«I am Borja». El niño dio dos pequeños golpes con un dedo en la pizarra y en la pizarra se hizo la luz. En el rectángulo blanco apareció una bandera y Borja (en castellano «yo soy Borja») preguntó en inglés a sus compañeros de clase. «¿De dónde es la bandera? ¿Qué idioma se habla en ese país?». Un alumno alzó la mano y contestó; su improvisado maestro dio de nuevo dos golpes en la pizarra y en el rectángulo apareció la respuesta. Era correcta. Borja levantó un pulgar y exclamó: «¡Yeahh!».
La pizarra era digital y el dedo de Borja también. El gesto del niño resume lo que ocurrió en el colegio de Educación Primaria Dumboa de Irun, centro elegido por el Gobierno Vasco para poner en marcha oficialmente el programa Eskola 2.0. Ayer, todos los alumnos de 309 aulas de quinto de Primaria en 141 escuelas de la red pública disponían ya de un miniordenador portátil que a partir de ahora les acompañará en sus estudios.
A lo largo de este mes, el programa se irá extendiendo hasta abarcar a todos los alumnos de quinto en el País Vasco. Serán casi 19.000 miniordenadores en un total de 542 aulas de la red pública de enseñanza y 490 de la red concertada. Cada clase contará también con una pizarra digital en la que, con sólo dos golpes de un dedo, alumnos y profesores podrán abrir una puerta al mundo entero.
Y en el umbral de ese mundo -una especie de pantalla de ordenador gigante- se encontraban ayer los alumnos de inglés del colegio Dumboa. Borja y sus compañeros Andrea, Telmo, Daniel, Ainhara y Libertad impartieron una lección magistral a los visitantes que observaban a los niños navegar por las nuevas tecnologías.
Sentados en las sillas del aula, el lehendakari, Patxi López, y la consejera de Educación escuchaban las presentaciones de los alumnos, convertidos gracias a la informática en lo que Isabel Celaá había definido poco antes como «el centro del universo escolar». Y poco después, el director de Gestión de Educación, Carlos Crespo, recorría un pasillo con los ojos húmedos. «Me he emocionado», reconoció.
Berriz y Patagonia
Atrás quedaban nueve meses de trabajo para dotar a todas las clases de quinto de Primaria de pizarras digitales, conexión inalámbrica a internet y proporcionar un portátil a cada alumno. Lo que ayer se vio en el colegio Dumboa es el primer paso no sólo para informatizar las aulas sino también para ofrecer un nuevo tipo de enseñanza. De ahí la importancia del gesto de Borja: la pizarra a su espalda y su pulgar levantado simbolizaron la conexión entre la nueva tecnología y un niño de diez años.
Antes de ir a clase de inglés, López y Celaá, acompañados por el alcalde de Irun, José Antonio Santano, habían visitado otra aula informatizada en la que sus alumnos mantenían en ese momento una videoconferencia con un colegio de Berriz, cuyos estudiantes dedicaron una canción a compañeros y autoridades. Para los de Dumboa este tipo de conexiones no era algo nuevo; desde hace días se hallan en comunicación a través de internet con un grupo francochileno de espeleólogos que andan de expedición por la Patagonia.
De explicar a los visitantes el trabajo de los niños se encargó Manolo. El profesor señaló las dos pizarras que había en clase, la digital y la de toda la vida, y las puso como ejemplo de un modelo de enseñanza que «no va a olvidar la pizarra de tiza». «Queremos conservar lo bueno que hemos hecho hasta ahora, hacer una mezcla con todo pero mirando al futuro», dijo.
Con sus 38 años de profesión en la mochila, Manolo recordaba después el paso del tiempo en la escuela a través de unos pocos objetos: «la tiza, la fotocopiadora, el vídeo y los miniordenadores». «Cuando hablo con los padres de estas cosas les digo que cuando apareció la calculadora también se decía que los niños no iban a tener que saber hacer multiplicaciones, pero las tablas de multiplicar hay que mantenerlas en la cabeza por si falla la tecnología», afirma el profesor.
El programa Eskola 2.0 irá extendiéndose poco a poco por todo el sistema educativo vasco. Al menos, ése es el objetivo. Si se consigue, se estará cerca de una enseñanza personalizada en la que los alumnos tendrán acceso a una cantidad inmensa de información. Y es precisamente aquí donde la figura del profesor cobrará una enorme importancia. «Los alumnos van a tener el mundo entero en internet, se encontrarán con un exceso de información y tendrán que optar. Ahora los niños van a tener que aprender a elegir, ése es nuestro reto, enseñarles a hacerlo», explica Manolo, el maestro de Irun.