Nuestro protagonista no se lo pensó dos veces a lahora de decidir qué hacer con sus días de vacaciones. Txema Larrinaga es trabajador del Ayuntamiento de Hondarribia y quería ir a Kenia con la excusa de ver un rally y para traer material gráfico y supervisar la construcción de un dispensario en Limuru, un pueblo de la región de Rekwa. Con esta acción, dirigida por la Fundación Buruntza de Irun y financiada por el Ayuntamiento de Hondarribia con 6.400 euros, se quiere crear un pequeño ambulatorio que pueda contar con un médico, dos enfermeras y dos auxiliares que cubra las necesidades sanitarias básicas de la población.
Con la construcción del edificio en sí, el proyecto ya ha culminado su primera fase y, antes de traer el equipamiento médico, hay que realizar pequeños remates en el tejado, puertas y ventanas así como realizar la instalación eléctrica. Txema Larrinaga trabaja en la iluminación pública de Hondarribia, por lo que se desplazó hasta el país africano para asesorar a los misioneros claretianos, religiosos encargados del proyecto, en temas de electricidad.
El 'fin del mundo'
Txema pasó veintiún días del mes de mayo en Kenia y para llegar hasta Nairobi, la capital de país, tuvo que coger tres aviones. El rally finalmente se suspendió porque se trataba de la época de lluvias y es que como comenta el hondarribitarra «si lo llego a saber igual ni voy porque era como si alguien hubiera abierto el grifo, no paraba de caer agua durante la mañana, la tarde y la noche». Esto hizo que las carreteras se embarraran y que el grupo de misioneros con el que se movía en coche tardara tres horas en recorrer treinta kilómetros.
A Txema le impactó lo que encontró el primer día que llegó al poblado: «Fue como llegar al fin del mundo multiplicado por tres porque allí no hay nada de nada, es desgarrador», comenta. En la zona donde se está construyendo el dispensario no hay apenas núcleos urbanos y las casas, construidas con adobe, barro y bidones, estás dispersas en amplias áreas de montaña.
La situación de las familias y sobre todo de los niños es muy complicada. La keniata es una «sociedad machista» y el hondarribitarra se encontró «con muchos problemas de sida y con pequeños huérfanos de padre y madre».
Experiencia personal
En Kenia se hablan inglés y varios dialectos del swahili por lo que, para comunicarse, Txema tenía que recurrir a sus conocimientos básicos y sobre todo a gestos. Al voluntario le hacía ilusión llevar la bandera de Hondarribia y en cuanto la sacó recuerda que «todos los niños se sorprendieron y preguntaban qué era. Cuando les pude decir que era de mi pueblo, de mi 'city', no dejaban de besarla en agradecimiento».
El pueblo de Limuru está situado a 3.000 metros de altitud y, antes de ir, Txema se vacunó y tomó medicamentos contra todo, desde la fiebre amarilla hasta el tétanos pasando por la meningitis o el paludismo. No obstante, todo eso no le sirvió para evitar la picadura de una araña que se coló a través de la mosquitera que rodeaba su cama. «Fue el primer día y lo pasé muy mal porque tenía unos picores que me quería morir, recuerda». El farmacéutico del pueblo acertó a la primera con el diagnóstico y, gracias a ello, el hondarribitarra comenzó a recuperarse. La semana pasada todavía le quedaba piel muerta en las manos pero para estos días ya está «a pleno rendimiento».
Txema se ha quedado con ganas de más y espera «volver en 2011 para quedarse otro mes» e invita a a que nos concienciemos porque «con poco que hagamos aquí, para ellos es una montaña de ayuda».