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«Con siete años tocaba el piano para mis peluches y luego saludaba»

Judith Jaúregui, Pianista

«Con siete años tocaba el piano para mis peluches y luego saludaba»

La donostiarra, que lleva una carrera imparable, afronta la grabación de su primer disco

30.06.10 - 02:53 -
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Tiene 25 años recién cumplidos y parece haber nacido para la música. La intérprete donostiarra pertenece por derecho propio a la que está considerada la generación de pianistas españoles más brillantes de los últimos años. Su nombre es ya habitual en festivales como el de Granada, la Quincena Musical o la Roque d'Anthéron y acaba de finalizar la grabación de su primer disco en solitario, un tributo a Schumann que, sin duda, dará mucho que hablar. Hemos charlado con ella sobre la vida de una joven consagrada al piano.
- Acaba de cumplir 25 años y su nombre aparece en todas las listas de los mejores músicos españoles. ¿Aspiraba a esto cuando decidió ser pianista?
- Me hace mucha ilusión que se reconozca mi trabajo, pero no me conformo con destacar como una joven pianista. Quiero llegar mucho más allá, a vivir toda mi vida de esto y a seguir estando ahí con 50 y 60 años. toda mi vida.
- Para llegar a tener este nivel, ¿ha llevado una vida muy diferente a la de otros chicos de su edad?
- Hay cosas de este trabajo que obviamente son distintas a otras profesiones que tienen mis amigos. Esto es más sacrificado, necesitas más tiempo de estudio, los domingos no existen. pero tengo que reconocer que todos tenemos algo en común. Queremos llegar a algo, tenemos unos objetivos profesionales y ponemos toda nuestra ilusión y nuestra fe en ello. Pero mentiría si no reconociera que la música es más sacrificada.
- Hagamos memoria. ¿Cómo recuerda su niñez?
- Yo, la verdad, es que fui una niña muy feliz. Mi familia no me presionó en ningún momento para que hiciera esto, era yo la que quería tocar el piano. Mi profesor, Laurentino Gómez, también tuvo que mucho que ver. Yo estaba en un grupo de niños que estudiábamos con él y nos llevaba a tocar a un sitio y otro, así que con 5 años ya estaba dando conciertos, pero para mí era algo muy divertido, y que asocio, por ejemplo, a unas merendolas estupendas. Nos lo pasábamos genial. Un par de años después, mi madre me sorprendió en mi habitación tocando el piano con todos los peluches colocados en el suelo, sentados frente a mí. Yo les tocaba y les saludaba como si fueran mi público. Toda esa época, desde los 5 hasta los 14 años, fue maravillosa.
- ¿Y la adolescencia? ¿No sintió en ningún momento ganas de dejar el piano?
- Lo cierto es que no, aunque supongo que viví esa época, como todos, con momentos difíciles. Lo que ocurre es que en mi caso terminé la carrera muy pronto, con 17 años, y no tuve casi tiempo ni de pensar. Además, yo no era de meter muchas horas al piano, así que pude compaginar la vida normal de una chica de esa edad con el piano. Y hay que añadir otra cosa; con 15 años fui a un curso que me marcó para siempre y fue entonces cuando decidí que quería dedicarme a esto. En ese curso hice muy buenos amigos y con ellos he podido compartir momentos buenos y malos. Han sido un gran apoyo. Me di cuenta también de que muchos pensábamos lo mismo, que si no éramos músicos no íbamos a valer para otra cosa. En esos momentos difíciles es cuando realmente aflora tu vocación.
- ¿Ha variado mucho su vida de entonces con la de ahora?
- En lo básico no. Intento separar las cosas, el trabajo y las aficiones, aunque claro, la música te acompaña siempre. Yo creo que un buen músico debe tener un bagaje social y cultural, tener contacto con la gente y con la realidad. A mí, por lo menos, me ayuda mucho.
- Entonces, ¿no siente que ha tenido que sacrificar muchas cosas para llegar a vivir del piano?
- Soy demasiado optimista para echar la vista atrás y arrepentirme de algo. Siempre me alegro de lo que he hecho. Es cierto que ha habido momentos duros, pero pienso que, en general, he acertado con lo que he hecho. Con 18 años me fui de casa a Salamanca y un año después, a Alemania. Fue un paso muy grande.
- ¿En qué sentido?
- En todos. Recuerdo el día que fui a tocar para mi profesor. Hacía 15 grados bajo cero, llegué helada y cuando le vi, me quedé impactada. Toqué una Sonata de Beethoven y me paró en la primera página. Me preguntó si quería estudiar con él, le dije que sí y nos tiramos tres días dando clase sin parar, a todas horas. Fue un paso muy grande, tanto en el plano profesional como en el personal. Ir a un país así sola, sin dominar el idioma. me pasaba el día encerrada estudiando. Recuerdo aquella época como algo muy intenso.
- ¿Hay un antes y un después de Munich en su vida?
- Sí, a todos los niveles. Aprendí a desenvolverme en situaciones inimaginables, conocí gente muy distinta y me aportó muchas cosas a nivel profesional.
- Una pianista, ¿puede tener aficiones como las deportivas, con las que se es más propenso a lesiones?
- Bueno, yo de niña me rompí un dedo jugando a baloncesto y mi profesor me dijo que anduviera con más cuidado. Yo jugaba a todo y hoy en día sigo llevando una vida totalmente normal. Pienso que puedes lesionarte la mano hasta comiendo.
- ¿Se permite el lujo de coger vacaciones?
- Por supuesto. Pienso que es muy importante, al menos para mí. Hay dos o tres semanas en las que apenas toco el piano; viajo, disfruto de buenas comidas, de la playa, de los amigos. luego cojo el piano con muchas ganas. Vuelvo renovada y fresca.
- ¿Cómo es un día cualquiera de su vida?
- No soy muy madrugadora y suelo desayunar mirando los emails. Después me voy al estudio y estoy unas horas. Paseo y estoy un poco conmigo misma para madurar la música mentalmente, sin tocar. Ahora vivo en Madrid y esto es lo que hago un día que no hay concierto. Cuando tengo que tocar es distinto: viajo, hago la prueba acústica, tengo que estar con los organizadores. y el ritual del día del concierto es siempre el mismo: mucha agua, fruta y chocolate.
- En el trabajo de un músico también hay una parte importante de imagen y marketing. ¿Le gusta?
- Está claro que hay que tener una buena imagen. Yo tengo la suerte de que me viste Pedro del Hierro. Voy a su 'showroom', una oficina en la que tienen el muestrario de la colección de cada temporada, escojo un vestido, lo utilizo para el concierto y luego lo devuelvo. Me encanta su ropa y poder utilizarla lo veo como algo muy natural.
- Va a salir a la luz su primer disco en solitario. ¿Qué supone en su carrera?
- Tener un disco hoy en día es la mejor carta de presentación que puedes tener y más si se distribuye a nivel internacional, como va a ser este caso. Con un disco podré decir dentro de veinte años que fue el primero, por lo que es una manera de crear historia dentro de mi vida. Recoge varias obras de Schumann, estará distribuido por Diverdi y espero una buena acogida. Yo he estado muy cómoda grabando, lo hemos hecho rápido y con un instrumento maravilloso.
-¿Y después?
-Tengo bastantes cosas. A corto plazo, para otoño, daré, sobre todo, conciertos de presentación de este CD en Madrid, Barcelona, San Sebastián y Vitoria.
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