Gran aficionado al tenis desde niño, Esteban Ruiz (San Sebastián, 1960), que entró en el RCTSS «para jugar», preside el club desde el año 2000. Además de compaginar su labor en el club con su cargo de director de recursos humanos de Osakidetza, también es el principal promotor del Concurso Internacional de Tenis de San Sebastián, que este año celebra su edición número 86. Acaba de regresar del Cerro del Espinar, donde presenció el Open Castilla y León. En su caso, placer y deber van de la mano, ya que aprovecha sus experiencias para mejorar el ATP Challenger de Ondarreta.
- ¿Qué tal en el Cerro del Espinar?
- Muy bien. Hay que reconocer el mérito de los organizadores, porque van por la edición número 25. De hecho, nos invitaron a este torneo hace cinco años y, después de lo que vimos, nos empezamos a plantear la idea de hacer uno en Donostia. Ahora, estamos peor que ellos en lo económico, pero en lo deportivo estamos bastante igualados. De hecho, la mitad de los tenistas que fueron al Cerro del Espinar estarán aquí. Además, veremos un tenis más bonito, porque allí juegan en una superficie rápida y ver un partido en tierra batida es mucho más atractivo.
- ¿En qué destaca el Challenger de Donostia?
- En que vamos a ver el mejor tenis posible en San Sebastián. Vienen 32 tenistas de los 200 mejores del mundo, algo sólo igualado por Madrid, Barcelona y Segovia. El nuestro es el cuarto torneo más importante de España, algo de lo que todos los donostiarras deberían sentirse orgullosos. Tenemos un campeonato dentro del circuito profesional de tenis. Los que vienen a jugar buscan los puntos para mejorar su posición en el ranking de la ATP, es un torneo ansiado por los profesionales. Antes, aquí se hacía un torneo de exhibición, que es más fácil de organizar, pero difiere mucho del actual, ya que, en el fondo, es una pachanga y nadie se juega nada. En el Challenger hay un serio esfuerzo por ganar, porque se están jugando puntos y clasificaciones.
- Para esfuerzo, el que hacen desde la organización.
- Desde el punto de vista organizativo, este torneo es un pequeño milagro, en el sentido de que no tenemos profesionalizada la gestión del Challenger y que la organización se desarrolla internamente desde el club de forma amateur. Con muy poquitos medios conseguimos sacar un torneo profesional. Desde la junta directiva se busca un carácter más competitivo, oficial y serio que si fuera un partido de exhibición, donde pagas a dos jugadores reconocidos y llenas el graderío sin problemas, pero falta la competitividad y el interés de los jugadores.
- Vamos, que un Challenger tiene mayor valor tenístico.
- Eso es. Hace cinco o seis años trajimos a Albert Costa y Feliciano López para la inauguración de la pista cubierta. El aforo se llenó, Feliciano sacó muy bien y Albert restó fenomenal, pero era una pachanga que duró una hora y media. Ahora podríamos hacer lo mismo, pero nosotros somos fieles a la idea de no pagar a los jugadores. Así, los deportistas buscan los puntos y aumentan el nivel del torneo.
- Torneo que, por cierto, estuvo varios años sin celebrarse. ¿Por qué?
- Porque a finales de los 90 el club pasó por una situación muy delicada, incluso estuvo al borde de la desaparición como entidad deportiva. Posteriormente se dio un periodo de renovación con dos juntas directivas que han sido básicas para que el club haya dado la vuelta. Por poner un ejemplo, el club pasó de tener quinientos socios a más de dos mil. Pero, ante todo, lo que hemos buscado ha sido la calidad porque pensábamos que el club necesitaba orientarse hacia una gestión profesionalizada. Así nació la idea de lanzar un torneo profesional.
- ¿Cuál ha sido la edición más complicada de organizar?
- La primera. Entonces vendíamos un proyecto que no se podía tocar. Vendíamos la capacidad de organizar algo que nadie sabía lo que era. Debemos agradecer a quienes nos apoyaron entonces, porque compraron ilusión. Los del año pasado y este ya han comprado una realidad, porque existía una base tangible.
- ¿Qué consideración tiene la ATP de su campeonato?
- Todos los años entrega un informe al terminar el torneo. Desde la Asociación de Tenistas Profesionales siempre se ha valorado mucho que, para el tamaño de instalación y tipo de torneo que estamos desarrollando, haya tal ilusión por parte de toda la gente que trabaja para que todo salga bien. La ATP destaca las ganas, la voluntad y el interés que demuestran todos los integrantes del club para que el torneo se celebre y mejore año a año.
- Pero no todo habrán sido flores.
- (Ríe) Hemos observado con atención las áreas de mejora que se nos proponen, y nos concienciamos en progresar. Estos tres años hemos mejorado la organización de la zona de ocio, la distribución de los patrocinadores, la organización del staff del club y la instalación, en sentido de aislar la pista central del tránsito de la gente, algo que genera mucho ruido y molesta.
- Hablando de ruido, quien lo está haciendo es Brian Battistone con su raqueta de doble empuñadura.
- ¡Le vimos en el Espinar! La raqueta es curiosa y Brian juega de una forma peculiar, pero no le veo futuro, porque no aporta muchas ventajas en el juego. Tendría razón de ser si posibilitara más precisión o potencia. En Donostia no le vamos a ver.