Juan Martínez de Irujo arrolló 22-6 a Patxi Ruiz ayer en el Astelena de Eibar y jugará contra Xala el domingo 20 su quinta final del Manomanista de Primera. Resta por decidir el escenario del partido por la txapela, el Atano III de San Sebastián o el Ogueta de Vitoria. El recinto donostiarra parecía mejor colocado en las quinielas, pero no descarten la opción del frontón gasteiztarra. La solución, hoy.
Patxi Ruiz saltó a la cancha de la catedral con una camiseta azul en cuya espalda no figuraba su nombre. Fue una premonición. Sólo existió un nombre en la semifinal, el de Juan Martínez de Irujo, muy superior.
El partido nació cojo y murió cojo. Era tal la confianza de los apostantes en Irujo que los corredores colocaron pocas papeletas. Para ello necesitaron unos momios de 20 a 100. Antes de ponerse en juego la pelota, cantaban y miraban al público para captar la atención de alguien. Siete u ocho tantos después, dieron la espalda a los espectadores para mirar sólo a la cancha. Habían terminado su trabajo.
Patxi Ruiz no se escudó en el material para justificar la derrota, pero habló de pelotas exageradas. Uno tiene la impresión de que en la actualidad existe una diferencia enorme entre ambos pelotaris, de que uno vale veintidós y el otro, bastante menos.
Irujo resolvió en poco más de media hora, concretamente 31 minutos, y 142 pelotazos, pocos. Le bastaron. Desplegó, sobre todo, su arsenal ofensivo. El defensivo quedó aparcado para ocasiones en las que atraviese mayores dificultades.
Sacó largo con una precisión que llama la atención. No le importó correr el riesgo de cometer falta por pasar de la raya del siete. Ya lo ha hecho otras veces con similar resultado. Tiene cogida la medida.
Patxi Ruiz consiguió restar dieciocho de los veintidós saques ejecutados por Irujo. Sin embargo, el de Ibero resolvió a pelota servida. Se apuntó seis tantos con su segundo pelotazo, que casi siempre le dio la iniciativa. Dirigió las operaciones con su saque y le costó poco recuperar el mando cuando le tocó restar, faceta en la que ha mejorado mucho en el transcurso de la competición.
Dejadas y derechazos
El defensor de la txapela alternó la dejada con los derechazos atrás, siempre violentos a medio frontis. Le dio candela e impidió a Patxi Ruiz meterse ni siquiera en el peloteo. Sólo se jugaron dos tantos con más de diez pelotazos. Todo sucedió rápido, sin respiro.
Patxi Ruiz se adelantó en tres ocasiones para restar de aire los saques de Irujo, quien miró de reojo para comprobar lo que hacía el rival. Las precauciones le sirvieron para dirigir el saque a donde le convenía. Dos veces le sacó al ancho y en la otra le cruzó la pelota a la pared izquierda. O le metió el tanto o le obligó a restar con grandísimos problemas para resolver a continuación.
El de Ibero neutralizó cada tentativa de Patxi Ruiz, quien perdió gas y espíritu a medida que avanzaba el choque. Su padre y botillero Jesús trató de levantarle el ánimo. También pidió dos descansos. No surtieron efecto.
Juan Martínez de Irujo ha criticado el nuevo sistema de competición y estas últimas semanas ha insistido en que el campeonato se le ha hecho muy largo, al igual que la temporada de competiciones. Ahora bien, el de Ibero va a terminar el Manomanista bastante mejor de cómo lo empezó.
Ha solucionado sus problemas de manos, ayudado por los quince días de intervalo entre partido y partido. Y tanto la competición como los entrenamientos le han permitido alcanzar ese nivel de juego que le convierte en favorito indiscutible al título, por bien que esté Xala.
La pelota le sale con brillo de su mano derecha, se le ve asentado, confiado en su juego a bote y con las ideas claras. Sus actuaciones ante Oinatz Bengoetxea y Patxi Ruiz atestiguan esa progresión que le ha puesto a las puertas de su cuarta txapela manomanista.
Si el año pasado igualó las tres txapelas de Miguel Gallastegi y Patxi Eugi, otra txapela le equipararía a Atano III y Rubén Beloki. Sólo tendría por delante a tres pelotaris: Hilario Azkarate y Retegi I, con seis cada uno, y Retegi II, con once.
Un repaso a estos nombres sitúa a Martínez de Irujo en su verdadera dimensión manomanista. Y eso que tiene todavía 28 años y le restan muchas temporadas por delante a nada que le acompañe la salud y no le castiguen las lesiones. Da la impresión de que ha alcanzado un punto de madurez que le hace aún más inaccesible para la mayoría.
Hay otro dato revelador: ha ganado veinte de los veintitrés encuentros que acumula en sus siete participaciones en el Manomanista, siempre en la máxima categoría. Sólo ha perdido tres y la vez que menos tantos hizo fue 18, en la final de 2005 ante Olaizola II.