En línea con el giro narrativo que anunciaban los relatos satíricos de 'Cósele el rabo al lagarto' y se plasmaba en 'Mediohombre', el escritor Alber Vázquez (Errenteria, 1969) publica ahora 'Resiste Tucson' (Inédita Editores), crónica novelada de los combates que por el territorio desértico de Sonora mantuvieron los soldados españoles y las cuadrillas apaches en el siglo XVIII. El resultado es una historia narrada a golpe de tomahawk, violenta como suelen serlo los 'westerns' fronterizos y que será el germen de una serie, según adelanta ya el autor.
- Hace unos meses anunciaba su intención de escribir una novela negra. ¿Qué fue de ella?
- Está escrita y terminada, pero el éxito de 'Mediohombre', mi anterior novela, que ha sido una de las novelas históricas más vendidas en España durante 2010, ha hecho que, junto a mi editora, nos replanteáramos la conveniencia de cambiar de registro cuando ahora nos está yendo tan bien. Pero mi interés por el género negro no es pasajero y terminará, en un momento u otro, por cuajar.
- Lo que sí se ve que iba en serio era lo de convertirse en un escritor 'pulp'.
- Absolutamente. Lo bueno de la literatura de género es que no necesitas resolver los grandes problemas de la Humanidad. Al contrario: tienes que limitarte a hacer literatura y en concentrarte para que esta sea de buena calidad. Me aburren profundamente los escritores con expectativas y pretensiones. Yo me he desprendido de todos esos apriorismos y ahora escribo con una soltura estupenda. De hecho, la velocidad con la que escribo y publico tiene mucho que ver con que me divierto muchísimo escribiendo.
-¿Cómo tuvo la primera noticia sobre las batallas hispano-apaches del desierto de Sonora?
- No sabría decir exactamente cómo, pero estas cosas siempre surgen de un hilo del que vas tirando y tirando hasta que te topas con algo increíble. Y yo me topé con algo inmenso: miles de españoles luchando a brazo partido contra los apaches. Cientos de historias mucho más interesantes que un Far West angloamericano falso de pies a cabeza. Historias que nadie se ha molestado en contar y que la mayor parte de los españoles, los mexicanos y los estadounidenses desconocen. Pero la historia es tozuda: antes de que los Estados Unidos existieran como país, miles de soldados y colonos españoles llegaron a Arizona, se establecieron allí y se mestizaron con los nativos. Mataron apaches y los apaches los mataron.
- Al igual que sucedía en 'Mediohombre', la novela rescata otro episodio histórico completamente olvidado. ¿Le ha costado mucho documentarse?
-Me ha costado muchísimo porque apenas hay nada publicado al respecto en castellano y porque las publicaciones en inglés son difíciles de encontrar. Tuve que comprar casi todos los libros importantes en librerías de segunda mano de los Estados Unidos. Pero las fuentes son escasas por dos razones: los angloamericanos comienzan a contar la historia desde el momento en el que ellos la protagonizan y a los historiadores españoles, por su parte, este tema parece importarles muy poco. Roza el delirio que las excavaciones arqueológicas de los presidios españoles en Arizona y Nuevo México las lleven adelante investigadores estadounidenses y no españoles.
- Se ve que se siente cómodo en la novela histórica, pero ¿no es un poco arriesgado dada la gran especialización de los lectores?
- Me siento muy cómodo porque, con el tiempo, he aprendido a distinguir cuál es el terreno resbaladizo donde no conviene meterse. Yo huyo de la erudición como de la peste. Sé lo que sé y sé que sé bastante más de lo que la mayoría sabe. Leo, consulto y compruebo. Procuro no meterme en camisas de once varas y, a partir de ahí, escribo sin complejos. Tengo mucho cuidado en no errar en los detalles y en describir correctamente los aspectos históricos, de vestuario y de ambientación. Por ejemplo, si no describo bien a un dragón de cuera, se va a quedar mal descrito para siempre, porque es improbable que nadie vaya a hacerlo de nuevo. Pero, humildemente, creo que se me da bien capturar el espíritu y la atmósfera de las épocas. Y creo que comprendo razonablemente bien el siglo XVIII.
- Ha elegido un tono muy irónico y divertido para referirse a los apaches, pero que corre el riesgo de no ser bien ententido.
