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«La novia quiere su vestido, no el mío»

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«La novia quiere su vestido, no el mío»

Isabel Zapardiez Diseñadora de alta costura. La creadora donostiarra presenta hoy en Cibeles su colección de vestidos nupciales, inspirada en los años cincuenta con evocaciones egipcias

06.05.10 - 02:19 -
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Los principales diseñadores españoles se dan cita, desde hoy y hasta el domingo, en Cibeles Madrid Novias. Junto a los afamados Joaquím Verdú, Javier Arnaiz, Hannibal Laguna, Javier Larrainzar y Modesto Lomba, entre otros, figura una mujer vasca: Isabel Zapardiez que, por tercer año consecutivo, se ha abierto un hueco entre los 'popes' de la moda nupcial. A las doce en punto de este mediodía, la donostiarra presentará quince creaciones. Como en anteriores ediciones, el desfile lo abrirá Teresa Baca, la modelo a la que Zapardiez confía cada año los vestidos más espectaculares de su colección.
En los días previos a la gran puesta en escena del trabajo desarrollado durante meses, Zapardiez ha abierto a DV las puertas de su 'atelier', situado en pleno centro de San Sebastián. Y es que, a sólo unos pasos de la catedral del Buen Pastor, en un primer piso, la diseñadora tiene un salón de moda a la antigua usanza al aunar en un mismo local el lugar destinado a recibir y escuchar a las clientas, el probador, la sala de corte y la de confección. Este esquema responde a la vocación y el empeño de esta diseñadora: «Volver al origen, a la alta costura, a los talleres que desaparecieron en los años sesenta y setenta por el auge del prêt-à-porter».
Las quince 'novias' que hoy se pasearán por Cibeles vestidas por la donostiarra mostrarán unas creaciones inspiradas en los años cincuenta». Los volúmenes tubulares propios de esa época se enriquecerán con evocaciones egipcias, una civilización cuya riqueza de detalles le fascina. «Voy a presentar una mujer grandiosa, fuerte, como Isis, la diosa de la maternidad», comenta esta madre de dos hijos que no renuncia a un tercero. «Va a ser una colección muy fantasiosa. La gente ya no se casa por necesidad, por imposición. Se casa porque quiere y, por tanto, hoy las bodas tienen mucho de fantasía», reflexiona.
A la hora de recibir un encargo, Isabel Zapardiez se encuentra con dos tipos de clientas. «La que viene con una idea muy clara, y mi misión es interpretar lo que quiere, y la que no sabe por dónde tirar. Cuando esto ocurre hablamos mucho, me intereso por cómo va a ser la boda, sus gustos, sus aficiones...». Y es que las creaciones para un desfile «son cien por cien Isabel; pero cuando se trata de un encargo, el cincuenta por ciento es de la cliente. Lo que yo quiero -resalta- es conseguir el vestido más personal en el sentido de que la novia debe sentirse cómoda con él. Se trata de que lleve su vestido, no el mío».
Este planteamiento de partida no impide que sus creaciones se caractericen por la pureza de tejidos -gasas, muselinas, organzas y tules de seda natural- trabajados mediante drapeados y plisados. Y todo ello enriquecido con brocados, nácar o aleaciones de plata y estaño, Lo 'vintage', otra característica de sus modelos, estará muy presente en Cibeles. A Isabel Zapardiez le pierden las antigüedades. Por eso aprovecha los viajes, sobre todo los que hace a París, para husmear en los anticuarios y hacerse con todo aquello que llama su atención, ya sean puntillas, cuellos o cinturones. «Desmonto viejas pasamanerías y las recoloco en nuevos vestidos», detalla.
«Corto todos los vestidos»
Esta minuciosa tarea encaja a la perfección con la vocación artesana de su 'atelier'. La diseñadora dirige y realiza personalmente todas las fases que dan lugar a modelos exclusivos y personalizados. «Primero dibujo el vestido, luego se confecciona en tela de algodón para pulir los detalles. Después, lo corto yo misma ya en la tela elegida y después se cose», resalta.
Vendedora, además de creadora, la donostiarra se niega a decantarse por un tipo de novia. «Me gustan todas, desde la muy clásica hasta la 'mega alternativa', porque también he hecho vestido de novia para una chica 'gótica'», asegura. Por eso, a la hora de inspirarse se fija más «en la personalidad, en el carácter de la persona que en su físico. El físico -añade- dice muy poco. La forma de hablar, de mirar, de vestirse delatan mucho más a la persona».
En cuanto a colores, la diseñadora lleva a Madrid «toda la gama de blancos y rosa 'vintage', enriquecidos con adornos platas y dorados». ¿Con cola o sin cola? «Depende del sitio, pero una boda es un buen momento para llevarla». ¿Velo o cabeza descubierta? «El velo me gusta mucho para las bodas religiosas dentro de iglesias; si son en el campo, el velo amantillado o la mantilla de blonda. Para las ceremonias civiles, prefiero el tocado».
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