La ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, no era precisamente la persona más querida ayer en Tolosa. Si por algún casual hubiera aparecido por el polideportivo Usabal, habría escuchado perlas como «estupidez, delirante, vergüenza o abuso de poder», todas dirigidas por igual contra ella y contra la llamada ley antidescargas o ley antipiratería, según el punto de vista.
Seiscientos aficionados a la informática reunidos durante tres días en el Gipuzkoa Encounter de Tolosa son un buen punto de partida para averiguar qué piensan los internautas sobre el texto legal que aprobó el Gobierno central el pasado jueves. La ley permitirá el cierre de páginas web que posibilitan descargas de archivos sujetos a derechos de autor, como películas, canciones o videojuegos. Y eso es precisamente lo que hacen estos días varios cientos de jóvenes en un encuentro organizado por el Ayuntamiento de Tolosa y la Fundación Euskaltel: descargar archivos.
«Es como si el arquitecto que diseña un puente cobra a cada persona que pase por él». Mientras juega con su ordenador, Saúl, que ha llegado de San Sebastián para participar en las jornadas, se acalora. Sobre todo se enfada cuando nombra a los dirigentes de la Sociedad General de Autores (SGAE) Teddy Bautista y Ramoncín, que «nos cobran un canon por cualquier cosa que pueda acumular información».
El canon, que puede alcanzar casi un 15% en el precio del producto, afecta a compras de ordenadores, teléfonos móviles, discos duros, MP3, cámaras digitales e incluso cartuchos de tinta para impresoras, entre otros muchos artilugios. «Me siento doblemente penalizado. Primero me cobran un canon por si descargo y ahora me quieren cobrar otro por descargar», se queja Saúl.
«Bajar es un orgullo»
El irunés Uraitz tiene en su casa unos 20 compactos de música comprados hace años en tiendas y calcula que las canciones que hasta ahora ha descargado ocuparían unos 500 discos. «Gracias al canon no compraré un CD en mi vida», asegura. Y eso que él es una rareza porque compra videojuegos legalmente por internet. «Aquí bajar es un orgullo, somos más raros los que tenemos un juego original que los que tienen juegos pirateados», explica mientras mira a los centenares de compañeros que le rodean.
Todos insisten en que no son delincuentes y rechazan los intentos del Gobierno por equiparar el pirateo a un delito. «No se puede poner puertas a internet. Es un medio de expresión que quieren coartar y si empezamos por las descargas no sé dónde vamos a parar», afirma Cristina. Mientras habla, abre en su pantalla los archivos que ha compartido con un compañero. Deben de ser cientos de capítulos de series de televisión los que tiene guardados.
Las descargas por internet están generando en muchos jóvenes una nueva forma de ver la televisión o, mejor dicho, de no verla. Es lo que le ocurre a Raquel, de Vitoria, a la que le gusta ir al cine y leer libros de la biblioteca, «que es una forma de compartir». A Raquel no le gusta la televisión, lo que hace es descargar series y programas para verlos cuando le apetezca. La suya es una programación a la carta, hecha por ella a su medida.
Raquel está convencida de que la ley antipiratería «puede ser perjudicial para el Gobierno porque un gran porcentaje de la población, incluidos los políticos, hacen descargas por internet». Es una opinión que comparte Uraitz, el internauta de Irun. «No creo que vayan a cerrar las páginas de descargas. Si lo hacen muchísima gente se dará de baja de la línea ADSL porque la va a dejar de necesitar y ya veremos qué haría entonces Telefónica. Seguro que empezarían a decir que bajar es bueno para la salud».
Jon es bergarés y se indigna cuando le hablan de delitos. «No llegamos ni a mileuristas y tenemos que oir esas cosas. La ley Sinde es un abuso de poder y de control social, yo descargo archivos y los comparto pero no los vendo, no soy un pirata», afirma. De todas formas, Jon no cree que ningún texto legal pueda detener el avance de la red. «Habría gente dispuesta a crear servidores que funcionan al margen de cualquier gobierno, sería un internet distinto que no tiene nada que ver con el de ahora», pronostica.
Iker aguarda de pie con gesto concentrado. Antes de responder a la pregunta el joven de Zalla mira pensativo al frente y toma aire. Después, se inclina hacia adelante y estira con suavidad el brazo derecho. En el ordenador una bola comienza a rodar hacia varios bolos virtuales.
El jugador asegura que la piratería no se va a poder erradicar porque cada vez que se prohíba algo «los internautas encontrarán la manera de evitarlo». «Hace años también se grababa música en casetes, incluso los equipos venían con doble pletina para hacerlo. ¿Con un sueldo mileurista vamos a pagar 50 euros por un juego cuando lo podemos bajar?», se pregunta mientras la bola avanza en la pantalla.