxitos conseguidos, considerado como el mejor director que ha tenido el Orfeón Donostiarra en sus 113 años de historia.
En oficio de la Alcaldía, de fecha 25 de mayo de 1940, se encargó al maestro Gorostidi la preparación de la primera Quincena Musical, por cuanto la Corporación Municipal «creyó que nadie más adecuado que nuestro laureado Orfeón Donostiarra» estaba capacitado para acometer tal tarea.
De tal modo, en los quince días que van del 7 al 21 de septiembre de 1940, en el Teatro Victoria Eugenia, se ofreció una programación musical que aún hoy puede reputarse como de campanillas. En el primer día, 600 coralistas pertenecientes al Orfeón Pamplonés, al Orfeón Vitoriano, a la Sociedad Coral de Bilbao, y al Orfeón Donostiarra (¿donde los metieron?), más cuatro solistas y la Orquesta Municipal de Bilbao, bajo la dirección de Jesús Arambarri interpretaron la 'Novena Sinfonía' de Beethoven.
Vinieron después el estreno de la zarzuela 'La Capa del Diablo', con libreto de Ángel Torres del Álamo y música de Ramón Usandizaga, cantando el gran barítono Marcos Redondo, y las puestas en escena de 'Doña Francisquita' de Vives, y 'La tempestad' de Chapí. El día 17, en gran gala, se ofreció la ópera 'Otello' de Verdi, que tuvo como protagonista al tenor de Aretxabaleta Cristóbal Altube (1898-1951) de muy importante carreta lírica internacional, con voces de casa del prestigio de los hermanos José y Nicolás Aldanondo, puntales inolvidables del Orfeón Donostiarra.
En el terreno de la danza el sábado día 14 actuó la estupenda bailarina Mariemma, de quien Agustín de Figueroa escribió una sentida 'laudatio' en el programa de mano, con obras de Albéniz, Turina, Listz, Mendelshonn, Halffter, Falla y Bretón, contando con el acompañamiento al piano del maestro Gonzalo Soriano.
Mientras Europa se abría en trincheras con la segunda Guerra Mundial y entre nosotros las heridas de la lucha fraticida aún estaban sangrantes, la Quincena Musical cerraba su iniciática andadura con la interpretación del 'Requiem' de Verdi que por primera vez era interpretado en nuestra ciudad y que la batuta del maestro Gorostidi, el Orfeón Donostiarra (250 cantores) y las voces solistas de Angelita Calvo (soprano), Lolita García (mezzo), Antonio Eguino (tenor) y Nicolás Aldanondo (bajo), al decir del cronista de DV, G. de A., crearon «momentos de auténtica emoción»
Como dato anecdótico ha de significarse que el precio del abono de butaca de patio era de 115 pesetas (0,62 céntimos de euro) y el de una platea completa 725 pesetas (casi 7 euros, por seis localidades para 8 representaciones). La antorcha de hace 70 años sigue encendida y deseamos que nos siga calentando y dando luz.
Tal vez -solo tal vez- sería interesante rescatar la literal dimensión temporal de nuestro festival y a la vista de las reducciones económicas que le han afectado en los dos últimos años y las que, desgraciadamente, se anuncian que le afectaran en los inmediatos venideros, se concentrasen empeños en la programación y se volviese a tener una verdadera quincena musical. Queda dicho.