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«Una cobra venenosa me plantó cara, un camello enfadado orinó en la bici...»

TOLOSA

«Una cobra venenosa me plantó cara, un camello enfadado orinó en la bici...»

Sergio Fernández relata anécdotas de sus aventuras. Sergio Fernández elige los momentos más peligrosos, divertidos, surrealistas y placenteros de sus aventuras

14.03.10 - 02:27 -
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Circular en bici entre fauna salvaje, admirar el silencio de una puesta del sol, jugar a un ajedrez de piedras con niños africanos... experiencias que han marcado al aventurero catalán.
-Cuénteme cuál ha sido su experiencia más peligrosa....
-Circular por algunos tramos de Trans-Kalahari Highway, una carretera asfaltada en la que abunda la fauna salvaje. Una noche tuve la visita de una cobra, una serpiente venenosa frente a mi tienda. Aunque me dolió mucho, el destino y el instinto me obligaron a aplicar una de las fórmulas más antiguas y realistas para resolver aquel conflicto territorial. La maté con una gran piedra. Fue un acto reflejo.
-¿Y la más divertida?
-Un día, en el Gobi, me detuve a descansar a la escasa sombra del único árbol que encontré en cientos de kilómetros. Era un árbol joven, sin apenas hojas. Al cabo de nada apareció un camello y disputamos la sombra. Como yo no me iba, orinó sobre la rueda de mi bicicleta.
-La más surrealista...
-Una noche planté la tienda entre cabañas hechas con pedazos de chapa y plásticos, a la afueras de un pueblo, en el norte de Namibia. Mientras dormía, soñé que un elefante caminaba entre ellas. Al día siguiente vi cómo una manada de elefantes del Namib cruzaba un pueblo a escasos kilómetros de allí. Me quedé tres semanas observando los planes para crear vínculos positivos para ambas partes entre los elefantes, que viven en el desierto desde hace miles de años, y los nuevos colonos del territorio, que se dedican al pastoreo intensivo desde que tienen medios para extraer el agua de los ríos subterráneos.
-La más placentera...
-El silencio de una puesta de sol, en cualquier rincón del mundo, con la luna llena emergiendo al mismo tiempo sobre el otro extremo del horizonte.
-Y la más gratificante
-Una vez, en el Namib, pasé varias horas charlando a la sombra de un árbol con un joven. Nos rodeaban un montón de niños que escuchaban atentos. Me enseñaron a jugar a una especie de ajedrez en que las piezas eran piedras y el tablero se dibujaba en el suelo. Yo había visto ese tablero improvisado bajo otros árboles, días antes. Al irme, pensé en la suerte de los que saben vivir sin lo superfluo y los que saben esperar las respuestas.
-¿Cuáles los próximos retos?
-La aventura por cada desierto me llevaba entre dos y cuatro meses y algunos años pasé más de ocho meses lejos de casa. Tras cuatro años y medio de viajes casi seguidos, necesitaba un poco de calma para asimilar todo lo vivido. Ahora llevo casi dos años viviendo en Barcelona, muy feliz, descubriendo y explorando rincones más cercanos, pero empiezo a notar que mi cerebro pide nuevos caminos. Me gustaría encaminarme hacia Oriente, por lo que se conoce como Ruta de la Seda, o viajar por el continente americano, entre Alaska y Tierra del Fuego, pero tengo otros proyectos profesionales que también me apetecen muchísimo. También iré a la Titan Desert 2010, con Serafín Zubiri, en tandem adaptado, formando parte del equipo Camino de los Satélites, de la Fundación Tecnología Social. El año pasado ya conseguimos completar el recorrido, algo que nunca antes había logrado ningún tandem.
-Además de ofrecer charlas y proyecciones, ¿ha plasmado sus aventuras en alguna publicación?
-Hace tres años escribí el libro «7 desiertos con un par de ruedas», que está ahora disponible también en una nueva edición revisada en un formato más económico.
-¿Qué tienen en común todos los desiertos?
-Cada uno es diferente al resto, pero todos coinciden en la escasez de agua en la superficie, y en la actitud conservadora y austera en torno al uso de ese bien tran preciado por parte de sus habitantes.
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Atravesando la Patagonia en un momento de dificultad.

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