-Sí, corro el riesgo. Lo sé y lo asumo, pero parto de datos comprobados. Y los datos dicen que los apaches fueron un pueblo semiparasitario que vivía de robar y enfrentarse a todos los que les rodearon durante setecientos años. Robaban, violaban y mataban sistemáticamente. Y me niego a decir lo contrario porque es falso. De la corrección política al revisionismo histórico hay un solo paso y creo que muchos lo dan demasiado alegremente. Pero es que, además, estamos ante una novela de género y las novelas de género tienes reglas internas propias. Si un lector no tiene perspectiva suficiente para leer una descripción políticamente incorrecta de los apaches, quizás no debería leer libros como los míos.
-¿Es imaginario el personaje del jefe apache Chacahuala?
- A medias. El capitán Allande y los dragones de Tucson combatieron a un jefe apache al que llamaron Chiquito. Chiquito era bastante más inteligente que el jefe apache medio y les costó mucho esfuerzo derrotarlo. Algunos historiadores hablan de él como de un gran estratega con una visión global de los acontecimientos. En cualquier caso, no lo sabemos porque los apaches no guardaban registro alguno de su historia. De hecho, los historiadores no están seguros de si Allande y sus hombres mataron a Chiquito o a su hermano. Yo cambié el nombre a Chiquito por Chacahuala porque, a pesar de que algunos de los más fieros y despiadados jefes apaches fueron denominados así, no creo que haya un solo lector español capaz de tomarse en serio a un enemigo con ese nombre.
- ¿Y el personaje del capitán Allande? ¿Cuánto tiene del Blas de Lezo de 'Mediohombre'?
-Bueno, tiene el carácter propio de los militares nacidos en España y enviados a servir a América en el siglo XVIII. Hombres que saben lo que se hacen, que están muy próximos culturalmente a nosotros y que tienen que moverse en un mundo hostil e imprevisible. Eran muy duros porque no podían ser de otra forma. Pero hasta ahí. Lezo es un estratega de gran inteligencia al que se le encomiendan grandes misiones. Allande sólo es un capitán de presidio. Lo envían al fin del mundo con cincuenta hombres, trescientos caballos y un puñado de colonos con bueyes y ovejas. Le piden que combata a los apaches y él lo hace. En unas condiciones que hoy consideraríamos suicidas.
- Hoy en día todos somos muy viajados, tenemos 'googles earths' y todo eso, pero ¿no resulta complicado ponerse en el pellejo de unos españoles sacados de su pueblo y llevados a luchar a un desierto a miles de kilómetros de casa, no?
- Uno de los problemas que yo detecto cuando leo novela histórica es que la mayoría de los autores no captan, construyen y reproducen la atmósfera del pasado. Cualquier atmósfera, real o ficticia. Y no quiero decir con esto que yo lo haga bien, sino que, al menos, lo hago. Compongo un mundo y lo imagino plausiblemente. Echo mucho de menos que otros autores hagan lo mismo y me transmitan una atmósfera y un espacio interesantes. En Tucson, por ejemplo, el sentimiento primario y omnipresente tenía que ser el miedo. Aquella gente vivía pensando que en cualquier momento podían llegar los apaches y raptarlos o matarlos. Lo pensaban porque, de cuando en cuando, sucedía.
- Por un lado, parece que la Historia no interesa mucho a la gente, pero por otro, la novela histórica sigue en auge y 'Mediohombre' fue un éxito de ventas. ¿Cómo interpretas todo esto?
- A la gente que compra 'Mediohombre' y que luego me escribe diciendo que le ha encantado la novela, no le interesa la Historia, sino las historias. Es decir, nos gusta leer libros interesantes que, como decía Idea Vilariño, nos vuelen la tapa de los sesos. Yo trato de hacer eso y si me doy cuenta de que en un momento determinado no lo estoy haciendo, me detengo y rectifico. Ocurre lo mismo con el éxito de la novela negra: nos encantan esas historias pero resulta terrorífico que alguien mate a alguien en nuestra comunidad.
- ¿Algún proyecto en cartera del que se pueda hablar?
-Lo más inmediato es convertir 'Resiste Tucson' en una serie. Ya están muy avanzadas las dos novelas siguientes del ciclo donde profundizo en la vida que miles y miles de españoles llevaron a finales del siglo XVIII en el suroeste de lo que hoy son los Estados Unidos. Intentaron abrir nuevas rutas comerciales e intentaron vivir en paz con los apaches. Unas veces lo lograron y otras no. Me gustaría contar todo eso.