Atrás queda esa primera incursión al Himalaya de Edurne Pasaban, una jovencita tolosarra de 24 años que junto a sus amigos Emilio González, Juanjo Elola y los hermanos Tito y Jesús Agirre Mauleón compusieron la expedición de Tolosa al Dhaulagiri, embarcándose todos ellos en su primera experiencia en un ochomil en otoño de 1998. No hubo suerte y se quedaron sin cumbre. Pero Edurne no se amedrentó. No contenta con no haber cumplido su objetivo, al año siguiente se fue al Everest. No pudo hacerlo.
Era su segunda expedición al Himalaya y su segundo fracaso. Pero los fracasos dan caché a cada uno, dan experiencia y con ella se iba forjando Edurne Pasaban, que, una vez más, apuesta por el Everest y regresa en 2000. Un año redondo que para ella no resultó serlo, ya que se le negó la montaña más alta del mundo por segundo año consecutivo. Era su tercera expedición al Himalaya y regresó a casa de vacío. Edurne, aprendiendo de las vicisitudes, volvió a insistir.
En el techo del mundo se le abrieron las puertas del camino hacia los catorce ochomiles aunque, evidentemente sin que se le pasara por la cabeza completarlos. Fue el 23 de mayo de 2001 cuando, en aquella ocasión sí que hizo bueno el refrán de a la tercera va la vencida, pisó la cumbre del Everest. Edurne por fin se vino con el Everest. ¿Y si no lo hubiera hecho? «No hubiera pasado nada. Simplemente que no me hubiera gustado volver por cuarta vez al Everest. Si no lo hubiera logrado no lo hubiera vuelto a intentar en un tiempo. Ya había dudado mucho en ir por tercer año consecutivo». Eran las palabras de Edurne después de regresar de su cuarta expedición en la que por fin logró su primer ochomil. A partir de ahí empezaría una larga lista.
En otoño de ese mismo año regresó Edurne Pasaban al Dhaulagiri a intentarlo por segunda vez. Iba a ser su quinta expedición al Himalaya y nuevamente se iba a venir de vacío del Dhaula, así que lo dejó para otra ocasión y también con la opción de hacer bueno el refrán, una vez más, de, a la tercera va la vencida. Pero 2002 iba a ser un buen año para Edurne y hasta 2005 la suerte iba a estar de su parte, cosechando muchos triunfos. El 16 de mayo puso los pies en la cima del Makalu. A su regreso decía que «he cumplido otro de mis sueños en el Makalu. La sensación de cima ha sido mucho más bonita porque me ha costado conseguirla mucho más que la del Everest. EL Makalu me ha llenado mucho más». Era su expedición número seis al Himalaya. Era su segundo ochomil. Y ese mismo año, el 5 de octubre de 2002, en su expedición número siete, logró el Cho Oyu, su tercer ochomil, del que dijo que «técnicamente no tiene ninguna dificultad», si bien reconocía que «el Cho Oyu iba a ser una cima sencilla pero a la hora de la verdad no lo fue tanto», afirmó.
Al año siguiente la racha de Edurne iba a estar marcada por la estupenda buena suerte. Y así los objetivos a los que apuntaba nada más regresar del Cho Oyu, que eran dos, el Lhotse y el G-II, se ampliaron con el G-I. Y de los tres hizo las tres cimas. El 26 de mayo de 2003 se plantaba en la cumbre del Lhotse. En su octava expedición logró su cuarto ochomil. «Estoy muy contenta con la ascensión. Al final a pesar de no ser demasiado bueno, tuvimos suerte con el tiempo. Todo ha ido muy bien aunque he pasado mucho frío en los pies y me agobiaba mucho cuando me pegaba el viento en la cara». En la novena expedición del verano de 2003 iba a hacer doblete. Primero fue al Gasherbrum II, cumbre que hizo el 19 de julio, siendo para Edurne el quinto ochomil. «Hacía mucho frío. También nos ha hecho mucho viento, y en la parte de arriba de la montaña hemos tenido que trabajar duro abriendo huella. Desde luego para mí ha sido una dura ascensión». Y una semana más tarde conseguía su sexto ochomil al pisar la cima del Gasherbrum I, el 26 de julio de 2003. Era el tercer ochomil del año.
