Considerado en su día como la 'Capilla Sixtina de la pelota' y convertido en la actualidad en una descarnada y ruinosa sombra de lo que fue, el frontón Beti-Jai, el único que queda en Madrid, está cada vez más cerca de recuperar el esplendor de comienzos del siglo XX, cuando el 'sport vasco' causaba furor en la capital. No en vano, el frontón más castizo de España -se encuentra ubicado en el exclusivo barrio de Chamberí, junto a la Castellana- y el único de finales del siglo XIX que se conserva en el mundo, cuenta ya los días que le quedan para ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de monumento; la misma calificación que tiene, por ejemplo, la catedral de Burgos.
Y es que la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid ha incoado ya el expediente de dicha declaración que, de no recibir alegaciones, se resolvería en el plazo de un mes. Este documento sentaría las bases para la rehabilitación y recuperación de su valiosa arquitectura neomudéjar, lo que permitiría salvar el edificio del abandono de sus propietarios -la empresa Tarcosul Gestión SL, con sede en San Sebastián-, que ni se han pronunciado al respecto ni han buscado soluciones para rehabilitar el edificio. Este periódico contactó ayer con uno de sus socios, que declinó hacer «ninguna declaración a la Prensa».
Plataforma salvadora
Esta desidia fue, de hecho, la que puso en pie de guerra a un grupo de pelotaris, arquitectos y vecinos de Chamberí que, agrupados en la plataforma 'Salvemos el frontón Beti-Jai' llevan años luchando para evitar la lenta agonía del recinto. Desde sus inicios, el colectivo ha venido denunciando su preocupación por el ansia especulativa en Chamberí, donde el metro cuadrado de los pisos de nueva construcción se cotiza a más de 5.000 euros, un cifra que sólo se supera en el también exclusivo barrio madrileño de Salamanca. Un goloso 'pico' que, según la plataforma, podría haber empujado a los propietarios a dejar morir el frontón para declararlo en ruina y obtener pingües beneficios con nuevas construcciones.
Esta sospecha encontró fundamento a finales de 2005, cuando la Comisión de Patrimonio del Colegio de Arquitectos de Madrid denunció que el edificio estaba a punto de ser convertido en un hotel. La sociedad propietaria del inmueble se proponía levantar un nuevo edificio, cuyo anteproyecto había sido diseñado por Rafael Moneo.
Fue entonces cuando la Asamblea de Madrid aprobó por asentimiento una iniciativa del grupo socialista, enmendada por el grupo popular, en la que instaba al Consejo de Gobierno a apoyar la restauración y conservación del frontón Beti-Jai (...) y destinarlo a usos» que fueran «compatibles con su valor estético». Entretanto, el Ayuntamiento denegó la descatalogación del inmueble, requisito previo a la construcción del hotel. No obstante, ni la Asamablea ni el Ayuntamiento se 'arriesgaron' entonces a expropiar el edificio para hacer efectiva su protección.
Con la declaración activa de Bien de Interés Cultural, el frontón Beti-Jai se alejaría al fin de la especulación y sus actuales dueños tendrían que acometer las reformas necesarias para la conservación de la finca.