El antropólogo Ritxar Bacete es miembro de la iniciativa Gizonduz, que impulsa Emakunde, dirigida a promover la concienciación e implicación de los hombres en pro de la igualdad entre hombres y mujeres. Ayer ofreció una conferencia sobre la 'Corresponsabilidad de los hombres en el trabajo doméstico y de cuidado de personas', dentro de las jornadas por la igualdad, que organiza la Asociación de hombres 'Berdinbidea'. El ponente sostiene que en el plano teórico existe una posición favorable mayoritaria de los hombres a favor de la igualdad, pero que su implicación real es todavía insuficiente.
- Actualmente ¿En qué medida colaboran los hombres en las tareas domésticas y de cuidado?
- Desde hace ya varios años, y gracias a los aportes del feminismo a las investigaciones sociales, se están realizando cada vez más rigurosos estudios sobre los usos del tiempo. Según datos del Eustat correspondientes al año 2008, los hombres dedicamos diariamente a cuidar personas del hogar, ya sean menores o ancianas, 1 hora y 41 minutos, mientras que las mujeres emplean 2 horas y 18 minutos. En cuanto a las labores domésticas, en 2008 las mujeres emplean en las labores domésticas 3 horas y 33 minutos. 2 horas y 4 minutos más que los varones. Otro dato significativo en relación a la participación de los hombres en el cuidado, nos lo aporta el número de hombres que comparte el permiso de maternidad. En el año 2009, en el País Vasco lo hacían solamente el 3,37% de los varones y en Navarra el 3,82%, mientras que la media del Estado se situaba en el 1,60%. De este modo, podemos afirmar que los trabajos de cuidado en nuestra sociedad siguen siendo fundamentalmente cosa de mujeres.
- Algunos hombres comienzan a aceptar el trabajo doméstico como una de sus responsabilidades. ¿El cuidado de personas es aún una labor inasumida?
- Hay que tener en cuenta que nuestra sociedad se encuentra inmersa en una importante transformación, protagonizada fundamentalmente por las mujeres. La significativa (pero aún insuficiente) incorporación de las mujeres al ámbito político, académico y económico en las últimas décadas, ha supuesto un cambio de gran calado en la estructuración de nuestra sociedad. Pero este esfuerzo de la mitad de la población no ha venido acompañado por una incorporación equivalente de los hombres en los trabajos domésticos y de cuidado, lo que supone una carga para las mujeres, que tienen que soportar en muchos casos, dobles y hasta triples jornadas. A modo de ejemplo: del año 2003 al 2008, el tiempo dedicado por los hombres a los trabajos domésticos ha aumentado únicamente en 4 minutos, por lo que tendrían que pasar más de 300 años para alcanzar la igualdad y la corresponsabilidad en este ámbito.
- ¿Cuál sería el camino a seguir para no demorarnos 300 años?
- La sensibilización y la formación es la llave para el cambio de comportamiento. Por lo que plantear medidas específicas para que los hombres aumenten su concienciación a favor de la igualdad de sexos, facilitará un mayor avance en el cambio de los patrones socioculturales. No es un camino fácil, ya que una mayor implicación de los hombres en los trabajos domésticos y de cuidado, conllevan necesariamente una menor disponibilidad de capital simbólico, pero también de tiempo para ejercer el poder y disfrutar de los privilegios que seguimos teniendo. Tal vez, el camino pase por demostrar que no hay que temer la pérdida de privilegios ya que, con el cambio podemos ganar en calidad de vida. Otro de los elementos importantes puede ser desnaturalizar los repartos de tareas dentro de la pareja, y realizar nuevas negociaciones que lleven a un nuevo pacto para el reparto de los trabajos en el ámbito privado.
- ¿Están las nuevas generaciones más abiertas al cambio?
- Como decía Quino en una de sus viñetas, los jóvenes no son «el acabóse», si no «el continuóse del comenzóse de ustedes». Es decir, las nuevas generaciones no son ni están ajenas a las dinámicas y tendencias mayoritarias, y hoy en día se siguen reproduciendo en una parte importante de la juventud pautas y modelos de la masculinidad hegemónica y de le imposición del sexismo como pauta estructurante de las relaciones humanas. En todas las generaciones encontramos resistencias al cambio, pero también oportunidades. El gran reto de las nuevas generaciones está en consolidar los avances, liderar nuevas propuestas igualitarias y superar el espejismo de que todo está conseguido en materia de igualdad.
- ¿Cómo convencer a un hombre de su responsabilidad en las tareas del hogar?
- El debate fundamental está en la idea de la justicia: la corresponsabilidad no es una opción más, sino que debe ser la condición 'sine qua non' en las relaciones entre mujeres y hombres. Tal vez, la mejor forma de convencer a un hombre es reforzar y visibilizar otros modelos y referentes de masculinidad, de hombres cuidadores y pacíficos, lo que vendría a suponer el desmantelamiento y cuestionamiento de los modelos tradicionales, para dar paso a nuevos paradigmas identitarios, más abiertos, menos heterocondicionados, más reflexivos, menos fuertes, más cobardes, menos violentos.