El impacto de la crisis en España será más duro y prolongado que en el resto de las 30 principales economías del mundo desarrollado, con la excepción de Irlanda, donde también causa estragos la escalada vertiginosa del paro. Ésta es una de las conclusiones del informe anual 'Objetivo Crecimiento', publicado ayer en París por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en el que se aprueba el aumento de los impuestos sobre el consumo e incluso se sugiere a EE UU la creación de un IVA.
El estudio, centrado esta vez en el impacto de una recesión sin precedentes, sitúa a Irlanda y España en los vagones de cola del tren de la recuperación cuando algunos países todavía no han salido del túnel de la crisis. La merma en el potencial de crecimiento a medio plazo de ambos países será del 11,8% y del 10,6%, respectivamente, frente a una caída media del 3,1% del producto interior bruto (PIB) en el conjunto de la OCDE.
También se colocan por encima del promedio países como Polonia (-4,5 puntos de PIB), Italia (-4,1 puntos), Alemania (-3,9), Holanda (-3,7), Bélgica (-3,7) y Grecia (-3,6%). Las economías relativamente menos afectadas serán las de Japón (-2,1 puntos de PIB), EE UU (-2,4), Canadá (-2,4), Nueva Zelanda (-2,4), Portugal (-2,7) y Reino Unido (-2,9). En el caso de los 'farolillos rojos', el empobrecimiento obedecerá esencialmente al fuerte aumento del paro.
El impacto de la crisis sobre el empleo recortará el PIB en 9,8 puntos en Irlanda y en 8,4 puntos en España, cuando la media ponderada en la OCDE será de 1,1 puntos.
Mercado laboral
En los dos países, el deterioro del mercado laboral conlleva una considerable reducción de la población activa como consecuencia del cambio de tendencia en la llegada de inmigrantes. El otro factor responsable del desplome en la capacidad de crecimiento económico será el aumento de los costes de capital. En esta variable, resultante de la crisis de confianza causada por el estallido de la burbuja del crédito que ha incrementado la percepción del riesgo, España (-2,1 puntos) e Irlanda (-2 puntos) se sitúan en la media de la OCDE (-2 puntos).
En tendencia general, los autores auguran que, «aunque la crisis dejará a los países de la OCDE más pobres de lo que hubieran sido, el crecimiento no debería verse afectado a largo plazo por la crisis». «La urgencia de reformas estructurales se ha reforzado por la crisis», enfatizan antes de insistir sobre la necesidad de la regulación de los mercados financiero, laboral y productivo.
El estudio, que también evalúa el grado de cumplimiento en cada país de las recomendaciones de la OCDE, indica que España no ha llevado a cabo suficientes reformas, en particular en la educación y en el mercado de trabajo. Sus consejos en el capítulo de las pensiones han quedado limitados a la reforma de 2007, que aumentó «modestamente» el periodo de cotización que da derecho a pensión.