Tengo que confesar que se me olvidó hacerle una pregunta a Peio Ruiz Cabestany. Una cuestión lógica en un deportista-aventurero que siempre encuentra nuevos retos a los que hacer frente: «¿has volado en globo?».
La respuesta sería que sí, qué también. El ex corredor nacido en Donostia (48 años), con una larga trayectoria en el mundo profesional, ya lejana, se ha embarcado en otro sarao: las 24 horas de Le Mans sobre patines, que comenzarán el sábado a las 4 de la tarde en el circuito de velocidad -que tiene 4,1 kilómetros de longitud- de la ciudad francesa y terminarán el domingo, a la misma hora. Rodarán por subidas míticas como la cuesta Dunlop.
«Sabía patinar, pero no tenía ninguna técnica. Tengo fuerza, pero de técnica no controlaba nada. Patinaba los fines de semana. En el Txuri había unos cursos de técnica sobre patines que daba Nico y a ellos me apunté. De ahí llegué a un grupo que andaba sobre patines y con ellos voy a Le Mans», nos comenta.
El equipo Txuri Donosti-Roller lo iban a componer diez patinadores, que finalmente serán nueve puesto que la única componente femenina del grupo se ha roto la clavícula y no pueden sustituirla: «Estoy un poco nervioso. Esto es algo nuevo para mí». Tendrán que dar vueltas durante 24 horas, turnándose, y el reglamento permite entre seis y diez patinadores: «Queríamos ir diez para tener más relevistas. La salida se dará en el mismo lugar y de la misma forma que en las motos. Los patines estarán al otro lado y los patinadores tendrán que ir corriendo hasta ellos descalzos. Siempre tiene que haber alguien del equipo en la pista. Lo máximo que puedes estar sin rodar creo que son tres horas».
Cada vuelta al circuito dura diez minutos y es un esfuerzo muy repetitivo, «para cuando vuelves a la pista pasa hora y media. Tendremos dos chips que avisan a los organizadores que siempre hay alguien en la pista. Ir a rueda de otro influye mucho. Es como la bicicleta, hay que controlar a los rivales».
Aspiran a ganar la clasificación de veteranos, «para la que puntúan cinco patinadores porque la otra general es inasumible. ¡Habrá 10.000 patinadores!» Los patines son especiales, preparados: «Las ruedas son de cien milímetros, mínimo. Las que menos, de 80 u 85 milímetros. El botín del patín es más pequeño que uno normal y el máximo de milímetros que puedes llevar es de 120. Vas bastante elevado del suelo, te cuesta más esfuerzo, coges más velocidad. Yo llevaré unas ruedas de 105 milímetros».
Peio Ruiz Cabestany ha hecho de todo. El ciclismo profesional le dio fama, pero también ha sido un buen esquiador de fondo, ha corrido a pie, ha completado triatlones, ha navegado en piragua, ha estado en el Polo Norte haciendo travesías, en Marruecos recorriendo el desierto en mountain-bike.
«Al final, son deportes que se complementan. Corrí un triatlón el año pasado, en Calella. Sólo tenía un objetivo, ganarle a Luis Enrique - ex jugador del Real Madrid y del Barça- y le gané». También ha hecho varios triatlones blancos, esquí, carrera a pie y bicicleta. Ahora lleva la gerencia del Txuri (Palacio de Hielo), también tiene un restaurante, un viñedo -con una producción pequeña, según dice- ha escrito libros, ha estado en programas de televisión de esos que se llaman rosas, ha corrido carreras de montaña a pie.
«Voy por fases. Por ejemplo, me tiro tres meses preparando el maratón de Nueva York. Luego, me pongo a patinar. Cuando lo dejo cojo la bicicleta, luego corro a pie. Con los patines he tenido que meter horas de técnica, a pesar de que siempre había patinado. Tenía fuerza, pero me costaba salir. He conseguido economizar esfuerzos, rentabilizar mis energías».
Dice Peio que «el músculo tiene memoria y si lo trabajas, el esfuerzo que hace queda». Ha pasado mucho tiempo, casi treinta años, desde que Peio Ruiz Cabestany irrumpiese en el mundo del ciclismo, en la pista, de la mano de Jaime Ugarte, donde llegó a ser campeón de España, -también lo fue en la crono por equipos -o desde que devoraba las bandejas de pasteles que Patxi Alcorta le llevaba a la Vuelta a Navarra. Entonces y ahora tenía eso que se llama facultades, lo que le permite seguir compitiendo, en los más diversos deportes, a una edad en la que los médicos recomiendan 'una práctica moderada del deporte'.