El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, acudió ayer al Senado para insuflar ánimos y optimismo a los alicaídos diputados y senadores socialistas después de una semana negra en la que el Ejecutivo y el PSOE fueron castigados por los malos datos económicos, por los pronósticos de los analistas internacionales, por las caídas en los mercados financieros y por las encuestas de intención de voto. En un gesto que no repetía desde el comienzo de la legislatura, reunió a los dos grupos parlamentarios al comienzo del nuevo curso político. El jefe del Ejecutivo agradeció a sus parlamentarios el respaldo y la confianza, pero también reclamó «tenacidad y trabajo» y sobre todo «temple» para aguantar las embestidas que aún darán la crisis económica y el PP.
Al parecer, y como ocurrió en la reunión del comité federal del PSOE del pasado 30 de enero, logró su objetivo, puesto que la reunión, a la que no faltó nadie, terminó con un claro cierre de filas de los parlamentarios, aliviados por la «seguridad» y «confianza» que percibieron en su líder. El presidente abandonó el salón contento, y se despidió de sus compañeros con un «agradezco infinitamente el apoyo que me dais».
Zapatero, en un largo discurso que repasó todas las actuaciones puestas en marcha para paliar la crisis y desgranó las reformas que va a emprender, aseguró a los parlamentarios que, pese al notable desgaste político que reflejan las encuestas, el proyecto socialista es «fuerte, sólido y con mucho respaldo social», y garantizó que el Gobierno tiene un plan de salida de la crisis, «un horizonte claro».
Sin cambio de rumbo
El presidente dijo tener «la certidumbre» de que este mismo año se va a ver la recuperación económica -para la del empleo no dio fecha-, que «va ser sólida», y se logrará con la ayuda de los empresarios, sindicatos y con la de todas las fuerzas políticas que quieran colaborar.
A pesar del optimismo mostrado ayer por Zapatero, al Gobierno le espera un invierno 'caliente' en el Congreso. Ayer, en la primera sesión plenaria de 2010, el PP ganó dos votaciones al PSOE. La primera, una exhortación de la cámara al jefe del Ejecutivo para que suprima altos cargos y ministerios; y en la segunda, el grupo gubernamental para disfrazar el revés se sumo a la mayoría y los socialistas apoyaron una iniciativa, también de los populares, para permitir, mediante la modificación de una ley, que los autónomos y pequeños y medianos empresarios no paguen el IVA de las facturas que no hayan cobrado. Un leve, pero previsto varapalo para el Gobierno. Tal vez por ello, sólo acudieron a las votaciones dos miembros del Ejecutivo: la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y el ministro de Fomento, José Blanco.
Las manos tendidas no son cheques en blanco. Así lo demostró ayer CiU que compatibilizó su propuesta de pacto de Estado anticrisis con el Ejecutivo y el apoyo al PP para sacar adelante la primera proposición. Los portavoces de CiU, PNV, ERC y UPyD mostraron su disconformidad por el tono que empleó el diputado del PP, Rafael Merino, a la hora de plantear la necesidad de que el Gobierno dé ejemplo de austeridad y reduzca un 25% los altos cargos de la administración. Convirtió su intervención en una especie de regreso al pasado. Soltó en el hemiciclo un «váyanse señores socialistas, váyanse», que recordó al latigazo de verbal de José María Aznar, como jefe de la oposición, cuando en un debate sobre el estado de la nación pronunció «váyase señor González, váyase».