Llega un musical que es un musical. Sí, ya sé que ustedes pensarán que a ver qué otra cosa podía ser. Pues podía. Y no sería la primera vez que con el reclamo de anunciar un musical, algo que hoy por hoy tiene un gran atractivo entre el público potencial del teatro, se cuela por la puerta de delante algún pastiche que sólo tiene en común con un espectáculo digno el precio de las entradas.
Podrá gustar más o menos 'Mamma mia', se puede decir sin exagerar que es un producto que tira hacia el público adolescente por un lado y, por otro, a los carrozas seguidores del sonido y la estética del grupo sueco Abba. Pues sí, pero contiene elementos esenciales para prestarle atención y, de paso, considerar que ofrecen un trabajo que compensa el manojo de euros de cuesta.
Tiene una buena factura técnica que permite al montaje mantener un ritmo que deja pocos momentos de baja tensión. No es un musical en el que la tecnología tome protagonismo, pero consigue un engrasado mecanismo que habita en la iluminación y en los cambios de escenario y se mantiene en la parte artística. Los movimientos corales son precisos. Aquí todo el mundo, desde la protagonista hasta el último, entran y salen de las escenas con limpieza. A mí eso me gusta, será una manía, pero creo que implica seriedad, gusto por el detalle y muy poca relajación aunque lleven tropecientas funciones. Dicho de otro modo: respeto al que lo ve por primera vez.
'Mamma mia' contiene una historia de esas de final feliz. Una historia que una vez planteada en los primeros minutos el público la hace suya y pasa a un segundo plano. El interés transcurre por otros caminos. Como el impacto que tiene escuchar esas canciones de Abba que a todos nos suenan. Son como himnos a los que quizás no podamos poner ni fecha ni lugar, pero que nos pertenecen. Van llegando y con las primeras notas ya provocan la sonrisa. Aspirina para la memoria.
Las canciones pasan y con ellas la historia de esta chica que desea saber quién de los tres candidatos presentes en el día de su boda es su padre. Y en ese pasar hay un acierto que levanta el ánimo: el bien marcado ritmo de momentos de humor, donde la pareja de actrices que acompaña a Nina se llevan la admiración del público desde su primera escena. Los momentos en los que ellas dos y Nina están juntas son lo mejor del montaje. También participan de ese tono los tres actores que interpretan a los posibles padres de Sofi. Se crea así casi una comedia propia dentro del espectáculo, aportando un componente teatral bien resuelto, algo que suele fallar más de una vez en este tipo de espectáculos. Es éste un elemento que ayuda mucho a pasar un rato entretenido y que puede acabar de convencer a quien no se sienta del todo atraído por la parte en la que canciones y música toman protagonismo.
Porque puede 'Mamma mia' dejar indiferente a quien busque un musical donde las canciones tengan un grado más elevado de calidad. O en el que las coreografías y la alta electricidad escénica contengan más acción. Esta es una historia sencilla contada de una manera sencilla. No hay sorpresas, pero todo funciona correctamente. A falta de espectacularidad, profesionalidad.
Nina hace un buen papel protagonista, aunque tuvo algunos problemas para hacer entender las letras de las canciones. Su personalidad escénica le resta importancia a este problema y le permite hacer de su personaje, Dona, un buen anfitrión de la obra. A su alrededor hay un equipo correcto, con las dos actrices mencionadas como elementos principales del éxito. Por eso, cuando al final todo se convierte en una fiesta discotequera, el público bailó, aplaudió y se lo pasó en grande.