La noticia del arresto en Chile del religioso vitoriano José Ángel Arregui, acusado de grabar material pornográfico con sus alumnos en colegios de Vitoria, Basauri y Madrid, ha hecho «sufrir mucho» a la Iglesia guipuzcoana. El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, aprovechó ayer la rueda de prensa de presentación de la marcha a Arantzazu para rechazar públicamente y sin rodeos los terribles hechos conocidos esta semana. «Expresamos nuestra más absoluta condena hacia esos crímenes que tienen como víctimas la inocencia de unos niños y unos adolescentes. Para la Iglesia es un dolor desgarrador el comprobar que alguno de sus hijos más comprometidos haya podido verse involucrado en esos hechos», subrayó el prelado donostiarra, que pidió «la máxima contudencia» a la Justicia a la que mostró su «plena colaboración».
Munilla reconoció que los últimos casos de pederastia entre religiosos «nos duelen por el dolor de las víctimas, que es lo principal, y también por el antitestimonio que provoca». En su discurso también quiso «denunciar que en algunos círculos anticlericales se quiere generalizar a todo el clero unos hechos puntuales», una intención que «sería una gravísima injusticia», insistió. «Sería injusto que se encendiese el ventilador y se pretendiese extender a todo el conjunto del clero y de los sacerdotes esa lacra», volvió a subrayar.
En este sentido, quiso apoyar sus palabras con un dato: «En Alemania, donde se han vivido estos tristes hechos y donde el Papa ha manifestado una preocupación especial, se ha dado el dato de que los 210.000 casos de abusos sexuales denunciados desde 1995, sólo el 0,04% han sido cometidos en instituciones ligadas a la Iglesia católica». Además, defendió la manera en que el Papa «afronta esta dolorosa realidad» con una política de «transparencia total y tolerancia cero», en contraste con la denuncia hecha pública el miércoles por Hans Küng, el teólogo de origen suizo disidente con la autoridad eclesial, quien acusó a Benedicto XVI de ocultar este tema.
Dolor por el último asesinato
A preguntas de los periodistas, el obispo también quiso condenar el último asesinato de ETA, tras el cual «cobra especial importancia» la marcha a Arantzazu, un «signo de fe» unido a «la causa de la paz», añadió Munilla.
El prelado, que dedicó la Eucaristía de ayer a la memoria del gendarme asesinado, se unió al «dolor y sufrimiento» de la familia de la víctima y agradeció la labor a «todas las fuerzas y agentes que están entregando su vida por el orden público». «Es de justicia y un valor ético el agradecimiento a quienes entregan su vida de una manera arriesgada y sacrificada», recalcó el sacerdote que recordó la reflexión realizada por el Papa Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de la Paz: «La salvaguarda de la creación es esencial para la convivencia pacífica de la humanidad».