Sucedió en menos de un segundo. El pitón de Opíparo entró por el cuello y salió por la boca del hombre tirando de él hacia el cielo, sacudiéndolo de un golpe seco y certero, como un pelele electrocutado. La cornada le había atravesado el mentón, el paladar y la lengua como si fueran mantequilla y había parado el corazón de medio mundo con un brutal escalofrío que recorría las portadas desde Cádiz a Nueva York. El 21 de mayo, Julio Aparicio tuvo la mala suerte de trompicarse en el ruedo de Las Ventas y la buena dicha de salir vivo del trance, de que aquel colorado no le arrancase la cabeza de cuajo. Ese día volvía a nacer y dos meses después vuelve a los ruedos. Será mañana, en la Plaza de Toros de Pontevedra, con el cartel de 'No hay billetes' colgado en la taquilla, Alejandro Talavante y Daniel Luque en la terna y el ánimo, aparentemente, restablecido.
Enfrentarse a sus propios miedos es uno de los grandes retos del hombre y el pan de cada día para un matador de toros. Algunos, como Aparicio, de 41 años, lo hacen con la tranquilidad del operario que aprieta una tuerca o el oficinista que planta un sello en un folio. Con esa naturalidad se calza el traje de luces antes de matar un toro a puerta cerrada en la finca de Cáceres en la que se ha preparado para su regreso a los ruedos de mañana. Las medias, la taleguilla, la camisa y la chaquetilla (todo salvo el corbatín), iguales a los que le arrancaron los médicos en la enfermería de Las Ventas, son su propia cita con los demonios, aunque la vergüenza torera le haga mirar adelante cuando se le pregunta por cómo la cornada de Opíparo se ha podido convertir para él en «un recuerdo positivo»:
-De todas las cosas se puede sacar algo positivo, y después del percance la vida me ha dado una oportunidad para disfrutar más de lo que más me gusta: torear.
Determinación sin alharacas. Esa es la piel con que se viste desde que saliera del hospital el 4 de junio después de pasar el calvario de la UCI entre la vida y la muerte. Con esa voluntad de salir adelante levantaba la mano en la puerta de la clínica en Madrid, peinado, enchaquetado y con un pañuelo rojo de seda anudado al cuello, tapando el costurón de la garganta.
Sin secuelas
En aquellos días se comunicaba con los suyos por dibujos, papeles escritos y susurros. ¿Podrá volver a hablar? Esa era la pregunta hace dos meses. Hoy no hay trazas de la tragedia en su voz, sí en su memoria. Básicamente, no hay gran diferencia entre el Aparicio que cortaba las dos orejas a un toro en Nimes (Francia) en vísperas de la cornada y el de hoy, salvo que el último disfruta más de todo lo que hace, «sobre todo de torear», cuenta a V.
Su reaparición es la noticia taurina de las últimas semanas, con el permiso de la abolición de los toros en Cataluña, una decisión que supone, a su juicio, «tirar piedras contra nuestras propias raíces».
Ajeno a las tormentas políticas se ha entrenado en el campo extremeño para retomar la forma física, aunque dicen los toreros que se recupera antes la carne que el cerebro, los puntos de sutura que lo que en tauromaquia se denomina 'el sitio' en la cara del animal. «Ante los toros que he matado a puerta cerrada he estado muy a gusto. Muy bien, con mucha motivación e ilusionado con una temporada bien hecha y con un número muy importante de corridas». En concreto, serán 30. La de mañana de Pontevedra, el día 5 en la Feria de La Blanca de Vitoria, el 6 en Marbella junto a Cayetano y Perera a oscuras en la corrida de candiles... «No quiero atosigarme. Es una temporada muy bonita», asegura.
Se ha dicho que la cornada le ha venido bien en la lidia de los despachos del toro, para torear más y cobrar mejor. Hasta 180.000 euros por tarde, se ha escrito. «No me gusta hablar de dinero», responde el matador, que ha calificado estos rumores de absurdos. Treinta 'kilos' por tarde quizás sean demasiados para creerlo, aunque las cosas han cambiado en el apoderamiento de Aparicio, que ha sustituido a Simón Casas (empresario además de Nimes y Valencia) por Javier González.
-¿Qué pasó?
-A Simón le estoy agradecido por la etapa que hemos tenido y lo bien que se ha portado conmigo. Pero en esta fase de mi vida quiero que esté a mi lado Javier González, que ya me apoderó hace dos temporadas. Con él tengo una gran amistad y tiene una proyección importantísima en el mundo del toro. Me ha preparado una temporada con mucho gusto, sabiendo lo que necesito y ocupándose de todo.
Imagen para la historia
Al margen de lo que ocurre con sus contrataciones, su sueño es «torear» y cumplir 25 años de alternativa (le quedan tres) y asegura que no tiene pesadillas, aunque fuera el protagonista de las de los demás tras aquella tarde de mayo. El pitón saliéndosele por la boca ha impactado a los lectores y espectadores de todo el mundo y se ha convertido en una de las fotografías de la historia reciente del toreo.
-¿Le ha sentado mal cómo han tratado los medios de comunicación la imagen? Hubo cierto debate sobre si era demasiado cruda para ser una foto de portada, o si se trataba de un gesto oportunista.
-Creo que los medios os habéis volcado conmigo y estoy muy agradecido. Entiendo que la noticia haya creado esa repercusión.
Recientemente, un periodista le preguntó al matador a qué sabe el pitón de un toro. La entrevista terminó ipso facto. «Todo tiene un límite», advierte su apoderado, mientras que el torero recuerda otras instantáneas que le gustaría guardar en el álbum de su vida: «La faena de Madrid del año 94 fue muy bonita, el día de mi alternativa con el maestro Curro Romero... Fue muy especial».