Pese a que todo el que desempeña alguna actividad se enfrenta tarde o temprano al momento de salir a la superficie, el adjetivo emergente parece llevarse especialmente bien con el sustantivo artista, al que acompaña con mucha más frecuencia que a otras profesiones. Tal vez sea porque la fase de emergencia de un artista -en muchos casos, en la acepción más peligrosa y arriesgada del término- acostumbra a prolongarse mas que la de un ingeniero, una peluquera, un abogado o un profesor de instituto. O porque, en relación a los que tomaron la salida, son significativamente pocos los que llegan al final del camino, por lo general largo e incierto, que les llevará a vivir de la creación artística.
La 'creación artística' es, precisamente, la primera de las «profesiones para las que capacita» el título de Bellas Artes según una universidad cercana -y no es la UPV- que imparte esas enseñanzas. «Artista plástico en todas las técnicas y medios creativos», precisa, antes de lanzarse a detallar las alternativas que, desde el punto de vista de la empleabilidad, son más ventajosas: experto cultural, creativo en el ámbito de la imagen, profesor...
«No hay fórmulas»
A través de una serie de testimonios que no son representativos pero sí significativos, nos hemos acercado al modo en que una serie de artistas que no quieren renunciar a vivir de lo que son capaces de crear se enfrentan al difícil arte de emerger, de salir a la superficie, y de convertir el motor que mueve sus vidas en su medio de subsistencia.
Iván Gómez (Irun, 1984) está disfrutando de un momento dulce. Licenciado en Bellas Artes en Barcelona, «a mediados de carrera di el paso de llamarme artista, decidí que quería vivir de esto, que el arte sería mi profesión». Premio Joven Artista Adour Bidasoa el pasado año, el 2010 ha llegado para él cargado de estrenos... Por ejemplo, su primera exposición individual -'Qué extraño camino me ha llevado a tí-Bitxia benetan zugana eraman nauen bidea'-, en la galería Arteko de San Sebastián, donde su propuesta puede verse hasta el 10 de abril. Cristina de la Fuente, una observadora privilegiada de los esfuerzos que realizan los jóvenes artistas por abrirse camino, en la medida en que su galería es de las que más decididamente apuesta por los 'emergentes', no confió en Iván de la noche a la mañana. «Han sido dos años de relaciones, hemos ido configurando el proyecto poco a poco», recuerda Iván, que pasado mañana comenzará un curso de un mes en la prestigiosa escuela de cine de San Antonio de los Baños, en Cuba, tras lo cual se sumergirá en su siguiente proyecto, destinado a la Sala d'Art Jove de Barcelona. La confianza que Cristina, que además de constatar cómo ha crecido el número de jóvenes artistas admira su tenacidad «y el modo en el que creen en lo que hacen, aunque es muy difícil que haya un sitio para todos», depositó en Iván trascendió el recinto de su galería y se trasladó a la feria Just Madrid. Arteko fue la única galería vasca en nueva feria dedicada al arte contemporáneo emergente, coincidente en fechas con Arco, con la obra de Iván como apuesta.
La doble experiencia ha resultado «un puntazo» para un artista muy joven que combina distintas disciplinas y que ya ha realizado sus primeras ventas. «Ha habido un montón de gente a la que le ha interesado lo que hago y también ha habido compras por parte de coleccionistas, lo que te alegra como reconocimiento, porque se supone que tienen cierto criterio». Iván, realista, reconoce que «hasta ahora mandaba dossiers para ver si había suerte y ahora mando dossiers para ver si enlazo presupuestos» pero sabe que sólo ha dado un pequeño paso en un recorrido marcado por la incertidumbre. Sigue «haciendo currículum», descubriendo que «tenía una imagen muy romántica del tema, pero descubres que también hay puntos oscuros, aunque prefiero seguir pecando de inocente» y su experiencia y la de su entorno le hacen asegurar que «no hay fórmulas: a lo mejor a alguien le suena la campana con un mensaje en internet o a través de un contacto». No hay fórmulas, pero sí una condición: «Creer en lo que haces, comprometerte y hacer de esto una apuesta de vida, porque te la juegas todos los días».
