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La draga de Jaizkibel será restaurada, pero no volverá a navegar

PATRIMONIO

La draga de Jaizkibel será restaurada, pero no volverá a navegar

Autoridad Portuaria, Diputación y Gobierno Vasco han llegado a un acuerdo para financiar la restauración. Después de dos décadas de desencuentros, se recuperará la draga 'Jaizkibel', esencial en la historia del puerto de Pasajes

17.02.10 - 03:00 -
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Dieciocho años después de haber sido calificada como bien cultural con la categoría de Monumento, la draga 'Jaizkibel', una parte esencial de la historia del puerto de Pasajes y una embarcación muy singular por sus características, será por fin restaurada.
Restaurada «en la medida de lo posible», como matizó ayer el presidente de la Autoridad Portuaria de Pasajes, Miguel Buen, en la presentación del acuerdo que han alcanzado el organismo que preside y los departamentos de Cultura de la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Gobierno Vasco para financiar la recuperación de una nave que ha permanecido prácticamente abandonada desde que, tras medio siglo de vida útil, dejó de prestar sus servicios en 1984 y que, en consecuencia, ha experimentado un severo deterioro.
Las secuelas que ha dejado el paso del tiempo son evidentes para cualquiera que se acerque al antiguo astillero Azkorreta, en la cala de Ondartxo, en el paseo que va de Pasai San Pedro a Puntas, donde lo que queda de la draga ha pasado los últimos años y donde, una vez restaurada, podrá ser visitada.
Para siempre en dique seco
Y es que la draga 'Jaizkibel' ya no volverá a navegar, y seguirá varada a perpetuidad en Ondartxo. Básicamente, porque los estragos que ha causado el paso del tiempo no permitirán que se reflote ni que se reincorporen a la nave los motores que fueron extraídos del interior de la misma cuando, tras pasar muchos años flotando y oxidándose ociosa, fue llevada al dique seco en el que permanecerá. Los motores, por cierto, se conservan en almacenes de la Diputación, y aunque no volverán a propulsar la draga no se descarta que en el futuro puedan incorporarse a algún espacio relacionado con su historia.
Pero los motores no han sido el único componente que ha perdido por el camino la draga 'Jaizkibel'. A fin de que una nave en estado muy precario que amenazaba con hundirse y plantear serios problemas al tráfico portuario pudiera realizar, aunque fuera remolcada, su último viaje, tuvo que soltar lastre y se le retiraron también las grandes ruedas que transmitían el necesario movimiento a la cadena o rosario de cangilones -unas cazoletas de acero provistas de agujeros para eliminar el agua- que constituían el mecanismo que permitía a la draga cumplir su función: limpiar el fondo del puerto para que la navegación se desarrollara en las mejores condiciones.
Recolocar las dos grandes ruedas de 22 toneladas de peso que han estado tiradas en un solar de La Herrera y el rosario de cangilones será la primera tarea de recuperación, que se abordará con carácter inmediato. Después se reparará la zona metálica, se saneará la pintura, se tratarán las partes de madera y, finalmente, se le dará el tratamiento necesario para que resista los embates del mar y el viento, que en la que será su unicación definitiva no son precisamente benignos. Los trabajos de recuperación incluirán el sellado de la cubierta de manera que el interior del casco sea inaccesible. «La única zona que podrá visitarse será la cubierta -adelantó Miguel Buen-, y eso también se hará con prudencia y en grupos no muy grandes, porque no podemos olvidar que, tal como está ahora, la cubierta se encuentra a unos diez metros de altura». Aunque no se pueden descartar las sorpresas, se prevé que la restauración haya concluido en unos cinco meses. La draga, sin embargo, seguirá incompleta, ya que la grúa con la que se subían los cangilones -en la foto antigua se distingue perfectamente- se da por desaparecida . «La hemos buscado, pero nos ha resultado imposible encontrarla», reconoció Buen.
Intereses encontrados
«La gente piensa que la protección del patrimonio es algo que está entre lo lírico y lo inocuo, y no es nada de eso», apuntó ayer el viceconsejero de Cultura, Antonio Rivera. La historia de la draga 'Jaizkibel' es, de hecho, uno de los mejores ejemplos de que la protección del patrimonio dista de ser una actividad con consecuencias más prácticas que líricas que, con frecuencia, concita intereses encontrados.
En el caso de la draga 'Jaizkibel', su interés como pieza del patrimonio marino y del patrimonio industrial resulta innegable, y está sobradamente documentado en los informes que avalaron su conversión en Monumento y la protección que se derivaba de dicha calificación. Construida en los legendarios astilleros Euskalduna de Bilbao, es una de las pocas dragas de su tipo que ha sobrevivido al desguace; en todo el litoral Cantábrico sólo existen dos. La peculiaridad de la 'Jaizkibel' proviene, por una parte, del sistema 'de rosario' que utilizaba para desplegar una capacidad de dragado de 300 metros cúbicos por hora. Con más de 60 metros de eslora y 10 de manga, la 'Jaizkibel' estaba dotada de un rosario o escala que soportaba una cadena sin fin portadora de cangilones Por razones evidentes -la nave nunca volverá al agua- la cadena de cangilones sólo se recuperará hasta la cota de la cubierta.
Otra de sus peculiaridades radica en el modo en que están ensambladas las chapas de acero que componen el casco, mediante uniones roblonadas o remachadas, sin concurso alguno de la soldadura, recordando cómo se hacían las cosas en la época.
En esas y otras cuestiones radicaba el interés cultural de la draga 'Jaizkibel', pero la resolución que la calificaba de Monumento -de 27 de octubre de 1992- no fue suficiente para despertar el interés necesario por su protección. «Mejor lo dejamos», respondió Miguel Buen cuando fue preguntado acerca de las razones por las que han pasado tantos años antes de que, por fín, a la draga 'Jaizkibel' -a lo que queda de ella- le haya llegado la hora de que se haga efectiva la protección que merece. No obstante, respondió a la pregunta y, tras recordar algunas de las alternativas que se plantearon en su día, como la posibilidad de prolongar su vida útil en algún otro lugar, reconoció que el dinero que requería la intervención había sido el obstáculo fundamental, hasta que las instituciones se han mostrado dispuestas a echar una mano.
«No me pregunten de quién ha sido la responsabilidad», señaló, en referencia a una pregunta que planeó en el ambiente pero nadie planteó abiertamente porque, como apuntaron también María Jesús Aranburu y Antonio Rivera, lo que importa no es cómo empiezan las historias, sino cómo terminan. Y esta, aunque sea por los pelos, ha terminado bien.
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Financiadores. Antonio Rivera, María Jesús Aranburu y Miguel Buen. :: LUSA

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A la espera. La draga lleva años en el antiguo astillero Azkorreta . :: LUSA

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Recreación. Éste es el aspecto que tendrá la embarcación cuando, dentro de unos meses, hayan terminado los trabajos de restauración. :: AUTORIDAD PORTUARIA

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