Ya lo dijo Edurne días atrás, antes de iniciar el intento definitivo para ir a la cumbre del Annapurna: «Los días de nervios vendrán la víspera de ir hacia la cima». Y seguramente la noche del viernes al sábado durmieron los componentes de la expedición de Al filo de lo imposible inquietos, nerviosos por la incertidumbre del día siguiente.
He de reconocer que yo también dormí inquieto. Me desperté hacia las 5 de la mañana -las 9 en Nepal aproximadamente-, y pensé en Edurne, pensé en sus compañeros, pensé que ya estarían subiendo hacia la cima, con mucho esfuerzo, con mucho tesón, abriendo huella y ganando metro a metro terreno a la montaña. Entre vuelta y vuelta, entre las sábanas, mentalmente les enviaba energía positiva. Quería que hicieran la cumbre. No lograba conciliar el sueño, y motivos podría tener por puro cansancio, pero no, seguía inquieto.
Pensaba en Edurne y los suyos y los veía en la montaña, allí intentando conciliar su sueño las horas antes de iniciar la ascensión definitiva. La diferencia horaria me llevaba a la conclusión, me hacía pensar, que mientras yo dormía ellos se esforzaban paso a paso abriendo huella hacia la gloria que da pisar la cima del objetivo. Seguía inquieto y tras levantarme ya muy pronto seguía esperando noticias. Me puse al ordenador elucubrando posibilidades. Más de dos horas tardé en recibir la buena noticia. Entonces dejé de estar inquieto por si conseguirían la cumbre o no. Ya la habían hecho. Pero una vez confirmada la cima, me entró otra inquietud. La de saber ya que definitivamente han descendido al campo base. Por eso, seguramente como ellos, volví a dormir inquieto esta noche pasada. Y otra vez lo mismo, hasta que no me llamaron para decirme que ya estaban en el campo base, cierto nerviosismo sí que tenía, no lo voy a negar. A partir de que me dijeron que todos estaban ya en el campo base, gozando de una sabrosa coca-cola, o incluso, alguna cerveza fresca, ya dejé de estar inquieto. Tras reponerse del esfuerzo de casi tres mil metros de desnivel de descenso, todo el equipo de Al filo de lo imposible, celebró ayer tarde la cima del Annapurna, porque es en el campo base, no nos engañemos, donde verdaderamente termina toda ascensión.