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Nacer en el agua

SALUD

Nacer en el agua

El uso del medio acuático en el proceso de parto se extiende en los hospitales guipuzcoanos. El Hospital del Alto Deba será el primero de Euskadi en colocar bañeras donde las mujeres podrán dar a luz

16.08.10 - 02:09 -
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El diseño clásico de un paritorio, más parecido a un quirófano que a una habitación acogedora para la mujer que está dando a luz, nada tiene que ver con las salas habilitadas en el Hospital del Alto Deba. Dos cuartos luminosos reciben a las parturientas de la comarca, a las que se les atiende con «el máximo respeto» y todo tipo de detalles: desde el color de las paredes, pintadas en un color naranja, hasta la música que pueden elegir para relajarse en ese momento mágico que es el nacimiento de un hijo. Para hacer más hogareño el siempre frío ambiente hospitalario, los aparatos médicos están ocultos tras una cortina y la cama no es un potro ginecológico, si no una adaptada que sirve para todo el proceso del alumbramiento. El único instrumento que está a la vista es la silla de partos, una especie de taburete ergonómico en el que algunas mujeres que así lo solicitan se sientan para dar a luz. Todo está pensado para facilitar el parto natural -aquel en el que no se utiliza anestesia epidural-, para hacerlo «más humano y menos medicalizado», una estrategia sanitaria por la que han apostado los hospitales guipuzcoanos.
El del Alto Deba fue el precursor en habilitar estas salas especiales y también será el primero de toda la red pública vasca en instalar bañeras donde las mujeres podrán dar a luz, un uso muy extendido en Estados Unidos y que algunas comunidades, como Galicia, también han implantado. La clínica arrasatearra, en plenas obras de ampliación, aprovechará la reforma para dar un paso más en su política de respeto al proceso fisiológico del parto. Los nuevos paritorios estarán listos el año que viene. «Cada habitación tendrá su bañera, donde la mujer podrá sumergirse en el momento de la dilatación y, si quiere, hasta la fase de expulsión, siempre y cuando el parto no sea de riesgo», explica Agurne Kortabarria, matrona del Hospital del Alto Deba desde hace más de treinta años.
Las ventajas del agua se concentran principalmente en el momento de la dilatación. Cuando la mujer se acomoda en la bañera, se relaja, lo que permite aliviar el parto, cuenta Kortabarria. El agua, regulada a una temperatura de 37 grados, actúa como una especie de anestesia natural y, aunque no es milagrosa, hace más llevaderas las contracciones, ya que facilita el periodo de dilatación.
Todas estas virtudes fueron difundidas en los años setenta por el médico francés Michel Odent y ahora las han hecho suyas no sólo los centros privados, sino cada vez más hospitales públicos que han tomado conciencia de que hay que hacer del parto un proceso lo más natural posible, con la menor intervención de los médicos, cuando no hay complicaciones que así lo indiquen.
Sólo 15% de parto natural
En el Hospital Donostia hace año y medio que instalaron una bañera, como alternativa para las embarazadas que no quieren anestesia epidural. «Su eficacia está demostrada cuando la dilatación ya está avanzada, a partir de los cinco centímetros», especifica Javier Rey, supervisor de partos del mencionado hospital. La mujer se puede colocar en diferentes posiciones, lo más cómoda posible, y puede salir y entrar a la bañera cuantas veces lo desee, antes de nacer el bebé, momento en el que ya pasa a la cama de partos, donde podrá alumbrar en la postura que ella también elija.
Dice Rey que aún son mayoría las mujeres que optan por un parto con anestesia epidural, un 85% frente al resto, que alumbra a su bebé sin ninguna intervención médica, sólo en manos de la matrona. «No todas son mujeres predispuestas al parto natural -aclara-. Las hay que no pueden ser anestesiadas por algún tipo de contraindicación médica, otras que no llegan a tiempo de la epidural y, las menos, que solicitan dar a un luz de forma natural. A todas ellas se les ofrece la posibilidad de utilizar el agua».
Coni Peris, matrona en la clínica Acuario de Valencia, la única especializada en el parto acuático en España, prefiere hablar del «agua en el parto, que del parto en el agua», porque, especifica, «no es un método» como tal, simplemente «un elemento sencillo y eficaz que favorece que la mujer recupere su instinto biológico y que su sistema neuro-hormonal trabaje para facilitar el parto, con menos dolor, menos analgésico y menos intervenciones médicas».
La maternidad valenciana se abrió en 1992, aunque habían trabajado desde 1981 en un paritorio habilitado en Beniarbeig, a 90 kilómetros de la capital levantina. «Muchas mujeres no son capaces de liberar sus instintos en el entorno tecnológico de los hospitales, y el agua puede ayudarles a conseguirlo», explica Coni.
El nacimiento del bebé en el agua es «un poco casual», agrega la matrona valenciana, porque muchas parturientas prefieren salir de la bañera para dar a luz y otras continúan sumergidas hasta el final del alumbramiento. «En esos casos, el nacimiento se produce con cierta rapidez. El recién nacido está adaptado a la inmersión y entra en un medio que le resulta familiar», asegura Coni. El crío empieza a respirar nada más ser sacado a la superficie y, ya fuera del agua, experimenta el calor humano, entre los brazos de su madre y también del padre.
En Euskadi, esa escena que dibujan desde la clínica Acuario empieza a estar más cerca que lejos gracias a muchos profesionales que han trabajado para que calara la idea de abrir el camino a un parto no medicalizado en Osakidetza. Entre ellos ha estado la parlamentaria Blanca Roncal (PSE), que estuvo al frente del Hospital del Alto Deba entre 1980 y 1990, y responsable también de que en 2007 el Parlamento Vasco aprobara una propuesta para toda la red pública vasca en defensa de unos partos «más humanizados». En las mismas fechas, el Ministerio de Sanidad elaboró una estrategia sanitaria para el parto natural, con recomendaciones que ya se han interiorizado en la mayoría de paritorios vascos. Por ejemplo, la reducción de las cesáreas no justificadas, el rasurado del periné que ya no se practica o las episiotomías que son más selectivas y no sistemáticas.
Otros trabajadores que han jugado un papel importante en este impulso del parto natural fueron los integrantes de Zelaun, matronas y ginecólogos que reclamaron a Osakidetza que pusiera en marcha la estrategia sanitaria. Arantza Lekuona, ginecóloga y subdirectora médica del Hospital Donostia, confirma que el grupo de trabajo ya ha sido creado y que se suceden las reuniones para sellar el documento definitivo. «Hay que tener en cuenta que la asistencia en un hospital pequeño es diferente a la que puede haber en uno de referencia, como es el caso del Hospital Donostia, a donde se derivan todos los partos con algún riesgo, por mínimo que sea -puntualiza Lekuona-. A pesar de todo, se hace un gran esfuerzo para respetar la voluntad de los padres. Es una apuesta irreversible».
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