Aitor Zubieta es uno de los nombres propios del presente Campeonato de Parejas. No sólo por haber alcanzado ya la final en compañía de Xala, sino por el buen juego exhibido. El mejor momento de su carrera le ha llegado unos meses después de la rotura parcial del ligamento cruzado de su rodilla derecha que sufrió el 24 de agosto en Elgoibar. No necesitó cirugía, pero su recuperación se alargó mucho tiempo y llegó a comprometer su participación en el Parejas. Zubieta nos cuenta lo que ha vivido estos cinco últimos meses.
Reaparición. Después de recaer tras una 'prematura' vuelta a las canchas la segunda quincena de septiembre, el zaguero de Etxarri reapareció «el 2 de noviembre en Tolosa. Todavía faltaban dos meses para el inicio del campeonato. Sabía que mi participación en el Parejas iba de la mano con la recuperación de mi rodilla. Si todo discurría bien, estaba convencido de que la empresa contaría conmigo».
Diez partidos. «Disputé diez partidos entre noviembre y diciembre, cinco en un mes y cinco en otro. En la mayoría de ellos me enfrenté a Laskurain. Esa continuidad que me dieron en las programaciones resultó fundamental. Me vino bien. Fui cogiendo confianza. Fue la clave».
Dos días antes. «Me enteré de que iba a jugar el Parejas el lunes 28 de diciembre, dos días antes de la presentación. Me lo comunicaron en el Beotibar. Era lunes. El viernes anterior había jugado en el Astelena y no sabía nada. No me dijeron quién iba a ser mi delantero. Supe que era Xala el día de la presentación».
Estreno con derrota. «Perdimos ante Bengoetxea VI y Beloki, pero completamos un partido duro. Acusamos falta de rodaje. Yves venía de varias lesiones y le faltaba confianza. Además, hacía tiempo que no jugábamos juntos -desde el 14 de agosto del año pasado-. Necesitábamos ser más pareja».
1.112 pelotazos. «El choque de Mungia resultó muy peloteado desde el inicio. Dominábamos a Olaizola II y Mendizabal II, pero no podíamos acabar los tantos. Xala no se soltaba en busca del remate. Hablamos durante el partido. Aunque perdimos, nos salieron mejor las cosas en la segunda mitad. A partir de ese día acertamos en nuestro estilo de juego».
Primer triunfo. «Había cuatro días de margen entre el partido de Mungia, que fue un lunes, y el de Irun, disputado el viernes siguiente. Nos recuperamos bien y fuimos al Uranzu con las ideas frescas para enfrentarnos a Berasaluze VIII y Begino. Nos pusimos por delante desde el principio y todo rodó bien».
Los tacos. «El día que nos enfrentamos a Olaizola I y Apraiz se me movieron los tacos de la mano derecha. Supongo que fue por el sudor. No me había ocurrido nunca. Lo pasé mal, pero sacamos adelante el duelo».
El mejor partido. «Todos han sido duros. Si me pides elegir uno, me quedo con el del Adarraga de Logroño ante Titín y Pascual. Por la tensión, por lo que nos jugábamos... Quizá haya jugado mejor otro día, pero me quedo con aquel encuentro. Fui a soltarle a la pelota y gocé mucho».
Precaución. Con el billete para la liguilla de semifinales en el bolsillo y la mano derecha justa, decidió suspender en la última jornada de la primera fase. «Tuve una serie de partidos duros y preferí parar para recuperar las manos. Me vino bien».
El Beotibar. «He jugado en el Beotibar de Tolosa cuatro de mis nueve partidos del Campeonato. Prefiero el Labrit o el Astelena, pero ha tocado así. El de Tolosa no es el mejor frontón para nosotros, pero nos hemos sentido bien».
La rodilla. «Evité el paso por el quirófano. Utilizo una rodillera para protegerla. Además, todos los días hago ejercicios para cuidarla».
El Labrit. «Aunque tenga la clasificación asegurada, quería jugar este sábado en el Labrit porque durante todo el Campeonato de Parejas no nos han programado en el frontón de Pamplona. A partir del lunes comenzaremos a pensar en la final del 4 de abril».
Los seguidores. «En Etxarri, mi pueblo, la gente anda alterada con esto de que me he clasificado para la final. Tengo que agradecer a mis seguidores el apoyo que me han dado. Hay gente que cuando he jugado en Tolosa cambiaba sus turnos de trabajo del lunes para ir a animarme al Beotibar».