Qué curioso resulta que Urgull albergue el mayor patrimonio histórico de la ciudad y que, al mismo tiempo, sea el gran desconocido de los donostiarras. Salvo sus habituales paseantes, la mayoría vecinos de la Parte Vieja que desde niños han sentido su valor como sitio de juego y aventuras, el resto nos acordamos de él en las regatas y poco más. Pero eso va a cambiar después de las obras de restauración que en los dos últimos años ha llevado a cabo el Ayuntamiento, a través del Departamento de Vías Públicas que encabeza Ana Rivilla, y que han dejado al descubierto parte del tesoro cultural que el crecimiento descontrolado de la vegetación había ocultado durante décadas y que incluye murallas, hornabeques, rebellines, polvorines, puestos avanzados de defensa, pasadizos, galerías... De hecho, la última restauración databa de 1963, coincidiendo con el 150 aniversario de la Batalla de San Sebastián que acabó con la quema de la ciudad.
Hoy, Urgull se presenta como un parque natural en el que los donostiarras podemos bucear en nuestro pasado. De la mano de Eduardo Satostegui, director de las obras de restauración y un enamorado de la historia, recorremos el monte de oeste a este. Accedemos por la terraza del Aquarium y lo primero que sorprende es ver cómo reluce la Muralla de Spanocchi, en el paseo de los Curas, aquélla que fue creada como defensa inferior del castillo en el siglo XVI para proteger a la población de las incursiones enemigas.
Subimos por la Batería de Las Damas -durante la ocupación francesa del castillo los franceses hacían sonar tres veces al día sus tambores para permitir que las 'damas' donostiarras pudieran ir a recoger agua a una fuente cercana- y vemos una fila de cañones antiguos que lucen como el primer día apuntando hacia Ondarreta. En este punto arranca una muralla desconocida hasta ahora, la de Villaturiel, descubierta por casualidad como apunta Satostegui. «Estaba oculta por la maleza y los árboles que crecían en él. Vimos unas piedras y al empezar a despejar la zona nos encontramos con la muralla, que después de consultar con planos antiguos, caímos que era la de Villaturiel. Va desde las Damas hasta el Mirador, como una segunda defensa inferior del castillo, aunque la mayor parte aún está enterrada».
Un poco más arriba nos recibe la plataforma de San Antonio, lustrosa cuando antes parecía un trozo de monte más. Es sobre la que se asienta el bar, antiguo polvorín en el que se ha descubierto un pasadizo de centinela que conducía a la torre de vigilancia anexa. Debajo del polvorín se ha hallado otra dependencia, pero la complejidad de la obra ha desaconsejado por el momento cualquier trabajo.
Continuamos por la Batería de Santiago y llegamos a la de Napoleón, ambas restauradas, donde se hallaba el polvorín moderno que fue dinamitado en el siglo XIX cuando Urgull perdió su carácter militar. En la cima, el Castillo de la Mota presenta una nueva imagen una vez restauradas sus murallas, el campanario, la explanada y sus fachadas, la capilla y el cuartel del siglo XVIII. Al pie de una de esas murallas, en la Plaza del Mirlo Blanco, se han descubierto restos de un bastión de lo que se cree fue la primitiva fortaleza de Urgull, que se encontraría bajo el castillo actual y que dataría del siglo XI, cuando el rey de Navarra Sancho Garcés III dio órdenes de convertir la torre de vigía del puerto de San Sebastián en castillo para proteger las mercancías de la amenaza francesa.
La Batería del Gobernador y la Plataforma de San Gregorio, también renovadas, nos indican la ruta hacia el Baluarte del Mirador. Aquí los trabajos han permitido descubrir una cañonera que estaba enterrada en la esquina sureste del mirador -donde se ancla el mástil de la ikurriña- y una galería de paso por debajo que era utilizada por los centinelas para vigilar la posible colocación de minas por parte de los zapadores atacantes. En una cota inferior se han hallado restos de un baluarte inferior mucho más antiguo, posiblemente del XVI, que habrá que explorar en el futuro. Y es que Urgull es un tesoro en bruto que encierra los secretos de nuestro pasado y que a medida que se van descubriendo, nos deja con la boca abierta.