Crear una red de apoyo para jóvenes no acompañados. Éste era uno de los objetivos prioritarios del local juvenil gestionado por la asociación Kolore Guztiak que abrió sus puertas hace seis meses en el Antiguo. Desde entonces, una media de diez jóvenes entre 18 y 23 años acude cada día a este local situado en Berio. El perfil mayoritario de sus usuarios es el de varones extranjeros procedentes de Marruecos, Pakistán, Somalia o Mali «que salen del centro de menores, no pueden entrar en un piso tutelado y viven en la calle», explica Sandra González, técnico del punto de encuentro. Su compañero Xabier incide en que el local «no es sólo para inmigrantes, sino que cualquiera se puede acercar hasta aquí», aunque lo cierto es que hasta la fecha sólo se han interesado por este local los chavales no autóctonos.
Tanto Xabier como Sara destacan la «buena acogida» que han recibido desde el primer día por parte de los vecinos y destacan la impagable labor de los voluntarios para hacer del punto de encuentro un lugar lleno de esperanza. «En cuanto abrimos las puertas, una vecina del barrio nos propuso colaborar con nosotros dando clases de castellano, otra mujer nos suele traer ropa», cuentan. Las clases de idiomas son uno de los principales atractivos de este local juvenil.
Cinco voluntarios son los encargados de impartir clases de castellano, euskera e inglés. Maialen y Garazi, estudiantes de Educación Social, son las profesoras de inglés. Llevan un mes como maestras y aseguran que la experiencia merece la pena. La idea de convertirse en voluntarias surgió en la universidad. «Nos vinieron a dar una charla desde la asociación Kolore Guztiak y nos hablaron del proyecto. Nos pareció buena idea ayudar en lo que pudiéramos y nos ofrecimos para dar clases de inglés», explican estas dos amigas. Una vez a la semana se trasladan desde Zarautz y Orio respectivamente para enseñar a sus jóvenes alumnos un idioma que ellas aún tratan de dominar. Pero eso es lo de menos. Lo importante es que durante esa hora, unos y otros intercambian sus propias experiencias. El número de alumnos varía según el día, pero por lo general oscilan entre cinco y diez. Mamadou es uno de los que no se pierde una lección. «Tiene muy buen nivel de inglés. Hay algunos que no saben ni una palabra ni de inglés ni de castellano. A veces resulta muy difícil entenderse, pero siempre lo acábamos consiguiendo», dice Garazi. Además, esta experiencia le ha servido tanto a ella como a Maialen para aprender nociones básicas de árabe. «Es complicadísimo», señalan.
Idiomas, fútbol, cine...
Además de los idiomas, el deporte tiene también un papel importante en la integración. De hecho, hace tres semanas comenzaron a disputar un torneo de fútbol en el que participan también otras asociaciones. «Siempre estamos pensando qué cosas nuevas podemos hacer», asegura Xabier. Ir al cine, a museos o de excursión son algunas otras actividades que piensan poner pronto en marcha y animan a los jóvenes donostiarras a que se unan a ellos. «Sería muy bueno que se produjera ese encuentro entre estos chavales y la gente de aquí», aseguran. Xabier y Sara están satisfechos con los pasos dados hasta la fecha, pero son conscientes de que aún queda mucho por hacer.