Iker Arretxe se agarró como una lapa a su defensa de aire para derrotar 22-19 a un Mikel Urrutikoetxea que dominó por completo el peloteo, en el partido correspondiente al grupo B del Manomanista Promoción disputado ayer en el Beotibar de Tolosa. Iker recordó por momentos a su padre Fernando, quien a menudo recurría a su capacidad de hacer buena desde cualquier esquina para superar a rivales muy superiores en pegada. Remontó un 16-19 en contra con seis tantos consecutivos en los que el joven pecó de inexperiencia.
Arretxe II demostró una capacidad de sacrificio infinita ante un Urrutikoetxea que le tuvo de recadista. Si ya de por sí la derecha del vizcaíno pega un par de cuadros más, esa diferencia se convirtió en abismal dado que pronto pudo comprobarse que la derecha del navarro estaba tocada. Le sobraron sus gestos de dolor. Una vez que has decidido salir a la cancha, en un frontón donde se juega dinero, toca apretar los dientes y aguantar. Se le veía tan mal que con 12-10 se cruzaron apuestas de 1.000 a 150.
De cualquier manera, el mérito de Iker Arretxe fue enorme. Se adelantó 8-1 con cuatro tantos de saque y varios remates acertados. El resto se convirtió en uno de los culpables de la derrota de Urrutikoetxea, que encajó nada menos que nueve.
Pero ya comenzó a verse que la derecha de Arretxe II no funcionaba. Por esa razón, incluso cuando vencía 10-5 los corredores de apuestas cantaban azul, color del gerriko de Urrutikoetxea. En cuanto entraban en el peloteo, el de Zaratamo dominaba con autoridad.
Sin embargo, Urrutikoetxea se vendió en dos o tres dejadas que lanzó al inicio, perdió confianza con esa jugada, lo mismo que con el dos paredes, y lo pagó. Apenas aprovechó las numerosas oportunidades de las que dispuso para rematar, lo que dificultó trasladar al marcador su dominio aplastante en el peloteo.
Pese a esos problemas, remontó para situarse por delante 10-12, 14-18 y 16-19. Había encarrilado al choque pese a que sólo sumó dos tantos de dejada. Ahora bien, la dureza era ya extrema entre un pelotari que sólo pegaba y otro que devolvía todo, lo posible y lo imposible. Dieron nada menos que 309 pelotazos.
Con 16-19, las fuerzas mermadas y el saque en poder de Urrutikoetxea se jugó un tanto de 34 pelotazos. El vizcaíno desperdició varias oportunidades de cerrarlo ante un Arretxe que se agarró a un clavo ardiendo. Sufrió hasta que Urrutikoetxea, medio estorbado por el rival, falló un sotamano de zurda.
Otros dos restos de saque defectuosos, un zurdazo fuera y un dos paredes de volea innecesario que mandó bajo chapa condenaron a Mikel Urrutikoetxea.