Isnar, Ivete, Miriam, Oriana, Sergio y Leandro, miembros de un grupo de responsables de Centros de Formación Continua de Chile que estos días se encuentra en Elgoibar conociendo de primera mano el sistema de formación por competencias del Pais Vasco, se hallaban en Madrid cuando la tierra tembló en el país andino, pero la dimensión de la tragedia, que ya se ha cobrado la vida de más de 800 personas, les ha hecho vivirla como si hubieran estado situados en el mismo epicentro del terremoto.
Sergio fue el primero en percatarse de que algo no iba bien. «El sábado tenía que hacer unas gestiones a través de internet desde Madrid y de repente me encontré con que no había ningún servidor chileno activo. Busque información en la prensa digital de mi país y acceder a ningún diario. Al final, logré ver una noticia que hablaba de un terremoto de 8,8 grados y fue cuando me di cuenta de lo que había sucedido». Tras comentar la noticia con sus compañeros, la preocupación y la impotencia se adueñaron de grupo, más cuando se enteraron de que Concepción, la ciudad en la que residen, había sido una de las zonas más afectadas. «Tratamos de conectar con nuestras familia pero era imposible porque, según supimos después no había ni teléfono, ni internet, ni electricidad. Fueron días muy duros en lo que la única información que teníamos era la de la prensa y la televisión».
Después de cuatro días sin noticias, el miércoles lograron contactar por fin con sus familiares a través del correo electrónico. Luego llegaron las llamadas de teléfono y con ellas una cierta tranquilidad. «Nos dicen que todos están bien. No ha habido ningún fallecimiento en la familias de los que formamos el grupo, pero hasta que no estemos allí y lo veamos con nuestros propios ojos no estaremos tranquilos», señaló Leandro durante un alto en la visita que cursaron ayer al IMH.
Vuelta a casa
El terremoto y el posterior maremoto han hecho vivir a los chilenos situaciones francamente dramáticas. «Los relatos de nuestros familiares son sobrecogedores. Mi hermano, por ejemplo, vivió el terremoto en la planta 21 de un rascacielos, y afirma que el edificio oscilaba un metro de lado a lado», comentó Leandro. Afortunadamente, el edificio aguantó la sacudida, lo que no sucedió con otros muchos. «Se habla de las grandes ciudades, pero la mayor parte de las casas de los pueblos de interior son de adobe y en ellos la destrucción ha sido grande», cuenta Ivete, que ya sabe que su empresa ha quedado destruida tras el seísmo, al igual que ha sucedido con la casa de Miriam.
Al enterarse de la noticia, todos pensaron en volver y anular las visitas que tenían programadas en Madrid y el País Vasco, pero pronto se percataron de que no iba a ser nada fácil regresar ya que el terremoto también había afectado a los aeropuertos. A pesar de ello, Ivete tiene previsto volar hoy para reunirse con su hija en Santiago e iniciar desde allí un largo periplo hasta Concepción donde le espera su otra hija.
La capital chilena y Concepción, segunda ciudad del país con un importante cinturón industrial, están separadas por 530 kilómetros y, normalmente, el recorrido en autopista dura cinco horas. «Ahora se tardan no menos de quince horas. La autopista está muy afectada, con cortes y puente caídos que nos obligarán a atravesarlos a pie», manifestaron el resto de sus compañero, que tienen programado el vuelo de regreso, en principio, para el 9 de marzo, y que no dudaron en mostrar su agradacimiento hacia el IMH y el pueblo vasco por todo el apoyo que les han dado estos días.
De hecho, dentro de lo malo, se ha demostrado una vez más que el espíritu humano es muy fuerte. La tragedia une y así lo ha constatado este grupo de chilenos tras hablar con sus familias. «El país avanzaba hacia el individualismo a remolque del crecimiento económico que estábamos viviendo, pero la desgracia ha hecho aflorar la solidaridad. Gente que no se conocía, vecinos que no habían hablado nunca, ahora comen juntos, hacen una olla común, o se unen para defender sus viviendas y propiedades de los asaltos», señala Leandro, quien, al igual que sus compañeros ve con esperanza el futuro. «Mientras que la historia de Europa viene marcada por las guerras, Chile tiene a los terremotos como sus grandes hitos. En esta ocasión, además, partimos de un país que había avanzado mucho, que había alcanzado un buen nivel de vida, y los chilenos haremos todo lo que está en nuestra mano para recuperar lo antes posible las condiciones en las que vivíamos antes del terremoto».