La segunda montaña más alta de la tierra fue el objetivo de la décima expedición de Edurne Pasaban. Hizo cima en el K-2 el 26 de julio de 2004 pagando un alto tributo por ello. Fue una expedición en donde el descenso resultó muy complicado, estando al límite de sus fuerzas Edurne. Llegaron tarde a la cumbre y pagaron por ello. Edurne sufrió la amputación de algunas falanges en los dedos de los pies. Aún así, Edurne, como nos contaba, se sentía «muy bien, animada y contenta por hacer la cumbre del K-2». Fue su séptimo ochomil.
Un año después de los difíciles y duros momentos vividos en el descenso del K-2, Edurne Pasaban ponía en marcha su expedición número 11. Y el 20 de julio de 2005 hacía en la cumbre del Nanga Parbat. Para ella, volver al Himalaya después de la vivencia del K-2 era un reto importante. Era volver a reencontrase con las situaciones difíciles que se dan en la montaña. «Volver al Himalaya era comprobar si podía hacer lo mismo que antes». No sólo se dio cuenta de que sí, que podía volver a ser la de antes, sino que se vino con la cumbre del objetivo. El Nanga Parbat, su octavo ochomil.
La expedición número 12 de Edurne no tuvo frutos en el intento al Shisha Pangma en otoño de 2006. La número 13 fue al año siguiente, cuando se quedó a muy poco de la cima del Annapurna en la primavera de 2007. Tras estos dos expediciones sin cumbre, se resarció de éxito en la cima del Broad Peak cuando el 12 de julio de 2007 alcanzaba con ello su noveno ochomil. «Tras dos años sin hacer cima, coronar el Broad Peak ha sido muy importante para mí», señaló Edurne. Expedición número 15. Edurne regresa en otoño de 2007 al Shisha Pangma sin conseguirlo.
Las expediciones 16 y 17 le dieron suerte a la alpinista tolosarra. El 1 de mayo de 2008, lograba el Dhaulagiri, haciendo bueno eso de a la tercera va la vencida, su décimo ochomil. Y así lo contaba en su día. «Comencé a vivir los momentos de cumbre cuando entraba en el corredor final y vi a Iván que alcanzaba la cumbre. Fue entonces cuando comencé a llorar de emoción como una loca. Me tranquilicé y me dije a mí misma que todavía quedaba como media hora para llegar, así que poco a poco fui ganando los últimos metros hasta fundirme en un abrazo con mis compañeros. Fue realmente bonito y emotivo». Ese mismo año, el 5 de octubre, lograba el undécimo ochomil en la cumbre del Manaslu. Al término de la ascensión nos decía que «la perseverancia ha tenido su premio. Han sido quince días de espera y al final en este deporte, el saber esperar y tener paciencia es muy importante. Nosotros hemos sabido aguantar y esa paciencia se ha visto correspondida con la cumbre». Ya sólo le quedaban tres ochomiles: el Kangchenjunga, el Annapurna y el Shisha Pangma.
Expedición número 18. Edurne Pasaban logra la cumbre del Kangchenjunga el 19 de mayo de 2009. Era su duodécimo ochomil. Inolvidable para ella. Inolvidable para todos. Exhausta, sin fuerzas, sus compañeros se desvivían en sacar de aquél infierno blanco a la alpinista tolosarra. Entre todos sus compañeros de 'Al filo de lo Imposible' lo consiguen rayando lo imposible. Fue un descenso complicadísimo, el peor que ha sufrido en sus carnes la montañera guipuzcoana. «Hubo un momento en que mi cuerpo dijo basta. Soy una persona fuerte pero estuve a punto de rendirme. Cuando salí del campo IV y bajaba al campo III en un momento dado de repente tiré la mochila y dije ¡basta ya! ¡No puedo más! Dejadme aquí. Quiero quedarme aquí». Afortunadamente, nadie le hizo caso y consiguieron que bajara. Terrible Kangchenjunga. Todavía en otoño del pasado año se fue a intentar por cuarto año consecutivo el Shisha Pangma. Una vez más, en lo que fue su expedición número 19, el Shisha dijo no. Pero ayer se tomó la revancha.