Aunque nacido en Irun, por razones asociadas al exilio de cierta época, nuestro interlocutor pasó etapas de su vida infantil en Hendaia, donde cursó sus primeros estudios. Luego siguió paciendo en la ciudad de la muga donde está felizmente establecido a sus 51 años de edad. Hijo de Jacky y de María Jesús -ambos fallecidos- Yon Abaigar Marticorena está casado con esa gran muslari que es Encarni Hidalgo y es el aita de Yon Iker (25 años) y Oier (21). Sus hermanos son Fede, Amaia y Arantxa. Informático de formación, siempre se ha dedicado al mundo del transporte, espacio en el que tiene algo más que un importante reconocimiento profesional. Trabajó durante veinte años en Spain Tir, luego en Decoexsa y en Transportes Bidasoa, hasta que en octubre de 2008 se lio la manta a la cabeza y, con sus socios, abrió Pumalink. El fútbol ha sido unos de sus pulmones vitales. De hecho jugó en la Real infantil y también en el San Marcial con 'Bixio' Gorriz, los Merquelanz, Albisu, Kote Oyarbide, Ibarguren, Amezketa, Carrillo y, entre otros, Txemi Aranguren. Siempre como portero, defendiendo también la meta de la selección juvenil de Gipuzkoa. En tiempos de 'mili' estuvo en el Valladolid Promesas. Pero al margen del fútbol, el Alarde de Irun es su gran pasión. Es una persona que te enseña mucho.
-Aúpa Jon, seguro que con ese Abaigar que luces serías el primero de la clase, por lo menos en la lista.
-Pues sí, siempre el número uno de todos, aunque también se me daban bien los estudios.
-Empezaste a darle a los catones en Hendaia, ¿no?
-Sí, en el Sacrée Coeur, donde estuve hasta los diez años con los Mitexo y Garbizu, entre otros.
-Luego, a San Marcial...
-Hasta COU, que me fui al 'Insti'. Hasta entonces estaba con Checho Medina, Alberto Gorriz, Luisja Albisu, Javier Asensio -el del 'Timo', que murió- o con Paco Martiarena.
-Con el tiempo vas cambiando de cuadrilla, como casi todos, ¿no?
-Mantengo las amistades de siempre, pero uno de mis mejores amigos es Satur Ibargoyen, con quien vivo de manera más que entrañable los sanmarciales. Otros grandes amigos son los chicos del mus. Desde hace 25 años y todos los viernes jugamos de pareja Josi Iñarra y yo contra nuestras 'contrarias', Encarni y Maripi Madrid. ¿Que quién gana más? Lo puedo demostrar: el 80% de las partidas, nosotros. Lo cierto es que nos conocemos a tope, lo que a veces nos 'invita' a hacer alguna trampilla que otra.
-¿Háblame de ese informático que nunca ha ejercido como tal?
-Pues te hablo de mí mismo. Terminé mis estudios y Spain Tir buscaba personal con idiomas. Yo domino el francés y el castellano, hablo mucho italiano y me defiendo en inglés. Me cogieron y fui director comercial, así que todos los años me metía entre pecho y espalda de 80.000 a 100.000 kilómetros por toda Europa. Fue una experiencia impresionante, que me sirvió para conocer mucha gente.
-Estás en un sector duro...
-Muy duro y muy difícil, en el que se acusa mucho la crisis. No se funciona con precios reales y, además, las instituciones tampoco colaboran mucho. Con sólo mencionar el tema de los peajes... Estamos en el peor momento de los 30 años que llevo en el sector. Los pagos se alargan demasiado y muchos clientes ya te hablan de los 150 días.
-Hablemos de cosas más guapas. Por ejemplo, del Alarde, tu gran pasión. ¿Qué es el Alarde para ti?
-Es un puro sentimiento, algo que hemos mamado desde pequeños y que nos ha sido inoculado por nuestros mayores. Es algo que nada ni nadie puede romper.
-Sigues en la Tamborrada, ¿no?
-Como redoble y desde 1979. Luego, en el 98, entré en la Junta del Alarde y había que generar dinero para todo. Fue impresionante el trabajo realizado por Beñardo Urtizberea, Eusebio Aguirre, Iñaki Emaldi o, entre otros, Javier Iriarte. Nunca olvidaré el apoyo que nos prestaron diferentes firmas para la confección de carteles o programas.
-Total, que el Alarde te enamora, y te has convertido en una gran estudioso del fenómeno.
-Mi trabajo me sirvió para tener contactos por todo Europa, así que tengo un gran conocimiento sobre el tema. El primer mensaje me lo transmitió mi hermano Fede desde Gerpinnes, en Bélgica. Me hizo saber que allí había un Alarde con tamborrada, infantería, artillería y cantineras. Los mismos elementos que en el nuestro.
-¿Curioso, no?
-Mucho. Además, en casi todos los casos las cantineras son chicas que dan de beber a la tropa, a la par que se constituyen como el único elemento femenino del Alarde. Lo he dicho muchas veces: en Irun y en Hondarribia no estamos solos. Y te hablo de otros Alardes donde hay tambor mayor, cabo de hacheros y pífanos, sustituídos en ocasiones por flautas traveseras.
-¿De qué países hablamos?
-De Holanda, Bélgica, Suiza, Italia o Escocia, donde hay una escuadra de hacheros que se llaman 'Los hacheros de la muerte'. También te hablo de México, Uruguay y Brasil, lo mismo que de Rusia, de donde tengo un documento con unos hacheros vestidos totalmente de negro, con sus morriones y sus trajes.
-Hablas de imágenes, ¿cuántas tienes ahora mismo?
-Más de cinco mil. También estoy recopilando música de esos Alardes con la idea de publicar un CD.
-Si no te pregunto por Quique Escalante, no hay entrevista...
-Fue un gran amigo y un gran artista con quien realicé los primeros programas de nuestro Alarde. Tras su fallecimiento quise unir su gran pasión por el Alarde y su gran afición por la fotografía y creamos su Memorial. Mira, recuerdo que siempre, después del 'Joló', nos escapábamos unos minutos y brindábamos, mirando al cielo, por la gente que nos faltaba. Ahora lo hago con otro gran amigo suyo y mío, el doctor Juanjo Martínez, que desfila como hachero.
-Que recuerdo más bonito, ¿no?
-Para recuerdo emotivo, la del I Memorial, cuando su esposa Sara y sus tres hijas entregaron los premios. Ese día se me acabaron las palabras.
-¿...?
-Satur, que es un buen amigo y con quien como -con las familias- el día del Alarde, me echó algo más que una mano. Con él también he pasado días inolvidables. Por ejemplo, el día que su hija Leire salió de cantinera. Satur y yo fuimos sus acompañantes en un ensayo. Fue genial.