Todos hemos visto esos enormes dinosaurios vegetarianos, de cuatro patas, con el cuello larguísimo y una cabeza minúscula, son los saurópodos, uno de cuyos representantes es nuestro viejo conocido el diplodocus. Confieso, que la existencia de un animal gigante vegetariano me parecía de lo más normal, no veía ningún problema. Pero cuando los científicos hacen sus análisis finos, su existencia resulta paradójica. Me explico: en la alimentación animal hay una regla de oro que dice que cuanto más grande más tiempo tarda en alimentarse. El elefante, por ejemplo, apenas tiene tiempo para dormir; emplea 18 horas cada día para satisfacer su apetito. El profesor Martin Sander de la Universidad de Bonn calculó que aquellos gigantescos dinosaurios necesitaban estar comiendo durante 30 horas diarias, lo que es paradójico. Ahora, en un artículo de la revista 'Biological Review', Sander y sus colaboradores creen que han encontrado una solución al problema, los dinosaurios simplemente tragaban, no masticaban la comida. Masticar hace perder mucho tiempo e impide que los animales que lo hacen puedan alcanzar tamaños gigantes, también exige unas fuertes mandíbulas y una cabeza grande, piense en la cabezota de los elefantes. Sin embargo, la cabeza de los saurópodos es minúscula y con poco peso, lo que era esencial para poder tener un cuello largo, que les permitía sin apenas mover sus 80 toneladas llegar a una gran cantidad de alimento. Una de las comidas típicas de estos animales era la cola de caballo o equiseto -Equisetum arvense- que es extremadamente nutritiva. Sin embargo hoy casi ningún animal la come pues tiene muchos silicatos que actúan como una lija y destrozan los dientes. Pero no tienen demasiada importancia si tragas sin apenas masticar. Parece ser que eso es lo que hacían estos dinosaurios, tragaban rápidamente comida que se depositaba en sus enormes estómagos donde permanecían varios días. Su metabolismo era tremendamente potente. Poseían unos pulmones extraordinariamente sofisticados que les hacía mucho más efectivos que los humanos. Además, en su cuerpo y vértebras había cavidades de aire y un elegante sistema de válvulas que permitía intercambiar gases -expulsar los gases malos y recibir el oxígeno- de un modo muy efectivo, tanto cuando inspiraban cuando expiraban. No deja de ser curioso que el comer rápidamente que es muy malo para nosotros sea la razón que permitió a los diplodocus existir. Este animal sería un buen símbolo de una cadena de fast food.