Vivero y burbuja
Uno de los espacios donde más artista emergente o ya emergido en fase de creación se puede encontrar por metro cuadrado es Arteleku, pieza clave en la estrategia de la Diputación Foral de Gipuzkoa a la hora de apoyar a los artistas jóvenes.
La pintora arrasatearra Nerea Bilbao, por ejemplo, ha encontrado en uno de los espacios que pone Arteleku a disposición de los artistas el lugar que le proporciona el apoyo y la infraestructura necesarias -sitio, actividades complementarias, biblioteca, asesoramiento, compañía...- para empezar a dar forma a sus primeras obras personales, desvinculadas de la dinámica académica. Esta licenciada en Bellas Artes que reconoce que todavía no ha empezado a plantearse seriamente el futuro apenas lleva unas semanas en uno de los espacios de Artekelu, que en principio se otorgan para el desarrollo de proyectos concretos por períodos de seis meses, que pueden prorrogarse. El pequeño cubículo del que dispone en Arteleku le resulta más que suficiente para llevar al lienzo apuntes de viaje en los que los paisajes urbanos se relacionan con la naturaleza. Sabe, que, de otro modo, le resultaría difícil tener espacio para trabajar, e imposible contar con las restantes facilidades que ofrece esta especie de vivero artístico.
Un centro que conoce bien Amaia Urra, donostiarra que trabaja en el campo de las artes performativas. Licenciada en Bellas Artes con formación en danza contemporánea, lleva más de diez años trabajando con diferentes artistas y coreógrafos y casi otro tanto desarrollando sus propios proyectos. De las paredes del taller que ocupa en Arteleku cuelgan objetos que, tal vez, puedan tener un espacio en el proyecto en el que está trabajando. Urra, que como otros muchos artistas ha ido enlazado becas y residencias, y las ha ido compatibilizando con su trayectoria artística profesional, ha vuelto a Artekelu y aprecia en lo que vale lo que le proporciona el emblemático espacio donostiarra, un lugar que muchos artistas consideran único. Y aporta una interesante reflexión sobre el largo camino, en la mayoría de casos necesitado de protección privada y/o pública, que deben recorrer hasta hacerse con su propio sitio. «A veces me pregunto si no estamos viviendo en una burbuja», cuestiona.
También mantiene una larga relación con Arteleku la pintora tolosarra Miren González Goikoetxea, titular de un largo curriculum en el que conviven becas, numerosas exposiciones, premios y muchos años de formación. Miren ha optado por compatibilizar la creación artística con otras ocupaciones, pero no sólo no pierde el entusiasmo -«esto es lo que me da vida, lo que siempre he querido hacer»-, sino que busca nuevas vías para difundir su obra. Esta misma semana se ha clausurado su exposición 'Fiordoan trukean' en la galeria GKo Gallery de Tolosa, un espacio creado por artistas urbanos -véase grafiteros- que ni quiere ser ni es una galería de arte al uso.
Garikoitz Murua, uno de sus responsables, destaca la cantidad de artistas jóvenes de la zona que les llegan con ganas de mostrar sus trabajos. Lo hacen, pero GKo Gallery no se limita a poner las paredes y a pegar puntos rojos en las obras vendidas, llevándose la correspondiente comisión. En este espacio, ejemplo de que las cosas se pueden hacer de manera diferente, tienen que «pasar cosas».
En el caso de la exposición de Miren, la peculiaridad ha redicado en implantar el intercambio, el trueque, como forma de pago alternativa. Como todos, reconoce que han elegido una profesión complicada en la que no vale quedarse a verlas venir. «Los propios artistas tenemos que buscar alternativas, procurar que pasen cosas nuevas» dice, demostrando que el arte de emerger es, básicamente, el arte del compromiso.