El título de este artículo de opinión se justifica porque en estas últimas semanas hay motivos evidentes de alarma ante unos cambios que están a punto de aprobarse en instancias superiores, en órganos de decisión públicos, entre las autoridades políticas, en nuestros gobernantes, que van a introducir modificaciones estructurales muy importantes en la formación de los pediatras, que sin duda repercutirán en la asistencia pediátrica. Y por tanto, en la salud y en la enfermedad de los niños y de los adolescentes.
¿Quién tiene que asistir a los niños en los Centros de Salud y en los Hospitales? ¿Quién tiene que velar por la salud infantil? ¿Quién tiene que curar las enfermedades de los niños? La respuesta a estas preguntas, obvias, sin duda, es aquel médico con una sólida formación pediátrica.
¿Cómo se alcanzan esos conocimientos? Hasta hoy, la respuesta ha sido la siguiente: finalizado el periodo de cualificación universitario, se forman en Pediatría tras un periodo de aprendizaje no inferior a 4 años. Este periodo es el conocido como formación M.I.R., donde los hospitales docentes, así reconocidos por el Ministerio de Educación y Ciencia, conducen las labores docentes, asistenciales y de investigación de los futuros especialistas en Pediatría.
El resultado de este proceso de especialización en Pediatría ha conducido a lograr unos objetivos en términos de salud y de enfermedad infantil, magníficos en cuanto a morbilidad y en mortalidad, superiores a países de nuestro entorno y con muy elevados grados de satisfacción por parte de la sociedad, de las familias y de nuestros propios niños y adolescentes.
La propia Sociedad reclama y exige a las autoridades que los niños sean tratados por especialistas en Pediatría en todos los niveles asistenciales, como son las Urgencias, los Centros de Salud y los Hospitales. Las enfermedades crónicas infantiles y sus asociaciones de padres y padres de niños afectos de las mismas, así lo entienden y luchan por corregir los déficits cuando los hay en cualquier punto de nuestra geografía, tanto en Euskadi como en el resto del Estado.
Pero hoy existe una alarma, ante una planificación diferente de lo reseñado con anterioridad, que consideramos los pediatras de suma gravedad. Los poderes públicos, sus organismos políticos, están decididos a modificar la enseñanza de la Pediatría, la especialidad en Pediatría, recortando el periodo de formación de los cuatros años actuales a dos o tres años.
¿Este cambio supone una mejoría para la infancia? La respuesta es rotundamente no. ¿Es posible recortar la formación como pediatras y lograr mejores especialistas? De nuevo la respuesta es rotundamente no.
¿Qué entraña este cambio formativo? Al lector no se le escapará que se pretende que los niños sean atendidos por médicos que, con una formación básica en Pediatría, asistan a adultos y a niños. Otras expectativas distintas no se nos alcanzan, sobre todo cuando no se explican.
El Sistema Público de Salud tendría que dar explicaciones al conjunto de la ciudadanía, que nos permitan comprender a todos que este cambio, radical en su contexto, mejorará la Salud Infantil.
Mientras tanto los pediatras estamos obligados a denunciar públicamente estas acciones, a mostrar nuestra total disconformidad con las mismas, en aras a la defensa de la salud de los niños. Y a mostrar también nuestro desacuerdo con las falta de especialidades pediátricas en Enfermería, otra cuestión olvidada por los responsables políticos.
Si la asistencia pediátrica actual se encamina a una limitación como la que se propone, que lo sepa la sociedad. Nosotros, como pediatras, tenemos el deber ético y profesional ante la sociedad de mostrar nuestro radical desacuerdo. Y así lo estamos realizando desde las asociaciones profesionales, como es la Asociación Española de Pediatría.
No defendemos posiciones de clase. Defendemos la salud y los derechos de los niños a ser atendidos por pediatras en los centros de salud y por pediatras con especialidades pediátricas en los hospitales. Este es nuestro compromiso y nuestra obligación como especialistas en Pediatría ¿Volvemos a los años 60? ¿Volverán los niños a ser atendidos por médicos sin formación o con una formación pediátrica limitada?
Eduardo González Pérez-Yarza