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La izquierda abertzale supuestamente más posibilista no se entera de que la sociedad ha perdido la paciencia

21.03.10 - 02:08 -
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El carácter no alevoso ni premeditado del asesinato del brigadier Jean-Serge Nérin dará pie a ETA para utilizarlo como coartada con el fin de rebajar la importancia del crimen tanto frente al Gobierno y la opinión pública franceses como de cara a la propia izquierda abertzale. A los primeros les hará llegar su interpretación a través de un comunicado público, en el que destacará la circunstancia fortuita en que se produjo el atentado y descartará cualquier intencionalidad que a él pudiera atribuírsele de abrir hostilidades contra la República francesa. No constituiría, según esto, el asesinato ningún «salto cualitativo» en la política tradicional que ha venido siguiendo la banda de no atentar contra intereses galos. A la izquierda abertzale, de su parte, parece haberle transmitido ya, por los oportunos cauces privados, esta misma interpretación, a juzgar al menos por el comunicado que aquella se apresuró a hacer público para lamentar el deplorable desenlace del casual enfrentamiento.
Por lo que respecta al Gobierno y a la sociedad franceses, es muy dudoso que, a estas alturas, la coartada pueda procurarle a ETA beneficio alguno. Quizá se los procuró en otras ocasiones pasadas, cuando la implicación gala en la lucha contra el terrorismo era menos comprometida y los enfrentamientos se saldaron con heridos. Pero la conmoción de la muerte de uno de los propios a manos nada menos que de una banda de terroristas «españoles» -como se encargó de subrayar con sutil astucia el presidente Sarkozy- les va a resultar, tanto al Gobierno como a la opinión pública franceses, de muy difícil digestión. Por mucho que al Gobierno le interese mantenerse cautamente distante de una guerra que, aunque libra con solidaridad de amigo, nunca ha llegado a considerar propia, la presión de unas fuerzas de seguridad heridas en sus carnes y en su honor lo va a forzar a un compromiso cada vez más cerrado.
Asimismo, la sociedad francesa, que nunca ha dejado de mirar este fenómeno con una mezcla de distantes condescendencia y displicencia, no podrá evitar la toma decidida de partido en contra de una organización que, de haber sido denominada hasta ahora simplemente «separatista», pasará pronto a recibir el apelativo abierto de «terrorista». El garrafal error cometido con el vídeo del supermercado no hará sino retrasar unos días esta toma de conciencia y quedará definitivamente olvidado con el seguro apresamiento de los participantes en el crimen. En cualquier caso, las consecuencias negativas que el error policial pudiera tener para la lucha antiterrorista será incomparablemente menores que las que, sin duda, ha de tener para ETA el que ella misma ha cometido al asesinar a un policía de la República francesa.
Por lo que hace a la izquierda abertzale, el comunicado que sus dirigentes emitieron tras el asesinato habla bien a las claras de lo que está ocurriendo en su seno. La calificación del hecho como «fortuito» a la vez que «grave» deja al descubierto el enfrentamiento que, en torno a la continuidad de la «lucha armada», mantienen el sector intransigente y el posibilista. Quienes guardaron zorruno silencio durante el debate interno y permitieron, seguros de sí mismos, la aprobación del texto Zutik Euskal Herria han demostrado ahora tener la sartén por el mango para hacer prevalecer las consecuencias de lo «fortuito» sobre las de lo «grave» y evitar cualquier pronunciamiento de condena.
La organización ha impuesto así de nuevo su criterio. Y, si, para lograrlo, ha utilizado esta vez la circunstancia en que se ha producido el asesinato, la próxima utilizará cualquier otra excusa para alcanzar el mismo objetivo: la supeditación del brazo político al militar. Los que pretendían hacer creer lo contrario han dejado en evidencia su ridícula impotencia y su vergonzosa cobardía.
Esa izquierda abertzale supuestamente más posibilista -y, en cualquier caso, más habladora- no se entera de lo que está ocurriendo en la sociedad. A esta no le importan ya absolutamente nada esas disquisiciones que yo mismo acabo de insinuar en el párrafo anterior sobre supuestos debates y enfrentamientos internos. Se le ha acabado la paciencia y sólo espera de aquella la palabra final y definitiva. Se ha hecho, además, consciente de que tiene ya irreversiblemente ganada la batalla que durante tanto tiempo ha librado contra el terrorismo de ETA y no guarda interés alguno en perder el tiempo ocupándose de ejercicios mentales que, si en algún tiempo tuvieron razón de ser, se han demostrado ya del todo inútiles y trasnochados.
Esa izquierda abertzale supuestamente posibilista, por su parte, piensa que le queda aún todo el partido por jugar, cuando sólo dispone del tiempo de descuento. Y no ya para ganar o siquiera empatar, sino sólo para evitar la humillación de una derrota aún más abultada. Esa es ya la única oportunidad que le queda, después de haber desperdiciado las tantísimas que se le han dado.
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