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«Una carcajada es un momento de felicidad absoluta»

TEATRO

«Una carcajada es un momento de felicidad absoluta»

Faemino y Cansado llegan mañana al Victoria Eugenia para quedarse seis días con su humor inimitable. Javier Cansado. Humorista

15.03.10 - 02:18 -
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Lo normal es que un espectáculo se las vea y se las desee para aguantar tres días en la cartelera teatral donostiarra. Pero esta pareja va por libre. Se presentan seis días en el Victoria Eugenia, desde mañana al domingo, y agotan las entradas. No hay efectos especiales ni plataformas voladoras. Sólo ellos dos en medio del escenario habla que te habla con lenguas viperinas, humor corrosivo, escasa vergüenza y la capacidad de meterse al público en el bolsillo desde el primer minuto. ¿Surrealistas, absurdos, vanguardistas? Son diferentes y Javier Cansado reconoce que por aquí el tirón es todavía mayor.
- Todo vendido. ¿Cómo lo hacen?
- Es muy halagador y te responsabiliza mucho. Es verdad que tenemos una relación muy potente con el público de San Sebastián, pero seis días parecía mucho, es cierto.
- ¿El tirón que tienen por aquí es tremendo?
- En el País Vasco hemos funcionado muy bien siempre. Tampoco somos para el gran público, pero en Donostia hay 6.000 personas a las que les molamos mucho y ya está. Además, la gente que nos sigue es muy fanática, nos defiende, te metes en internet y ves polémicas maravillosas: unos que te atacan, otros que te defienden, es fantástico.
- ¿No será que van dejando yonquis de Faemino y Cansado?
- Ja,ja,ja. Suena políticamente incorrecto, con lo cual nos gusta. Cuando inoculamos el veneno ya es para siempre.
- Tengo la duda de qué se meterán cuando no les tienen a mano.
- Hay cómicos emergentes que están muy bien, aunque en directo no se trabaja mucho. Pienso en la gente de Muchachada Nui o en Joaquín Reyes. Nosotros tenemos la suerte de que el 95% de nuestro trabajo está en Youtube. Me meto y veo cosas que ni me acuerdo de que las hayamos hecho.
- Pero no es lo mismo que verles en directo.
- Evidentemente que no lo es, pero es metadona, un paliativo.
- La anterior obra se titulaba 'Son dos' y eso tranquilizaba bastante. Pero ahora se llama 'Parecido no es lo mismo' y eso inquieta.
- Lo que pasa es que nos gustaría no llamarlos de ninguna manera, simplemente Faemino y Cansado. Nuestras obras evolucionan y aunque están cerradas, improvisamos y vamos metiendo cosas. Hay quien nos dice que se parece a lo que hacíamos hace veinte años y sí, todo se parece porque somos dos personas, con dos micrófonos, contando historias. Es como si me dices que El Tricicle no hablan, pues claro, su rollo es que no hablan y por eso se parecen sus obras. Por eso y para reírnos de nosotros y de las críticas de los amigos, decimos que este espectáculo es parecido, pero no es lo mismo.
- ¿El coñac que se toman sus personajes Arroyito y Pozolón no ha cambiado?
- Eso sigue igual. Hay una anécdota muy bonita porque un día nos llegó una caja con dos botellas de un brandy carísimo y una nota de los fabricantes dándonos las gracias porque decían que el coñac había desaparecido de la cultura española. Nos gusta mucho ese número.
- Sexto espectáculo en 23 años. ¿Un poco vagos?
- Si lo miras de una manera ortodoxa la producción es muy pequeña. Lo que pasa es que los espectáculos van cambiando mucho, a éste que hacemos en Sanse ya le hemos metido dos números nuevos. Empezó durando hora y media y si ahora lo hiciéramos entero podría durar tres horas con todo lo que hemos ido cambiando. Así que poca producción ortodoxa, pero mucha heterodoxa.
- Imagínese una feria del humor, tipo Fitur o la de la máquina herramienta. Allí ustedes dos en un stand. ¿Cómo venderían su producto?
- ¡Hostia! Trabajo nos costaría. Creo que vocearíamos la mercancía, un poco como los vendedores de mercadillo. Nuestra ilusión, aunque creo que está prohibido, sería coger una furgoneta con un megáfono e ir por todo San Sebastián anunciando el espectáculo, aunque estén todas las entradas vendidas, da igual.
