Consenso absoluto. John Wall, el base de la universidad de Kentucky fue el jugador elegido por los Wizards para reanimar su proyecto deportivo, y lo hacen con un talento puro de 19 años sobradamente preparado para despuntar en la mejor liga del mundo desde el primer minuto.
Sus credenciales son casi inmejorables. Líder carismático de un potente equipo que se quedó a las puertas de la Final Four de la NCAA, ha acreditado 16,6 puntos, 6,5 asistencias, 4,3 rebotes y 1,8 robos de balón por actuación en su año de estreno universitario, dejando boquiabiertos a todos los General Managers de la NBA.
Instinto, rapidez y explosividad son los atributos más utilizados para describir su juego por los técnicos que le han visto en acción. Claves que cuadran a la perfección para poder triunfar en la Liga más exigente del mundo.
Su físico está preparado para ello. Mide 1,89m, pesa 89 kilos, y su envergadura es de 206 centímetros, proporcionalmente muy superior a la de su estatura, una ventaja para robar balones o taponar tiros. Por si esto fuera poco, sólo presenta un 5,6% de índice de grasa corporal, y en las pruebas de salto de los entrenamientos pre-draft registró marcas sobresalientes. Sobrepasó los 76 centímetros en parado y rozó los 100 en su máximo brinco, con la ayuda de un paso previo.
Todos los registros que acreditó Wall fueron también testados por Sports Science Group, un programa televisivo que entre otras cosas evalua los topes físicos de las máximas estrellas del deporte. Los resultados fueron inmejorables. Su capacidad de reacción impresionó a propios y extraños, pero es que las marcas conseguidas con el balón bajo su control fueron casi iguales. En resumidas cuentas, su capacidad de reacción con la bola fue superior a los guarismos conseguidos por Durant sin balón, corrió la pista más rápido que los bases Chris Paul y Deron Williams, su salto vertical superó al de Kobe Bryant, y demostró poseer una visión periférica más amplia que Steve Nash, además de adornarse con gestos técnicos ejecutados de forma brillante.
Un final feliz
La madre de John Wall lloró emocionada la elección de su hijo. Más de un año antes, el joven jugador era citado para testificar sobre un allanamiento de morada en el que se vió implicado con unos amigos. Tras el revuelo mediático que supuso para su prometedora carrera, prometió a su padre centrarse en los estudios y llegar a jugar a en la NBA. A pesar del fallecimiento de su progenitor, John ha alcanzado su sueño, e incluso antes de su elección en el draft aseguró el futuro económico de su familia tras firmar un contrato multianual con una conocida marca de zapatillas a razón de cinco millones de dólares por año. Su futuro dentro de la élite del baloncesto está casi asegurado, pero falta por cumplir su segunda promesa de completar sus estudios universitarios que a buen seguro su madre le recordará.