Bastantes caras de asombro entre los paseantes se vieron ayer a media mañana en el Peine del Viento cuando a lo lejos apareció la silueta de un grupo de chavales armados de tambores, entre los cuales se 'camuflaba' un hombre alto, vestido de negro, que se había atado un pañuelo azul al cuello, como un boy scout. Era el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, que quiso con este gesto acercar su labor pastoral a los niños de las catequesis, como uno más en esa marcha que culminó en el Seminario, donde se organizaron juegos y actividades solidarias.
El tiempo puso de su parte para amenizar el encuentro, organizado con motivo de la Infancia Misionera, una cita que la Iglesia prepara con el objetivo de acercar el espíritu de las Misiones a los más pequeños. Este año, el acto se reservaba un as en la manga, ya que para muchos de los fieles era la primera vez que conocían personalmente al nuevo obispo, tras la jubilación de Juan María Uriarte. Fue una especie de presentación en sociedad mucho menos encorsetada que su toma de posesión a principios de año en la catedral del Buen Pastor.
Munilla no defraudó a su público, a quien conquistó en cuanto cogió el micrófono que estaba preparado en las escaleras diseñadas por Peña Ganchegui. «Os voy a hacer una pregunta: ¿Jesús vivió en África? Seguro que me contestáis que no, pero yo diría que durante un tiempo sí estuvo allí, cuando huyó a Egipto», empezó el sacerdote, que ensalzó en su discurso la labor de los misioneros, especialmente los que están en África, continente elegido para el lema de este año.
«Este es nuestro característico Munilla», se oyó entre las filas de padres y catequistas que escucharon las palabras del obispo desde el pretil del paseo. Ana María Paredero se encontraba entre ellos. Catequista de la parroquia de los Pasionistas de Irun, acudió a la marcha con una docena de chavales. «Lo bueno de estos encuentros es que los niños ven que como ellos hay más chavales que acuden a la catequesis», explicó la mujer.
Había gentes de muchos parroquias guipuzcoanas. Casi un centenar de niños consiguieron reunir las tres parroquias de Hernani (San Antonio, San Juan Bautista y San José Obrero). Desde la parroquia de Urnieta acudieron una quincena. Y también quisieron mostrar su adhesión muchas familias, como la formada por Victor Manuel Álvarez de Eulate, Virginia Mullnay y su hija Lorena, de ocho años. «Es la primera vez que estamos con el nuevo obispo -comentaron-. Parece un hombre muy cercano, campechano y además euskaldun».