- Cuando hay elecciones ya lo hacen.
- A lo mejor tienen una bula especial para la ocasión. Le llaman a Odón y le dicen, oye, que vamos.
- Sus apellidos verdaderos son Pozuelo, el de Faemino, y Arroyo, el suyo. De ahí los personajes del coñac: Arroyito y Pozolón.
- Son unos personajes muy libres, que te permiten improvisar mucho, ser incorrecto con todo. Con ellos no hay ningún tema que no destrocemos. Son esos tipos de bar, de los que hay en todas partes del mundo. Gente que habla de todo, pero sin tener mucha idea, casi como los tertulianos de la radio y la tele, capaces de hablar del secuestro en Mali, luego saben lo que pasa con la economía y con un barco apresado. ¡Joder, tío! ¡Sois Nostradamus redivivo!
- ¿Han logrado que miles de personas, sin llegar a sospecharlo, sean fans del surrealismo?
- No es por falsa modestia, pero nunca hemos pretendido nada. Luego nos enteramos que eso de «¡que va, que va!, yo leo a Kierkegaard», que es una pedantería tremenda, se puso de moda en Miranda de Ebro. Y en un pueblo al lado de Madrid hay un equipo de fútbol que se llama 'Arzobispo de España' y salían cantando un pasodoble que nosotros habíamos inventado un día. Yo es que flipo son estas cosas, me emociono porque es el pueblo el que retoma nuestras ideas locas y absurdas y las hacen suyas.
- ¿Ha tenido pesadillas de que sale a escena y nadie se ríe?
- Y Faemino también. Y con todo el mundo de la profesión que hablas te lo confirman. Yo tengo dos pesadillas, ésa y otra en la que estoy en el escenario y no puedo hablar. Pero la de que no se ríen es fuerte, es lo peor de lo peor. A veces sueñas con muertes, pero eso es llevadero. Hay dos profesiones, el deporte y la nuestra, en la que el público te marca el final. Si eres pintor o escritor puedes pensar que la gente no te comprende, que estás en una línea diferente. Pero si eres humorista, como la respuesta del público es tan inminente, cuando dejan de reírse, ¡amigo!, se acabó.
- En otra entrevista me dijo que la risa, aparte del orgasmo, es lo mejor. ¿Y unir ambas cosas?
- No, ¿a qué estamos, a Rolex o a setas? Se puede uno reír y luego el orgasmo, o al revés, pero no a la vez, eso desconcentra.
- Pues se dice que hay gente que llora en plena coyunda.
- Sí, que gime, que llora. Me han dicho, a mí no me ha pasado nunca. La risa y el llanto para este tipo de situaciones no es muy aconsejable. Hace poco leí que en el mundo las páginas más buscadas en internet son de sexo. Sin embargo en nuestro país son las de humor. ¡Mira que bien! O estamos bien servidos o es que somos unos reprimidos.
- Hay una fotografía de promoción de vuestro espectáculo en la que estáis caracterizados como payasos. ¿Lo sois?
- Tenemos algo de la puesta en escena de los payasos, del listo y el tonto. Yo hago el del listo. Pero tampoco es algo que esté muy marcado. Lo que tenemos en común con los payasos es que queremos hacer reír, aunque ellos suelen estar cerca de la ingenuidad y nosotros no. Ya tenemos patas de gallo y somos más parecidos a Krusty, el payaso de 'Los Simpsons'.
- ¿Qué tiene Carabanchel para contar con hijos tan selectos como ustedes y Manolito Gafotas?
- Es un barrio como otro cualquiera, pero es un barrio muy barrio. No es Triana, en Sevilla, que tiene la gracia, el salero. Santiago Segura y Juan Luis Cano, el de Gomaespuma, también son de Carabanchel. Es un barrio que conserva todavía la idea de pueblo y tiene un rollo muy de cercanía con la gente. Es castizo en el buen sentido de la palabra. Casticismo cosmopolita, un poquito abierto.
- ¿En plena carcajada somos felices?
- Es una eclosión de endorfinas. Me parece que es un momento de felicidad absoluta. Incluso químicamente, en ese momento se quitan los dolores y surge el optimismo.
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«Una carcajada es un momento de felicidad absoluta»

Javier Cansado y Carlos Faemino vuelven a San Sebastián con todas las entradas vendidas.

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